El otro día estaba tan deprimido que llamé al Teléfono de la Esperanza. Lo lleva un centro de llamadas de paquistaní. Les comenté que tengo pensamientos recurrentes de suicidio. Se armó un tremendo revuelo, empezaron a discutir con ellos y a final pasaron la llamada al jefe.
Después de un rato de conversación me preguntó si tengo carné para conducir camiones.






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