LA FEMINIZACIÓN DE LA SOCIEDAD
La feminización de la sociedad llega de la mano de la desvirilización del hombre contemporáneo. Se trata aquí de las dos caras de una misma moneda. Es un fenómeno del cual la Historia nos ofrece muchos ejemplos: cuando las sociedades declinan, las mujeres suben, cuanto más se achatan aquellas, más se levantan estas. El vacio dejado, el sitio desertado por unos hombres reblandecidos y amorfos al punto de no tener ya de hombres ni las ideas, ni las actitudes, ni el carácter y apenas la apariencia (y no siempre) permite a las mujeres reinar por fin. Cuando las sociedades se transforman en rebaños destinados al matadero y los hombres en caricaturas de hombres, suena entonces la hora de la mujer. Del desorden y de la confusión, surge esta con la despreocupada alegría y la liviandad de su sexo, dispuesta a instaurar “el reino de la hembra que, hasta el día de hoy, en los siglos de los siglos, no ha inventado más que el punto de cruz y las fundas para los sillones“, al decir (algo jocoso) del escritor francés Paul Guth en “Le mariage du Naïf“, 1957. La victoria del mundo-mujer.
Pero su triunfo es de corta duración, ya que la decadencia en medio de la cual establece su soberanía es una etapa efímera y sin mañana, apenas la antecámara de la caída final. La mujer (y sus aliados naturales, los homosexuales y la beatería bienpensante, más todos los enfaldonados de logia y sinagoga; estos últimos, más que aliados, amos en toda circunstancia) no reina nunca más que sobre un mundo desecho abocado al derrumbe próximo.
El imperio de la mujer, sobre el trono abandonado del hombre, es siempre el del capricho, de la “real gana”, de la preferencia, de la preeminencia de la Gracia sobre la Ley, de la emoción sobre la razón, del sentimiento sobre la inteligencia. Sobre este punto, Hermann von Keyserling (1880-1946) nos aporta una luz definitiva: “ El orden emocional es el orden natural en el cual las mujeres viven, ya que estas reaccionan en primer lugar a su sensibilidad, y nunca son tocadas en el fondo por aquello que es intelectual. (…) Es en ese sentido que el hombre más primitivo encarna, a diferencia de la mujer, el principio racional“. (“Meditaciones sudamericanas“, 1932).
La feminización es un producto de la decadencia. Esta surge siempre en un contexto de crisis terminal, en una fase de inversión completa de los roles y de los valores, en el capítulo de la universal corrupción moral y del profundo trastocamiento de las creencias, es decir en el desbarajuste general propio de las sociedades que se vienen abajo, incapaces en ese estadio de su decaimiento de distinguir el día de la noche. En un ambiente tal se instala una extrema tolerancia hacia todo lo que mina, todo cuanto socava los fundamentos del edificio tambaleante de la civilización. El Mal se vuelve el Bien, la Fealdad reemplaza la Belleza, lo Falso destrona lo Verdadero, lo Grotesco destierra lo Sublime. Es el espíritu hembra, verdadero rey de nuestra epoca, que inunda con su pegajosa influencia un mundo que termina, como una gallina decapitada, en una carrera absurda y enloquecida hacia ninguna parte.
Hay dos grandes verdades acerca de esta cuestión. 1) Todo poder de la mujer es una concesión del hombre; y 2) la mujer utiliza invariablemente este poder concedido contra el hombre, es decir contra su obra: la sociedad, la cultura, el orden establecido, los valores, la Ley. Esto puede parecer profundamente misógino, y sin embargo no es menos cierto. No incluyo en este fenómeno deletéreo algunos casos, de mujeres excepcionales. (Aquí hablo de ese tipo de mujeres como las del actual gobierno español. Son legión). Algunas mujeres de élite han jugado un gran papel en la historia del mundo y en el gobierno de sus naciones (Catalina la Grande, por no nombrar más que una en la serie de las Catalinas, la Reina Victoria, Margareth Thatcher, por ejemplo…), pero siempre dentro de un sistema masculino, viril, no en un proceso de feminización como el que estamos viviendo actualmente.
Lo que importa realmente no es la mujer en el poder en sí, sino el contexto de feminización de la sociedad en que tiene lugar esta toma de poder (o del poder). Por otra parte, para despejar equívocos, digamos que la femenidad no es una cuestión de sexo en el sentido estricto del término. Hay mujeres del sexo femenino (todavía la mayoría, pero mermando) y mujeres del sexo masculino (cada día hay más hombres que han quedado en estado de feminidad permanente), eso es todo. Oscar Wilde decía (y debía saber estar bien enterado de eso, pues era homosexual) que: “Un francés será siempre más mujer que una inglesa“. Ese fenómeno, el hombre femenino, se está universalizando en esta fase de decadencia que prefigura el fin de una civilización que parece tener los días contados.







Estoy de acuerdo, Arjun. Ahora que vengan las feministas y nos despellejen, jejeje…
Saludos!!
Bueno, las civilizaciones siempre desaparecieron por su decadencia moral principalmente. Cuando se atenta contra la naturaleza con posturas como la promoción de maricones y tortilleras sobre las personas sanas y procreadoras queda todo dicho ante una desnaturalización social.
