Hijas secuestradas en París en nombre del islam
En enero pasado, un musulmán marroquí fue condenado por haber mantenido encerradas a sus cuatro hijas durante años, hasta el punto de no permitirles salir a la calle. La pena ascendió a sólo seis meses porque los jueces le condenaron sólo por haber impedido a sus hijas ir al colegio, no por secuestro.
El hombre, residente en Francia, encerró a su mujer y a sus cuatro hijas alegando motivos religiosos. Las niñas, que no podían ir a la escuela, han pedido una cosa tras ser liberadas: correr por el parque. Al padre, marroquí y musulmán ferviente, sólo le han caído diez meses de cárcel.
El hombre tenía a sus hijas, de edades comprendidas entre los 4 y los 14 años, tenía a su familia recluida en su casa, sin poder ir a la escuela ni tener contactos con terceras personas, todo ello en nombre de su religión musulmana.
(…) no ha acudido a la lectura de la sentencia, como tampoco asistió al juicio desde que vio que tanto la juez, como la fiscal y la secretaria judicial eran mujeres.
Las cuatro hijas, nacidas todas en Francia y que tienen ahora 4, 10, 13 y 14 años, han vivido toda su infancia sin apenas salir del piso familiar del barrio popular de la Monnaie de la localidad de Romans-sur-Isere, al sureste. No pudieron ir nunca al colegio, no aprendieron francés -sólo hablaban en árabe- no tuvieron juguetes, ni pudieron leer libros aparte de manuales religiosos y sólo salían a los bajos de su edificio y siempre acompañadas.
El padre, un marroquí en paro, ha justificado su actitud porque no quería que fuesen sin velo al colegio y porque, a su juicio, nadie más que él les podía darles una “educación decente”. El caso es que fue su madre quien les enseñó a leer utilizando los únicos libros que tenía en la casa: el Corán y unos manuales religiosos.