Lords of finance. Los banqueros que hicieron quebrar al mundo (3): Los años 20 y la crisis del 29

Continúo lo tratado aquí: Lords of finance. Los banqueros que hicieron quebrar al mundo (2)

La parte tercera del libro se titula Sowing New Wind, que se traduce como sembrando nuevos vientos, y trata de los años 1923 a 1928. De nuevo, los temas principales son las renegociaciones de las reparaciones de guerra y la política monetaria y de cambios de los cuatro países.

Empieza tratando la hiperinflación alemana. “Un a cuata parte de los escolares de la ciudad [Berlín] sufrían desnutrición”. Schacht es nombrado director del Reichsbank. La nueva moneda, respaldada por la propiedad industrial y agrícola, estabiliza la situación. Schacht, que nunca tuvo total confianza en ella, la consideró “un puente entre el caos y la esperanza”

Junto con ello, y visto que Alemania no podía pagar las deudas de guerra se organiza una conferencia, en la que se acuerda el Plan Dawes. Este gráfico resume el acuerdo: Los EE. UU. prestan a  Alemania para que la economía empiece a funcionar y puedan seguir con las reparaciones.

Una curiosidad, a lo mejor ya lo sabéis (p. 210):

… el economista J. A. Hobson, haciéndose eco de una opinión muy extendida, escribió en 190’2 que ninguna gran guerra pudo ser “emprendida por ningún estado europeo… si la casa Rothschild y sus asociados se oponían”.

El capítulo 12 se dedica a la vuelta al patrón oro de Inglaterra, que lleva a una importante deflación y perdida de competitividad. El problema estuvo no es el patrón en sí, sino en la vuelta al cambio anterior a la guerra, que Inglaterra ya no se podía permitir. Palabras de Norman (p. 232):

“El patrón oro es el mejor Gobernador que cabe aplicar a aun mundo que es aún humano en vez de divino”

Palabras de oro, ciertamente. Como estas perfectamente aplicables a la actualidad (p. 234):

“Volver al patrón oro evitaría que Inglaterra «viva en el país de jauja de una falsa prosperidad»”

El capitulo 13 esta dedicado a los tejemanejes del Banco de Francia, gobernado por un “Consejo de Regentes” en el que estaban las doscientas familias mas ricas de Francia. Los puestos se heredaban en la práctica. Una curiosidad (p. 245):

“Cinco del los doce regentes elegidos fueron descendientes de los fundadores y un número desproporcionadamente alto de ellos eran protestantes de origen suizo”

Más (p. 246):

En los 120 años posteriores a la fundación del Banco de Francia, el país sufrió tres revoluciones; cambió su sistema político cinco veces; tuvo diecisiete jefes de estado, incluyendo un emperador, tres reyes, doces presidentes y un presidente que se hizo emperador; y cambio de gobierno una vez al año como media. Mientras tanto, el Banco y las misma pocas familias que tenía el poder en su consejo vivieron sin ser molestadas. Tan grande era la autonomía, que continuo funcionando sin cortapisas durante la Comuna de Paris y proporcionó moneda a ambos bandos”

Toma la Bastilla para esto… Pobres franceses. Y lo siguen celebrado.

Francia no introdujo el patrón oro, su moneda se devaluó bastante (hasta un cuarto del valor de antes de la guerra), lo que hizo que la economía se reactivara pronto.

Los años 1926 y 27 son de crédito fácil (p. 291):

“A finales de 1926, este cuarteto de banqueros centrales había empezado ya a preocuparse por tres asuntos -la burbuja bursátil norteamericana, el excesivo endeudamiento exterior de Alemania, y un patrón oro menos funcional  cada vez- que llevaría al desastre económico de final del decenio”.

Sin embargo, la Reserva Federal norteamericana bajó los tipos de interés un 0,5% al 3,5% a mediados del 27. Sigue el rally bursátil. A partir de Febrero de 1928, se empiezan a subir los tipos, hasta el 5%. Strong muere a final de año.

La cuarta parte del libro se llama Reaping another Whirlwind, Cosechando otra tempestad.

Empieza contado el alcance de la euforia bursátil. Como al final del pasado milenio, se hablaba de nueva economía (automóviles, radio y electrodomésticos) frente a al vieja economía (carbón, acero, textiles, ferrocarril). Las acciones de General Motors se multiplicaron por 20 en el decenio, las de RCA por setenta (p. 311):

“Los taxistas te decían lo que había que comprar. Los limpiabotas te podían hacer un resumen de las noticias financieras del día”

Una tercera parte de los especuladores eran mujeres. Se empieza a hablar de detener la locura, pero nadie se atreve a pinchar la burbuja. Los intereses habían subido ya al 5%. La lucha de poder entre la Reserva Federal de NY y EL Consejo general de la Reserva Federal sumió a la institución en la inacción.

Era difícil parar la locura a esas alturas. Además, están entrando capitales extranjeros, y dejando a Alemania sin crédito. Esta tuvo que pedir otra vez renegociar la deuda. Se hizo en Paris, y el resultado fue el Plan Young. Una curiosidad (p. 339):

“En septiembre de 1928, con el Dow a 240, [Keynes] hizo circular una nota entre sus amigos, titulada ¿Acaso hay inflación en los EE. UU.? en la que predecía que «las acciones no caerán mucho … salvo que el mercado descuente una depresión severa», los que la FED «haría todo los posible por impedir»”

Las mismas cuentas se estaban echando en 2007: los tipos de interés están bajos, pero como no hay inflación… AS mediados de 1929 Keynes había pedido tres cuartas partes de sus ahorros.

El capítulo 17 trata del estallido de la burbuja.

“El miércoles 23 de octubre, se produjo una avalancha de órdenes de venta cuyo origen es un misterio completo, y que hizo caer al mercado 20 puntos en las últimas dos horas. El día siguiente, el Martes Negro, se produjo el primer auténtico pánico… Los índices se dejaron el 20%”

El resto es historia.

La crisis bursátil generó la crisis bancaria, que hizo que el crédito se desplomara dos años más tarde.

Alemania no podía hacer frente a las reparaciones. El sistema bancario deja de funcionar. La producción industrial se detiene, el paro se dispara a la tercera parte de los empleados. La popularidad de los nacionalsocialistas aumenta.

Reino Unido abandona el patrón oro en setiembre de 1931. La libra se devalúa, pero la deflación se detiene. Los bancos centrales que tenían sus reservas en libras, entere ellos el de Francia, sufrieron cuantiosas pérdidas. Tras ello, los europeos convirtieron sus dólares en oro.

En febrero de 1932, el congreso autorizó a la FED a respaldar su moneda con deuda pública, lo que permitió a la reserva federal masivas inyecciones de liquidez. En 1932 Roosevelt gana las elecciones con el lema de campaña: “Vuelven los días felices”

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