Si de profecías hablamos…

Os dije hace poco que he estado interesándome por el libro de la Revelación o Apocalipsis, y que en consecuencia me he vuelto un tanto “apocalíptico”. Esto que leo en Cabildo Abierto (Si de profecías hablamos…) debería hacer reflexionar a más de un católico modernista. Os dejo una “selección de la selección”:

San Nilo, Abad y fundador del monasterio de Grota Ferrata (Italia), profecía del siglo V.

“Hacia la mitad del siglo XX la gente será muy distinta y a medida que se aproxime la llegada del Anticristo la perversidad irá creciendo (…)

“Las pobres almas con todos sus inventos y logros creerán no necesitar para nada de Dios, olvidando que todas esas cosas o logros no son más que ilusiones o engaños del Anticristo (…)

Esta es de un santo del s. XX  [San Pío de Pietrelcina, profecía (1887-1968)]:

“Precedido de tormentas, vientos desencadenados y terribles terremotos, que abrirán la tierra y la harán temblar, Yo vendré una noche, durante los fríos meses de invierno, a este mundo cargado de pecados: rayos y centellas, salidos de incandescentes nubes, encenderán y reducirán a cenizas todo lo que está contaminado por el pecado. La destrucción será total. El aire envenenado de gases sulfurosos y levantando asfixiantes humaredas, será llevado a grandes distancias por las ráfagas del viento. Las obras levantadas por el hombre con espíritu loco y atrevido de adoración a sí mismo, queriendo demostrar su ilimitado poder, serán aniquiladas. Entonces la raza humana comprenderá que hay una voluntad muy superior a la suya, que destruirá sus vacíos alardes de vanagloria. Rápidamente, cerrad vuestras puertas y ventanas, tapad toda vista del mundo exterior durante el más terrible de los acontecimientos; no profanéis vuestra vista con miradas curiosas porque santa, santa es la ira de Dios. La tierra será purificada para vosotros, los restos del fiel rebaño.

“Encomendaos a la protección de mi Santísima Madre; no os desaniméis a pesar de lo que viereis y oyereis; es una ficción del infierno que no os podrá hacer ningún daño. Cobijaos en constantes oraciones bajo la protección de mi cruz e invocad a los ángeles de vuestras almas. Luchad con confianza en mi eterno amor y no dejéis que se levanten en vosotros dudas acerca de vuestra salvación. Cuanto más firme y perseverantemente permanezcáis en mi amor, tanto más seguramente os defenderé contra todo daño. Luchad por las almas amadas de mi corazón.

“Perseverad por una noche y un día y por una noche y un día, y a la siguiente noche se calmarán los terrores… Al amanecer del próximo día el sol brillará otra vez y su calor y su luz disiparán los horrores de la oscuridad. Aceptad la nueva vida con humilde gratitud. Vividla con sencillez y gratitud en paz y amor, según mi intención. Orad y sacrificaos para que vuestro sacrificio produzca abundantes frutos de bendición y para que florezca una raza nueva que alegre vuestros corazones.

“El mundo os llamará fanáticos, locos y criaturas miserables; amenazarán haceros vacilar en vuestra constancia con su elocuencia engañosa. Y los tramposos intrigantes del infierno intentarán ganaros con sus astutos engaños. Luchad con humildad y silencio; combatid con las almas de las buenas obras; oración, sacrificios y con la convicción interior del deber. Buscad refugio en la Madre de la gracia, para que el flagelo inevitable resulte una victoria sobre el infierno y para que mis ángeles puedan dar la bienvenida en las eternas venturas del Padre a las ovejas penitentes…”

Esta es del s. XIX [Beata Ana María Taigi, revelación (1769-1837)]:

“Después de purificar al mundo y a su Iglesia y de arrancar de cuajo toda la mala hierba, preparaba un renacimiento, milagroso triunfo de su misericordia, y mi mano todopoderosa volverá a imponer el orden ahí donde es impotente el esfuerzo humano.

“Dios enviará dos castigos: uno en forma de guerras, revoluciones y peligros originados en la tierra; y otro enviado del cielo. Vendrá sobre la tierra una oscuridad intensa que durará tres días y tres noches. Nada será visible y el aire se volverá pestilente y nocivo y dañará, aunque no exclusivamente, a los enemigos de la religión.

“Durante los tres días de tinieblas la luz artificial será imposible; sólo las velas benditas alumbrarán. Durante estos días de tinieblas los fieles deben permanecer en sus casas rezando el Santo Rosario y pidiendo a Dios misericordia.

“Millones de hombre morirán por el hierro, unos en guerra, otros en industrias civiles; otros millones perecerán de muerte imprevista. A la prueba le seguirá un renacimiento universal. Este cambio ocurrirá cuando parezca que la Iglesia ha perdido los medios humanos de hacer frente a las persecuciones”.

Santa Brígida, profecía (siglo V):

“Cuarenta años antes del año 2000, el demonio será dejado suelto por un tiempo para tentar a los hombres. Cuando todo parecerá perdido, Dios mismo, de improviso, pondrá fin a toda maldad. La señal de estos eventos será: cuando los sacerdotes habrán dejado el hábito santo y se vestirán como gente común, las mujeres como hombres y los hombres como mujeres”.

“Del sur vendrá la guerra, del norte la paz. Italia será sumida en la desolación. Francia castigada. Roma conocerá el exterminio. El Padre tendrá que huir. Habrá una lucha terrible entre la luz y las tinieblas. Cesa la oscuridad. Luce un sol espléndido. La tierra está arrasada, muchísimos han desaparecido. El Papa vuelve. El pecado tendrá fin…”

El Vaticano destruido… Otra reciente. San Juan Bosco, revelación (1815-1888)

“Los hombres se someterán al espíritu de la edad. Ellos dirán que si hubieran vivido en nuestros días, la fe hubiera sido simple y fácil. Pero en sus tiempos, ellos dirán, que las cosas son complejas, y que la Iglesia debe ser actualizada de acuerdo a los tiempos y su problemática. Cuando el mundo y la Iglesia sean uno, entonces esos días habrán llegado”

Más señales, de San Antonio Abad (siglo IV)

“Aquellos son los tiempos de la maldad, un siglo lleno de peligros y calamidades. La herejía está en todas partes y los seguidores de la herejía tendrán poder en casi todos los lugares… Pero Dios permitirá una gran maldad en contra de Su Iglesia: los herejes y tiranos caerán súbita e inesperadamente sobre la Iglesia destruyéndola… Ellos entrarán en Italia y dejarán Roma devastada; ellos incendiarán las iglesias y lo destruirán todo”.

No tenéis porqué hacerles caso a las profecías. Pero tomad nota, por si se empiezan a cumplir.

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