Ante el segundo centenario de la independencia de la América hispana (II) Entre la leyenda negra y la dorada

Os dejo este artículo (Entre la leyenda negra y la dorada) que trata un tema del que hemos discutido mucho con los que fueron españoles del «otro hemisferio» en su día.  Unos estractos

JOSÉ ANTONIO NAVARRO GISBERT

España fue la primera gran nación que produjo en su seno escrupulosos juicios y críticas a su obra magna: la conquista del Nuevo Mundo, realizada por sus hombres. …

Vitoria, en su obra De Indis sostuvo que los indios no son seres inferiores, sino poseedores de iguales derechos que cualquier ser humano y son propietarios de sus tierras y bienes. Con este planteamiento nació el Derecho de Gentes, el Derecho Internacional moderno, que pasó a definir las relaciones entre los imperios europeos y los pueblos del llamado Nuevo Mundo. Tanto las ideas de Francisco de Vitoria como las de Bartolomé de las Casas fueron atendidas en las Cortes de Castilla y en 1542 se promulgaron las Leyes Nuevas de Indias, un corpus que ponía a los indios bajo la protección de la Corona. Se culminaba así la recriminación que Isabel la Católica había hecho a Colón cuando a la presentación de aborígenes de las tierras recién descubiertas como esclavos, le increpó: ¿Y quién es el almirante para hacer esclavos de mis vasallos?

… resulta esclarecedora la opinión de Arturo Uslar Pietri sobre el particular: «Los conflictos de conciencia que atormentaron a España en el proceso de conquista no eran hipocresía, eran problemas reales, y lo eran por esta razón fundamental: porque los que gobernaban a España, los Reyes y sus consejeros, eran espíritus profundamente religiosos y para ellos no se trataba de infringir o de no infringir una ley escrita sino de algo mucho más grave, como era salvarse o condenarse. Para un descreído este problema no se plantea, incluso podría pensar que era pura hipocresía el que aquella gente pretendiera ocuparse de ello, pero para un Fernando el Católico, para sus cronistas y sus teólogos que discutían estos temas, era la cosa más importante que podía ocurrirles porque si resultaba que la conquista de América no estaba justificada de un modo claro, y si no podían dar cuenta satisfactoria ante Dios de ese hecho, estaban perdiendo lo más importante que había para ellos que era la salvación de su alma. No debemos perder de vista este aspecto para juzgar cómo y por qué actuaron esos hombres.»

Lo que los encomenderos hicieron es otro tema. Hubo mucho de «se acata pero no se cumple», pero las leyes que partían de la Corona, de obligado cumplimiento, en virtud de la práctica imposibilidad de vigilar su estricta ejecución, marcaron desde un principio una tendencia a emanciparse de la rigidez legalista, embrión que en su gota a gota contumaz fue creando en los españoles de América, los criollos, la idea que se concretaría con la independencia. Se ha sostenido con cierta base que la conquista de América la hicieron las indias (sic) y la independencia los españoles.

Es comprensible la campaña de difamación de que fue objeto España por parte de los protestantes, que tanto como posiciones religiosas albergaban motivaciones políticas frente a la hegemonía española en Europa, que conllevaba procedimientos que dieron base a diversas interpretaciones y fueron la causa de campañas para desacreditar a la primera potencia europea del siglo XVI. Sin embargo, en lo que se refiere a la obra de España en América era más difícil tergiversar la evidencia de los hechos: había descubierto un mundo al que trasladó todos los elementos de su propia cultura; había levantado ciudades y organizado reinos; la legislación en lo que concierne al trato a los indígenas supuso una innovación impregnada de humanismo cristiano; dio a conocer al mundo un descomunal espacio geográfico al que rescató del primitivismo; y no sólo utilizó las minas como fuente de riqueza sino que desarrolló una industria y una agricultura superior incluso a las de la metrópoli.

Leedelo entero: Entre la leyenda negra y la dorada

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