Abraj Al Bait, la última excentricidad del musulmán.

Mientras Osama se alimenta a base de leche, verduras, yogur, sopa y pan afgano en una cueva de las montañas, sus hermanos construyen la capital del lujo en el mundo árabe. El ‘skyline’ de La Meca no va a ser igual después del paso de los Bin Laden más formales, que van a plantar allí una torre gigante con el reloj más grande del planeta (40 metros de esfera).

La última apuesta de la faraónica familia se llamará Abraj Al Bait y abrirá a finales de 2010. Entonces, La Meca contará con el supuesto honor de tener el segundo rascacielos más alto del mundo después de Burj Dubai (829 metros) y el hotel más alto de la tierra. El complejo Abraj Al Bait tendrá 570 metros, 50 más que las Torres Gemelas. Imagine una masa de hormigón cinco veces más alta que la Torre Eiffel y que se puede divisar desde 17 kilómetros de distancia.

Van a por el récord, también en excentricidad. El edificio será el mayor de la historia, con una superficie de 1.500.000 metros cuadrados, el área equivalente a 301 campos de fútbol. El hotel (en la cima del rascacielos) tendrá 850 habitaciones y, entre ellas, una suite con más de 3.600 metros cuadrados, el equivalente a nueve canchas de baloncesto.

Se desconoce el caprichoso uso que le puede dar un jeque multimillonario a semejante salón, ni su precio por noche. De momento, se sabe que el hotel tendrá gimnasios para hombres y mujeres separados, una fábrica de chocolate (¿?), un observatorio lunar y 76 ascensores. Completará la curiosa escena el eco de las llamadas a la oración que se harán desde la torre, convertida en un descomunal alminar. «Alá es grande».

El gigante también crece junto a la Kaaba, el recinto sagrado que acoge a millones de peregrinos musulmanes al año. Resulta irónico plantar al lado de la Gran Mezquita una torre que recuerda, en su parte más alta, al Big Ben de Londres, aunque con un diámetro cinco veces superior. El hotel que ocupará la parte alta se llamará Makkah World Clock Hotel y lo gestiona la exclusiva cadena de hoteles canadiense Fairmont, que posee decenas de ‘resorts’ por todo el mundo, entre ellos un enorme hotel en la Palmera de Dubai (550 euros por noche en una suite este fin de semana). La inversión es también inmensa. Costará más de 2.100 millones de euros, una masa de dinero similar al PIB de Mauritania.

Una familia, dos filosofías.

El estigma de los lazos con el terrorista más buscado del mundo no es un obstáculo para el éxito empresarial de la compañía saudí Binladin, tan cercana a la familia real del país. No se habla de cifras, pero el contrato tiene un precio en influencias y demuestra la importancia de tener amigos. Los Bin Laden son íntimos de Abdullah Abdelaziz, el rey de Arabia Saudí que ostenta el título de Guardian de los Santos Lugares musulmanes, esto es, Medina y La Meca. Ahí justamente se erige su gigante.

El Bin Laden Group surgió de las arenas del desierto de Jeddah y según los informes está entre las 40 empresas más fuertes del país. Como todas las compañías saudíes, tiene su carga de misterio, pues no está obligada a publicar sus cifras ni sus proyectos. ‘Financial Times’ estima que en 2005 tenía un valor de 25.000 millones de euros.

Fundó el imperio Mohammed Bin Laden, el próspero inmigrante y playboy yemení que murió en 1968 después de dejar en el mundo a 54 hijos de 22 mujeres distintas. En la viña de este señor había de todo. Trece de sus hijos están implicados en la empresa, encabezados en su día por Salem -que siguió a su padre en la presidencia y que murió en un extraño accidente de avioneta en Estados Unidos en el 88- y hoy por Baker, el actual líder.

De la otra rama están menos orgullosos. El primero en saltarse las normas de la casa fue Mahrous y lo hizo en 1979 justamente a los pies del nuevo hotel. La familia se había hecho con uno de sus contratos estrella para reformar el lugar santo de La Meca y alguien se olvidó de inspeccionar la entrada y salida de camiones, cargados de armas para la revuelta de la Gran Acción contra la familia real. Los 63 disidentes que se hicieron fuertes en la Gran Mezquita de la Meca fueron decapitados, mientras que Mahrous, acusado de hacer la vista gorda, fue exonerado de culpa.

La otra china en el zapato de los Bin Laden es, obviamente, Osama, que se fue de madre cuando comenzó a radicalizar sus ideas. La familia dice haberle desheredado a principios de los noventa, cuando el rey Fahd le retiró la nacionalidad por sus aficiones terroristas. Al Qaeda ponía en el punto de mira a Estados Unidos, uno de los grandes aliados de Riyadh. Y fue a peor. Desde 2001, el polvo de las Torres Gemelas ha ensuciado la imagen de la familia, dueña, entre otras, de participaciones en Carlyle, el gigante estadounidense relacionado con los Bush, con un papel decisivo en los contratos derivados de las guerras de EE UU.

Fuente: El diario montañés.

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