La sociedad española siempre ha sido un matriarcado, en casa siempre han mandado u ordenado o dirigido las mujeres. Pero desde el mayor desprecio que se hizo a la mujer, el mayor alarde de machismo que fueron las leyes de igualdades como queriendo dar a entender que si no es por ley la mujer no valía para nada, es desde entonces cuando ese engaño e insulto repercute en un escándalo de malos entendimientos, sumisiones y errores sociales.
La mujer primeramente debe ser madre, es su cometido social, y no por eso es menos que un ejecutivo, muy al contrario, nada hay que engrandezca más al humano que la procreación de su especie, y esa función es exclusiva de la mujer ( con un par de empujoncitos por parte del hombre, si se me permite llamar así a la necesaria aportación masculina).
Y entonces salen estas cuatro marujas muy posiblemente tortilleras en defensa del vientre de la mujer y de las
igualdades. Y dicen que ellas están reprimidas, acomplejadas y subyugadas y entonces crean un movimiento tan torpe como esclavista que llaman feminismo, cuando de fémino no tiene nada y debieron denominarlo, “movimiento de camioneras”. Y claro, se apoyan en los que se creen más modernos y crean al maricón liberado que se afemina para demostrar que el macho tambieén tiene sentimientos, llora y padece. Y de repente sale el metro-sexual que no es más que un indefinido más bien tirando a maricón que recorre los escaparates pretendiendo travestirse disimuladamente…..y bueno que me enrollo porque esto me pone de los nervios, en consecuencia: decadencia y con la decadencia la destrucción.
Joana
Celebro que entiendas el sentido de mi exposición. Cuando digo que la mujer sube cuando la sociedad se agacha, quiero decir que esta sube en unos ámbitos que no le son propios, que entra en inútil y contraproducente competencia con el hombre, descuidando además (y esto es lo más grave, su misión como continuadora de la familia y la especie) y que el clima de decadencia en que tiene lugar este cambio no favorece precisamente la ascención de los mejores elementos del género femenino (ni masculino tampoco, si no he mencionado esto es porque la reflexión estaba centrada en la mujer), y que por lo tanto esa artifical promoción de la mujer en cualquier orden social o profesional, que es fruto de la decadencia, genera a su vez más decadencia, acelera el proceso de hundimiento de la sociedad.
La extendida indiferenciación de los roles que tradicionalmente estaban repartidos de una manera más acorde a la verdadera naturaleza de las cosas, genera un clima de confusión extrema, se pierden las referencias. Los niños y las niñas deben ser criados y educados con claros referentes masculinos y femeninos, por hombres y mujeres cuyos comportamientos y actitudes nunca son del todo lo mismo, ni deben serlo. Si el hombre y la mujer son una sola y misma cosa en sus roles y funciones, ¿qué clase de personas van a surgir de ese proceso? Pero no solo la familia debe poder desarrollarse en un clima de normalidad, sino la sociedad en su conjunto.
Los hombres y las mujeres no somos iguales, ni física, ni sicológica ni moralmente. Tenemos gustos y prioridades distintas, reacciones distintas, razonamientos distintos, no necesariamente incompatibles, muchas veces complementarios, a vecs opuestos. Los roles que hemos venido desempeñando desde la noche de los tiempos nos han ido conformando de manera sensiblemente diferente en todos los aspectos. El diferente papel ejercido en la reproducción y la crianza de la prole por los progenitores también marcan un muy distinto papel en el reparto de esa función.
El problema que vivimos actualmente es que se han roto todas las barreras, se ha perdido el equilibrio establecido por la misma naturaleza entre los miembros de la pareja humana. Este desbarajuste se puede ampliar al conjunto de la sociedad. Ya todo vale lo mismo, todo es igual a todo, se acabaron las diferencias. Y sin embargo la indiferenciación llevada a sus ultimas consecuencias es el rasero de la muerte, la gran niveladora.
No se trata de justificar las injusticias del pasado, de limitar en nada la libertad de la mitad del género humano, y menos aún de cuestionar su dignidad, su valor y los derechos que no pensamos poner en cuestión en los hombres. Se trata en el fondo de una cuestión de sentido común. Igualdad en la diferencia, un reparto más razonable de las tareas, promoción de los mejores elementos, solidaridad y cooperación entre el hombre y la mujer en reemplazo de ese clima de reivindicación feminista permanente, enfrentamiento estéril entre sexos y culpabilización a ultranza del hombre, fuente de todo mal en esa aberrante óptica que surge de la ideología y no de la realidad de los hechos.
Esa feminización actual, doblada de la desvirilización a la que asistimos, es una pésima situación cargada de malos presagios de cara al inmediato futuro que asoma en el horizonte. En el momento en que más necesitamos de hombres viriles para enfrentar los terribles dilemas que tendremos que enfrentar de aquí a poco, nuestra sociedad se ve inmersa en un proceso generalizado de desvirilización, de amariconamiento universal y de “amarujamiento” invasivo. Cuanto suenen los “tambores de guerra” (cosa que no hay que descartar) dentro de algún tiempo, ¿quién va a subir al frente dispuesto a vencer o morir. ¿El pianista de Parada, Boris Izaguirre (con los bolsillos llenos de condones de fresa), la presentadora del “Diario de Patricia” y el hijo de la Pantoja?
