Erdogan, ese “moderado”.

Como en el caso de Izetbegovic, tenemos en Erdogan a una islamista radical que nos venden insistentemente como “moderado”:

De este modo, el periodista turco Yasemin Congar escribió en el periódico Milliyet que la Administración norteamericana apoya al primer ministro Erdogan y el AKP. Erdogan adquirió prominencia internacional en 1994 cuando se convirtió en el alcalde de Estambul. Él se ganó una notable reputación debido a su gestión limpia, eficiente y competente de los asuntos de la ciudad. El AKP consiguió una amplia victoria en las elecciones generales de noviembre de 2002, consiguiendo el 34% de los votos a nivel nacional y obteniendo una mayoría de 363 escaños.

 

Mientras Erdogan y otros líderes del AKP muestran de manera firme sus convicciones religiosas privadas, abogan en favor de un estado laico en el sentido occidental del término. “Antes de cualquier otra cosa, soy musulmán… Tengo una responsabilidad ante Dios, que me creó, y trato de actuar conforme a esta responsabilidad, pero estoy intentando mantenerla fuera de mi vida política, en un ámbito meramente privado,” manifestó Erdogan en una ocasión al New York Times. “Un partido político no puede tener una religión, sólo los individuos pueden… la religión es tan suprema que no debe ser explotada políticamente,” explicó.

Incluso paladín de la democracia:

Turquía desafía los clichés. En los últimos cinco años, el Gobierno islamista no sólo ha demostrado que su relación con la religión es similar a la de una democracia cristiana, un referente y no un fanatismo, también ha hecho más por la modernización y la democratización de Turquía que ninguno de los Gobiernos militares que le han precedido.

 

Ha estabilizado la economía, ha controlado la inflación y ha alcanzado casi todas las marcas que le impuso la Unión Europea para una integración que ahora parece que no va a producirse.


 

Comprensiblemente, todo esto ha puesto nerviosos a los nacionalistas, que ven cómo los turcos se van acostumbrando a la democracia.

Es obvio que se ha dado cuenta de que cuenta con la demografía para imponer su democracia, es decir, la Saría. Para quien quiera saber lo que realmente piensa Erdogan solo tiene que leer este artículo del MEMRI:

«Ahora, esta constitución está llena de brechas y agujeros. Como un trapo con parches. El otro día los periodistas me preguntaron que es lo pienso sobre esta [constitución]. Yo dije, Mire, qué es lo que dicen? Que la soberanía le pertenece incondicionalmente al Pueblo. Ustedes deben pensar bien. Cuándo es que [la soberanía le pertenece al pueblo]? es sólo cuándo van a las urnas [cada cinco años] que la soberanía le pertenece al pueblo. Pero ambos materialmente, y en esencia, la soberanía le pertenece incondicionalmente y siempre a Alá!»

¡Todo el poder para los Soviets, digo para Alá! En otros tiempos se habló de “democracias populares”, ahora amenazan con la “democracia islámica”.

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