Oraciones Tradicionales de la Iglesia Católica por los Moribundos

Lectura recomendada en la Conmemoración de los Files Difuntos (vulgo, ánimas del Purgatorio)

Señales de muerte próxima

Conviene tener algún conocimiento de las señales de muerte inminente, para que así puedan los que asisten al enfermo auxiliarle con oportunidad en tan apurado trance. Las principales señales son: cuando falta el pulso o está intermitente o intercadente; cuando tiene la respiración anhelosa; cundo sus ojos están hundidos y vidriosos, o más abiertos de lo acostumbrado; cuando se pone la nariz afilada y blanquecina en la extremidad; cuando la respiración se parece al soplo de un fuelle; cuando se pone el rostro pajizo, cárdeno y amoratado; cuando se baña la frente de un sudor frío; cuando el enfermo coge las hilachas y pelusillas de las sábanas; cuando se enfrían todas las extremidades, etc.

Las señales más próximas de que el enfermo va a expirar son: la respiración intermitente y lánguida; la falta de pulso; la contracción o rechinamiento de dientes; la destilación a la garganta; un débil suspiro o gemido; una lágrima que sale por sí misma y el torcer la boca, los ojos y todo el cuerpo. Cuando el enfermo se halle en alguna de estas últimas señales, entonces el que le asiste sugerirá con fervor y frecuencia, y dirigiendo la voz algo más recia a la frente, las jaculatorias siguientes:

Jaculatorias

En vuestras manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Jesús mío, os encomiendo esta mi alma, que redimisteis con vuestra preciosísima sangre.

Jesús mío, quiero morir profesando vuestra fe; creo cuanto habéis revelado.

Jesús mío, mi amor, yo os amo, me pesa de haberos ofendido.

¡Oh mi Dios, se acerca  el momento de veros y poseeros para siempre!

¡Oh, quién siempre os hubiera amado, quién nunca os hubiera ofendido!

¡Oh María, Madre de Dios y Madre mía! Rogad por mí ahora que me hallo en la hora de mi muerte.

Jesús mío, salvadme.

María, Madre mía, amparadme.

San José glorioso, asistidme.

Arcángel San Miguel, socorredme; libradme de los enemigos.

Ángel santo, custodio mío, acompañadme a la presencia de Dios.

Ángeles todos, venid a mi socorro, que me hallo en necesidad de vosotros.

Santos y Santas, auxiliadme y alcanzadme una buena muerte. Amén.

ADVERTENCIAS

Mientras el que asiste vaya sugiriendo al enfermo estas jaculatorias, los demás parientes y amigos se hincarán de rodillas delante de alguna imagen de María Santísima en el mismo aposento del enfermo o en otro, y rezarán el santo Rosario y las Letanías de Nuestra Señora. Así podrán ayudar mejor al enfermo que no estando alrededor de la cama llorando, gimiendo y aumentando la pena al pobre moribundo.

Acto de aceptación de la muerte

Todo cristiano, a lo menos una vez cada mes, debería leer y acompañar con el corazón el siguiente:

Adoro, Dios mío, vuestro ser eterno: pongo en vuestras manos el que me habéis dado, y que ha de cesar por la muerte en el instante en que Vos lo hayáis dispuesto. Acepto esta muerte con sumisión y espíritu de humildad en unión de la que sufrió mi Señor Jesucristo, y espero que con esta aceptación mereceré vuestra misericordia.

INDULGENCIA PLENARIA

Para la hora de la muerte

Como a muchos sorprende la muerte sin darles tiempo para ganar indulgencias, el Papa San Pío X ha concedido una plenaria para el artículo de la muerte a todos aquellos que una vez en su vida, en un día a elección, después de confesar y comulgar, hubiesen hecho con verdadero espíritu de caridad el siguiente acto de aceptación, o con otra fórmula semejante.

¡Señor, Dios mío!: Desde este momento, con ánimo sereno y resignado, acepto de vuestras manos cualquier género de muerte que os plazca mandarme, con todos los dolores, penas y angustias que la acompañen.

ORACIÓN

¡Oh Dios de bondad, Dios clemente, Dios que, según la multitud de tus misericordias, perdonas a los arrepentidos, y por la gracia de una entera remisión borras las huellas de nuestros crímenes pasados!

Dirige una mirada compasiva a tu siervo N.; recibe la humilde confesión que te hace de sus culpas, y concédele el perdón de todos sus pecados. Padre de misericordia infinita, repara en él todo lo que corrompió la fragilidad humana y manchó la malicia del demonio; júntale para siempre con el cuerpo de la Iglesia, como miembro que fue redimido por Jesucristo. Ten, Señor, piedad de sus gemidos, compadécete de sus lágrimas, y puesto que no espera sino en tu misericordia, dígnate dispensarle la gracia de la perfecta reconciliación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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La foto de arriba representa al Purgatorio. Nótese la presencia de un mitrado.

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3 Comments

  1. Sr. Director de la Sexta Redoma:

    Por este medio deseo expresarle mi agradecimiento por difundir en su web las oraciones tradicionales por los moribundos que envié a Radio Cristiandad; y me gustaría enviara comentarios de la misma. Qué Dios le Bendiga, Dulce.

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