Viaje de Turquía, de Pedro de Urdemalas (1). Arranca la narración

Viaje de Turquía, Pedro de Urdemalas
Viaje de Turquía, Pedro de Urdemalas

Tengo el placer de presentar en esta ocasión un curioso descubrimiento: el Viaje de Turquía, de Pedro de Urdemalas (seudónimo). No se conoce a ciencia cierta el autor, aunque la edición que he leído, de la colección Letras Hispánicas de Cátedra (los clásicos de cubierta negra) a cargo de Fernando García Salinero, propone que se trata de Juan de Ulloa Pereira. La obra no se publicó, sino que se mantuvo en manuscritos hasta el s. XVIII.

Se trata de la narración de las vicisitudes de un cautivo (Pedro de Urdemalas) que tras una estancia «cultural» en la Constantinopla turca, logra escapar. Urdemalas cuenta estas andanzas a dos eclesiásticos antiguos conocidos suyos llamados Juan de Votoadios y Matalascallando. Toda la narración es diálogo, muy sabroso, como os habrá hecho suponer los nombres chuscos de los protagonistas.

Os recomiendo encarecidamente esta obra. La podéis encontrar gratis et amore en versión electrónica, pero habida cuenta de que se utiliza un castellano antiguo os recomiendo la versión impresa citada, con esclarecedoras notas a pie de página.

Como acostumbro en las reseñas. Os traigo citas con comentarios míos. La paginación es la correspondiente a la edición mencionada.

* * * * *

El libro empieza con una disquisición sobre los peregrinos a Santiago, entre los que había muchos «vagos y maleantes», para usar una expresión de la famosa ley de la II República, la de los «trabajadores». Las peregrinaciones, romerías y demás desplazamientos a basílicas y a lugares señalados, generalmente al sepulcro de apóstoles, santos, etc., son un costumbre católica muy propicia para recaudación de limosnas, jolgorios y actividades lúdicas vistas con muy malos ojos por los herejes luteranos, calvinistas, y otros estreñidos:

p. 101:

JUAN.-Mirad aquel otro bellaco tullido qué regocijado va en su caballo y qué gordo le leba el bellaco; y esta fiesta pasada, quando andaba por las calles a gatas, qué bodes tan dolorosas y qué lamentaciones haz. El intento del ospital de Granada que hago es por meter todos éstos y que no salgan de allí y que se les den sus rabioles. Para éstos son propios los ospitales y no los habían de dexar salir dellos sino como casa por cárcel, dándoles sus rabioles suficientes como se pudiesen sustenta.

MATA.-Si eso ansí fuese, presto habría pocos pobres ablegados.

JUAN.-Claro es que no quedaría ninguno.

MATA.-No lo digo por eso, sino porque en viéndose enzerrados, todos se ahorcarían y buscarían maneras cómo se matar. ¿Luego pensáis que los más si quisiesen no tenían sanas las llagas?

En efecto, esto era muy propio de los reformados, prohibir la mendicidad y meter a los pobres en cintura en instituciones municipales.

p.103:

MATA.- (….); y estos otros bordoneros, ¿pensáis que en las aldeas no saben zebar las gallinas con el pan del zurrón y tomarles la cabeza debaxo el pie? Bien podéis creer que no se dexan morir de hambre, ni se cansan de las jornadas muy largas; no hay despensa de señor mejor probeída que su zurrón, ni se come pan con mayor libertad en el mundo; no dexan, como los más son gascones y gabachos, si topan alguna cosa a mal recado, ponerla en cobro, quanto entran en las casas a pedir limosna, y quanto buelven a sus tierras no van tan pobres que les falten seis piezas de oro y mantenidos

JUAN.-Gran devoçión tienen todas estas naçiones estrangeras; bien en cargo les es Santiago.

MATA.-Más que a los españoles, principalmente a los vezinos de Orense y toda Galiçia, que en verdad que tengo por cierto que de mill ánimas no va allá una, ni aun creo que de diez mill.

Hay en estos capítulos iniciales una crítica de la piedad y del clero católicos que se supone son la razón por la que el autor escribe la obra anónimamente.

La narración entra en harina a partir del capítulo IV, que narra el apresamiento de Pedro. Para otro día.

3 Comentarios

  1. «,,,Pedro de Urdemalas…»

    ¿Has leído «Corsarios de Levante» de Pérez-Reverte? Antes metía mercancía averiada progre de tapadillo, ahora ya la mete abiertamente, no se corta un pelo. Sin embargo sigue mereciendo la pena, aunque cada vez cuesta más aguantar las gambas rancias que mete en la paella. A lo que voy: de ahí saca el nombre para el capitán de la galera en la que sirven los protagonistas.

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