“”"”"”"”"”"Esa feminización actual, doblada de la desvirilización a la que asistimos, es una pésima situación cargada de malos presagios de cara al inmediato futuro que asoma en el horizonte. En el momento en que más necesitamos de hombres viriles para enfrentar los terribles dilemas que tendremos que enfrentar de aquí a poco, nuestra sociedad se ve inmersa en un proceso generalizado de desvirilización, de amariconamiento universal y de “amarujamiento” invasivo.”"”"”"”"”"”"”"
Es eso.
Porque tampoco es que la sociedad se esté “feminizando” en el sentido en que era femenina Catalina La Grande, por ejemplo. Está inmersa en la búsqueda de lo peor del sexo femenino: el sentimentalismo, el marujeo, el histerismo, el superficialismo….
Y que tengo que reconocer que la mayoría de las mujeres que conozco padecen esos defectos en mayor o menor grado. Yo también tengo muchos defectos, pero mis defectos son mucho más masculinos, por así decirlo.
Se suponía que los hombres no tenían esos defectos, la mayoría claro. Se suponía que eran pragmáticos, valientes y capaces de tomar decisiones difíciles y afrontar las consecuencias. Pues ahora ya no. ¿Y qué hacemos?
Pues no lo sé…. tendré que salir yo a enseñarles cómo se hace. (esto es una broma).
Vamos, que la cosa pinta mal.
Iskander:
Tú también tienes mucha razón.
“”"”"”"”"”Cuando digo que la mujer sube cuando la sociedad se agacha, quiero decir que esta sube en unos ámbitos que no le son propios, que entra en inútil y contraproducente competencia con el hombre, descuidando además (y esto es lo más grave, su misión como continuadora de la familia y la especie) “”"”
Pues sí. No sólo es una competencia inútil, también como señalas es contraproducente. No trae más que perjuicios a las mujeres y también a los hombres.
Y mientras más nefasto se revela este modelo de comportamiento, más nos bombardean con propaganda de todo tipo para vendérnoslo como lo mejor de lo mejor.
[...] Nota de YRANIA: Sobre este informe ved también: URANIA, convicciónradio y lapuertaangosta . Y un tema relacionado es “La feminización de la sociedad”, aportación de Arjun en La yijad en Eurabia. [...]
[...] Esta perspectiva del feminismo es lo que nos hace muy recomendable leer un artículo firmado por Arjun y publicado en La Yijad en Eurabia: [...]
Espero, Arjun, que no te moleste si he reproducido tu artículo en IRANIA…(www.tresmontes.wordpress.com).
Por cierto, opino que, –a sensu contrario–
te vienen a dar la razón dos notorias “feministas” y “filósofas” (sic), según noticia publicada en La Nueva España, en la que hacen declaraciones totalmente acordes con el que podríamos llamar “feminismo compulsivo” de ZP y sus patrocinadores. Aqui dejo constar una vez más que una crítica del “feminismo” no supone ninguna misoginia ni menosprecio a las mujeres…sino todo lo contrario.
Tresmontes
Por supuesto que no hay inconveniente alguno en que reproduzcas lo que pongo aquí.
Por lo demás, el feminismo le ha hecho y le sigue haciendo a la mujer, en menos de cien años y bajo la falsa apariencia de una emancipación benéfica, más daño que muchos siglos de supuesta servidumbre. Pero el daño es sobre todo al conjunto de la sociedad, que se ve atacada en sus mismos fundamentos por la deserción promovida de la mujer de sus funciones naturales de compañera del hombre, de guardiana del hogar, de madre de la progenitura, de perpetuadora de la especie.
Se considera (por encima mismo de la promiscuidad sexual más extendida) el libre aborto como la cumbre de la libertad de la mujer actual. Todo en la naturaleza de la mujer, en su organismo físico como en su estructura mental está concebida para la generación de la vida. Podemos medir, a través de la adopción genralizada de prácticas antinaturales, que van contra los más profundos instintos del ser humano, el grado de descomposición de una cultura, de una sociedad, cuando se consigue revertir de una manera tan drástica los valores y las inclinaciones naturales del hombre.
El pantalon es la prenda menos apropiada para un varon, por anatomia, por SALUD, POR DECENCIA.
Favor leer en internet: salud falda hombre bufanda esfinter.
La hombria esta llegando a su PEOR CRISIS ; ahora esta proliferando los comportamientos poco varoniles, y no se ha revisado NI SE LES RECONOCE donde puede estar buena parte de su problema; PUES EL DAÑO EN SUS GENITALES ES INMINENTE; sobre todo cuando se habla tanto de, LAS ENFERMEDADES MODERNAS DE LOS HOMBRES.
DEBEN VOLVER A LA FALDA PARA QUE PUEDAN RECUPERAR SU SALUD Y SU IDENTIDAD.
Hombres en falda GIRONDE France Video