Memoria histórica: Falangistas catalanes

Para que luego digan:

Para los defensores del mito de Cataluña como «nación» moderna, laica y democrática (y «obviamente» sin fascistas), el recuerdo de Destino ha resultado insoportable. Como los nacionalistas catalanes son especialistas en ignorar la historia y reescribirla según sus propios delirios, se ha llegado a decir que la revista defendió criterios «aliadófilos», cuando la línea editorial y la de la mayoría de sus colaboradores nunca desmayaron en su defensa del Eje.

Destino, editada, dirigida, financiada y escrita por catalanes, daba las consignas de la semana para la «Zona Nacional» y además, hacia lecturas en clave catalana de los principios del Movimiento. Su influencia fue notable en personas como Ridruejo y Laín, que tuvieron siempre una gran sensibilidad hacia el tema de Cataluña.

La aventura editorial de Destino en Burgos fue contada de modo testimonial por José María Fontana{5} en un libro en el que trató de echar por tierra la tesis de la inexistencia de una Falange catalana. El texto resultó tan desazonante para los catalanes «bienpensantes», especialmente para lo que habían vestido camisa azul (los Sentís, por ejemplo) que fue ninguneado por la crítica y el público.

De aquí: La conexión catalana del grupo de Burgos: la Falange que nunca existió José Alsina Calvés

5 comentarios

  1. Aquí se toca un tema que es poco menos que tabú en Cataluña: la existencia de franquistas catalanes.

    El tema es incómodo para el nacionalismo local y sus acólitos de la izquierda (que también son nacionalistas), pues pone en entredicho la piadosa versión oficial de la reciente historia de Cataluña, (la supuesta virginidad catalana en materia de franquismo: Cataluña exclusivamente víctima -y hasta víctima exclusiva- del franquismo, y en ningún momento partícipe del movimiento franquista), y vulnera el mito de un país soñado, solar de patriotas sin mácula y sin pecado concebidos, vástagos benémeritos de una incorrupta estirpe de muy honorables y antiquísimos próceres conquistadores, velludos y sauricidios (Jaume, Guifred y Jordi, respectivamente).

    En la óptica del nacionalismo catalán, franquista equivale a enemigo de Cataluña. En consecuencia un franquista catalán sería tanto como un traidor a Cataluña. Admitir que este es un país que produce traídores como otro cualquiera sería demasiado admitir para algunos, pues supondría la renuncia al dogma primordial del fet diferencial catalán que consiste precisamente en que este país no es como cualquier otro.

    Existe una especie de consenso en ciertos sectores de la sociedad catalana en rechazar la idea misma de franquistas catalanes, y eso es sintomático de la mentalidad imperante respecto de la visión, cuanto menos idealizada y no poco edulcorada, que tienen muchos catalanes acerca de su propia historia, generalmente deformada por dosis combinadas de ignorancia, narcisismo y un chovinismo que nadie se atreve a llamar por su nombre y que sin embargo es esencial para entender algo de Cataluña.

    Oficialmente, pues, nunca hubo franquistas en Cataluña. La prueba irrebatible de lo acertado de esta afirmación es el hecho (nada ínsolito si se conoce el paño que se teje en Cataluña) que a Francesc Cambó (el mismo que le pagaba a Franco las bombas que después le caían a los españoles del otro bando sobre la cabeza) se le honró en su día con un monumento en Barcelona (hará algo así como unos 12 años), con la bendición de nacionalistas y socialistas, para mayor coherencia. Es decir que si a este personaje, los nacionalistas y los socialistas catalanes le ponen un monumento, es porque no lo consideran un franquista (recordemos: traídor a Cataluña), sino un patriota sin mácula ni pecado concebido (como los próceres de más arriba). Sería inconcebible que a un franquista convicto y confeso, a un traídor se le rindieran tales honores en Cataluña por la clase política dueña del patio. Por lo tanto se hecha tierra sobre el molesto asunto de su filiación franquista (franquista con «peros», pero franquista al fin). Y si Francesc Cambó no fue franquista, cabe preguntarse: ¿Hubo alguna vez un franquista catalán?

    La idea que subyace en todo esto (definición del franquismo como fundamentalmente enemigo de Cataluña y «blanqueo» de franquistas catalanes) es que aquí no hubo franquistas (franquistas autóctonos, se entiende), que los franquistas que fungieron aquí fueron los «otros», los de fuera de Cataluña, que el franquismo fue un invento español (Cataluña es considerada cosa aparte) contra Cataluña, y que todos los catalanes fueron antifranquistas, patriotas sin mácula y sin pecado concebidos.

    Lo que no entiendo, al ver esas imágenes de la entrada triunfal de Franco en Barcelona en 1939, es qué hacen un millón de barceloneses vitoreando al Caudillo al grito de ¡España, España!

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