ACCIÓN SITA #8: Carta al alcalde y vecinos de La Vall d’Uixó informándoles sobre lo que es una mezquita y las implicaciones que tiene para la convivencia

eguimos con las acciones SITA contra la islamización, apúntate y participa. Es muy fácil. La mies es mucha y los operarios… de momento yo solo. Si tienes un blog y te animas ayudarme, aquí tienes las instrucciones para organizar una acción SITA. Son realmente muy simples.

Aun si no las organizas, puedes participar enviando los correos. Deja un comentario con la dirección de correo a la que quieres que te envíe la lista de destinatarios.

La acción que te propongo aquí tiene como objetivo advertir al alcalde y algunos vecinos de los problemas que conlleva tener una mezquita cerca.

Si alguien de La Vall d’Uixó nos pudiera poner en contacto con alguna asociación se lo agradecería.

* * * * *

ASUNTO: En relación con la mezquita proyectada. Problemas que trae una mezquita cercana

Estimada alcaldesa, estimados vecinos,

He leído en la prensa diversas informaciones sobre las obras ilegales de acondicionamiento de un «centro cultural islámico», es decir de un «mezquita».

Me permito informarles de que, tras la instalación de una mezquita, deben esperar ustedes diversos problemas. Para empezar, se producirán aglomeraciones los viernes y las fiestas musulmanas, con los correspondientes problemas de ruido, de tráfico y de aparcamiento. Si además -espero no autorizen- se produjeran llamadas a la oración, tendrían ustedes que escuchar alaridos (literalmente) cinco veces al día durante los siete días de la semana, tendrían que soportar ustedes cosas como esta que ya tiene lugar en Granada. Tras la instalación de la mezquita deben esperar que en el barrio empiecen a surgir negocios como bazares de baratillo y carnicerías «halal». Esto producirá el cierre de los negocios tradicionales y una bajada de los alquileres de los mercados comerciales. Posteriormente, los musulmanes empezarán a alquilar pisos y apartamentos en el barrio, lo que hará que baje el valor de los pisos igualmente, en algunos casos hasta hundirlos.

Hay razones económicas suficientes para rechazar la construcción de una mezquita en un barrio tradicional, aparte de eso, me gustaría hacerles saber lo que una mezquita es realmente desde el punto de vista religioso. Una mezquita no es un sitio de oración más como puede serlo una iglesia católica, un templo cristiano o una sinagoga judía, sino el centro de poder alternativo de una comunidad que se niega a integrarse. A continuación se lo cuento en más detalle.

La mezquita no solo es lugar de oración, sino, y principalmente, lugar donde se discuten, se toman y se imponen las consignas sociales y políticas a los «creyentes» musulmanes, que antes que sentirse miembros de la sociedad del país que les acoge son seguidores de un credo opuesto a los valores de las sociedades occidentales.

En la tradición musulmana, la mezquita (giâmi) es el lugar donde se reune la comunidad (como indica el nombre de giâmi, la raiz gm´ significa reunir) para arreglar todos sus asuntos: cuestiones sociales, culturales, políticas, como también para rezar. Todas las decisiones de la comunidad se toman en la mezquita. Querer limitar la mezquita a «un lugar de oración» es violar la tradición musulmana.

El viernes (yawm al-giumu´ ah) es el día en el que la comunidad se reune (como indica el nombre giumu´ ha). Se reúne a mediodía para la oración pública seguida por la kutbah, esto es, por el discurso, que no es un pregón. Este discurso trata las cuestiones de la hora presente: políticas, sociales, morales, etc.. En muchos países musulmanes – por ejemplo en Egipto, el más poblado país musulmán árabe – todas las mezquitas son vigiladas los viernes, y las más importantes, acordonadas por la policía especial. La razón es sencilla: las decisiones políticas salen de la mezquita durante la khutbah del viernes.

En la historia musulmana, casi todas las revoluciones y los levantamientos populares salieron de las mezquitas. La Jihâd, esto es, «la guerra en el camino de Dios», obligación de todo musulmán de defender la comunidad, es proclamada siempre en la mezquita, en la khutbah del viernes.

Es por lo tanto un error, hablando de la mezquita, hablar únicamente de un «lugar de culto». Como también es un error, hablando de la libertad de construir mezquitas, hacerlo en nombre de la libertad religiosa, en tanto que no se trata solamente de un lugar religioso, sino de una realidad polifacética (religiosa, cultural, social, política, etc.).

No se debe olvidar que el lugar dedicado a la oración del viernes es considerado por los musulmanes espacio sagrado que queda para siempre en manos de la comunidad, la cual decide quién tiene la facultad de ser admitido y quién en cambio lo profanaría. Por esta razón no se puede otorgar un terreno, por ejemplo por 50 años, para edificar una mezquita: este terreno jamás podrá ser devuelto.

Existen a menudo en los países musulmanes, en las ciudades, pequeñas «lugares de oración», llamados por lo general musallâ, esto es, lugares de oración. Son como «capillas» con capacidad para unas cincuenta personas ubicadas a menudo en la planta baja de una casa, en lugar de las viviendas.

Estos lugares, más discretos, son generalmente utilizados casi exclusivamente para la oración del mediodía, permitiendo a la gente de la calle o de los edificios cercanos rezar en paz.

Las mezquitas tienen normalmente un minarete desde donde el almuecín llama a la oración. Estos minaretes tienen una función práctica y son ligeramente más altos de las casas que los rodean. En la historia asumieron a veces una función simbólica, de afirmación de la presencia musulmana, e incluso una función política de afirmación de la superioridad del Islam sobre las demás religiones. Su objetivo primordial es permitir a la voz humana llegar a quien vive cerca.

En este siglo, se añadieron a menudo megáfonos en los minaretes (sobre todo si cerca hay una iglesia o un barrio cristiano), y los almuecines añadieron también otras cosas a la llamada a la oración prolongándola.

Finalmente hay que preguntarse quien financia mezquitas y centros islámicos. No es un secreto para nadie que gran parte de las mezquitas y centros islámicos de Europa son financiados por gobiernos foráneos, en especial por Arabia Saudí, que también impone a sus imanes.

Es de sobra conocido que, en el mundo islámico sunita Arabia, Saudí representa la tendencia más rígida, denominada wahhabita. No son éstos imanes los que podrán ayudar a los inmigrantes a integrarse en la sociedad occidental, ni a asumir la modernidad, condiciones necesarias para una convivencia serena con los autóctonos.

La mezquita, en tanto que centro socio-político-cultural musulmán, no puede entrar en la categoría de lugares de culto. Necesita ser examinada como tal. A la pública administración compete estudiar cómo ejercer un cierto control sobre tales centros, vista la función política que asumieron en la tradición islámica.

Las mezquitas son también el lugar de adoctrinamiento de los niños en ese odio a «los infieles» que les lleva a convertirse en futuros jihadistas. Este es un detalle importante: no hay mezquitas sin madrasa. Abusando de nuestra credulidad, se llama a las madrasas escuelas coránicas o escuelas de árabe, o centros de apoyo escolar. Sin embargo, las madrasas utilizan un sólo libro: el Corán. ¡Imaginemos qué protestas habría si el único libro para el estudio del español fuera la Biblia u otro texto religioso!

LES RUEGO POR TODO ELLO QUE RECONSIDEREN SU DECISIÓN DE ACONDICIONAR UNA MEZQUITA EN SU BARRIO, por las graves perjuicios que ocasionará a sus vecinos.

Atentamente les saluda.

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PS: Les invito en general a leer ¡Viva el Corán! (Es la mejor arma contra el Islam), que pueden bajar aquí: viva-el-coran.pdf.

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