Paul Johnson: Una historia de los judíos. Griegos y judíos. “Choque de literaturas” en el mundo grecorromano

Paul Johnson, una historia de los judíos

Como dijimos antes, el problema de los romanos con los judíos se debió a la incompatibilidad intelectual del mundo romano y griego con el judío, lo que llevó a un choque de civilizaciones. El resultado fue el cristianismo, un judaísmo universalista que se expandió por el mundo antiguo transformándolo (p. 119).

Se trata de un “choque de literaturas”. Johnson dice que, frente a la literatura griega, que era una guía para la virtud, para el decoro y que contenía un pensamiento que llevaba a una sabiduría contemplativa (esto lo añado yo), la literatura hebrea era propagandística, polémica, xenófoba y enaltecía el martirio. No hace falta mostrar las similitudes de con el actual choque de civilizaciones. Y no es de extrañar, el Islam ha recogido lo arcaico y negativo del judaísmo, la cristiandad tomó lo mejor y lo aplicó a la cultura grecorromana (p. 120).

En el judaísmo, el declinar de la profecía fue compensado con la literatura “apocalíptica”. Apocalipsis significa revelación y hace referencia al futuro, al “fin de los tiempos”, o como se dice ahora la “fin de la historia”. De nuevo, es este un concepto judío, heredado por la cristiandad, de la que ha pasado a la filosofía de la historia secular (Hegel). La llegada del fin de los tiempos –del Reino de Dios- se produciría tras una revolución (vemos de paso que el marxismo –el delirio de un judío secular- es más viejo que la pana que visten sus acólitos) (p.121).

Esta literatura era entendida de muchas maneras. Para algunos se trataba de un reino aquí en la tierra, para otros de una vida futura. A este respecto hay que tener en cuenta que el Antiguo Testamento no habla de la inmortalidad personal, una idea que surge en Egipto, pero que las escrituras judías no recogen. Los saduceos negaban la inmortalidad, los fariseos creían en ella. Es natural que el fariseísmo –sin connotaciones de hipocresía que tiene hoy- se difundiera entre las clases bajas, los saduceos eran gente acomodada. Los fariseos consideraban que el reino de Dios nunca se establecería en este mundo. Es la misma idea que ha seguido S. Agustín con La Ciudad de Dios y la tradición católica: el mal –y por tanto la coerción y el Estado- nunca desaparecerá (p. 121-2).

Sin embargo, otros creían en que el reino de Dios llegaría a la historia y trabajaban por ello. El resultado, como siempre que se ha intentando (socialismo…) ha acabado en desastre. Por cierto, también los mahometanos consideran que cuando el Islam domine políticamente el mundo llegará el fin de los tiempos.

Entre los grupos judíos más violentos estaban los Sicarios. Es curioso que la palabra sicario proceda de unos terroristas judíos y que la palabra asesino proceda de otros terroristas musulmanes. Los sicarios eran en brazo armado de los celotes, también violentos. Frente a ellos estaban los “judíos moderados”, saduceos, fariseos y esenios, aunque la línea entre moderados y terroristas era fácil de pasar ¿os suena?(p. 122).

Lo esenioseran sectas fundamentalistas, instaladas al borde del desierto. Eran varias, aunque reciban el nombre genérico de esenios. Excavaciones del siglo pasado ponen de manifiesto la importancia que la escritura tenía para estos grupos así como “la forma en que la literatura puede fomentar la violencia”. Huelga mencionar que esto es aplicable al Islam, y van tres (p. 123).

En este ambiente se extendió la idea de la llegada del Mesías, según la creencia de que un descendiente del rey David reinaría en Israel al final de los tiempos. Surgieron varios (y surgirían posteriormente en la historia judía). El más relevante históricamente sería Jesús de Nazaret, el Cristo (p. 125).

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