La carrera de un burócrata progre, incompetente, corrupto, malversador de fondos y, por supuesto, proislámico

Empezó en un inofensivo Ministerio de Agricultura, donde llegó hasta secretario. La comisión parlamentaria que investigó un negocio paralelo que llevaba calificó su gestión de ineficiente, opaca y autocrática. Le echaron un rapapolvos y le dieron otro empleo: director de la Oficina de Desempleo. Para empezar. se gastó 3 millones en decorar la oficina; maderas nobles, piedra tallada… Se produjo otro escándalo que le llevó al puesto rimbombante de «Coordinador Nacional para el Control del Terrorismo».

Su cometido es coordinar las distintas agencias gubernamentales de la lucha contra el terrorismo. Se trata de un puesto en que se espera que no haga casi nada; tiene poco presupuesto, poco personal. Una de las primeras iniciativas es llamar a Geert Wilders -un parlamentario, un representante de la soberanía nacional- para decirle que se calle. Esto le asegura un mes de titulares y entrevistas.

La foto es muy graciosa. El cartel dice:
«Si ves algo sopechoso, avísanos».

En esa situación encarga un estudio sobre el terrorismo. ¿Para qué sirven entonces los servicios de información de la policía?. Para combatirlo, pero hay que «ir a las causas», así que encargó un estudio a la universidad, al departamento de antropología de la universidad; a los que estudiaban las tribus en taparrabos, cuando aún las había. Visitas a las mezquitas, entrevistas a los imanes… Nada nuevo, como en el chiste: «Esconded las televisiones, que vienen los antropólogos…»

El resultado estaba contado: El Islam no es un problema, de hecho significa paz, los musulmanes son gente pacífica, se llaman hermanos unos a otros. El problema son los xenófobos, como Geert Wilders… ¿A qué me suena esto?

Léelo entero: Setting Up Your Very Own Secret Service

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