Cristianismo… ¡Y nada más!, de C. S. Lewis. Libro II. Lo que creen los cristianos

Continúo lo que comencé aquí: Cristianismo… ¡Y nada más!, de C. S. Lewis. Libro I. El Bien y el Mal, claves para entender el significado del Universo.

Libro II. Lo que creen los cristianos

Capítulo I. Distintos conceptos de Dios.

Ante la pregunta anterior sobre el mal, hay distintas respuestas. Primero están quienes creen en Dios y quienes no. Los que creen en Dios se pueden dividir en los que consideran que este está más allá del bien y del mal, como panteístas e hindúes y budistas. Entre los que consideran que Dios es bueno están los cristianos, judíos y mahometanos. Estos tienen que explicar por qué siendo Dios bueno, hay mal, que es el tema central de la Teodicea.
Lewis rebate el argumento que niega a Dios por el mal dándole ingeniosamente la vuelta. Si no hay Dios, no tiene sentido hablar de justicia o injusticia. Si el universo es fruto del azar, el dolor no tiene significado, el que no lo soporte debe suicidarse sin hacer excesivo ruido. A propósito: Los castigos en el plan de Dios.

Capítulo II. La invasión

“La realidad, de hecho, es algo difícil de imaginar y entrever. Esa es una de las razones por las que creo en el Cristianismo. Es una religión que nadie podría entrever.”

El paso siguiente es credo, qui absurdum.

La teología tiene dos respuestas al mal. La cristiana es que el mundo (el hombre) fue creado perfecto pero se torció. La otra es el dualismo: hay dos principios antagónicos, el Bien y el Mal. Es una respuesta simple al problema del mal, pero averiada  y en el fondo insatisfactoria. Se puede ser bueno por amor al bien, pero no malo por amor al mal. El mal es autodestructivo. Incluso los malos necesitan de normas. De hecho tienen normas más estrictas que los buenos. La banda de ladrones trata muy duramente al que hace perjudica al grupo. No digamos al que lo traiciona.

Capitulo III. La alternativa más sorprendente

Dios creó seres con voluntad libre, con posibilidad de torcerse. Sabía que lo iba a hacer, pero no obstante (es un misterio, como la propia creación del mundo) consideró bueno hacerlo. Tengo que advertir que la Caída – la del hombre y la de los ángeles, especialmente esta última, por ser definitiva e insuperable – es para mí un misterio.

“Satán metió en la cabeza de nuestros primeros ancestros la idea de que podrían ser como dioses, podrían ser independientes de Dios como si se hubieran creado a sí mismos, podrían ser sus propios amos, ser felices por sí mismos, sin necesitar a Dios, apartados de Dios.”

Atención, eso nos pasa a todos en cierto grado. Si nos llegamos a convencer de ello, nos habremos apartado de Dios definitivamente, le estamos echando un pulso. Probablemente sea este el peor pecado posible, el que más repugnante Le parecerá. Si lo hacemos no por torpeza, sino por voluntad de rebelión estamos no sólo apartándonos de Él, sino enseñándole los dientes. Que nunca caigamos en ello. Apartarse de Él está mal, enseñarle los dientes es muy grave (además de patéticamente ridículo). En resumen, la caída del hombre está provocada por el Príncipe del Mal, pero la propia caída irrevocable de éste me parece inexplicable.

La respuesta de Dios a esto fue la elección de un pueblo al que trata de inculcarles, infructuosamente, su ley. De entre ellos sale una persona que dice que puede perdonar los pecados, la cosa más extraordinaria que nunca se oyó. Sólo alguien que es Dios puede pretender semejante cosa. De hecho, nunca había sucedido en la historia del Judaísmo.

Capítulo IV. El penitente perfecto

Por lo dicho, el Cristo era Dios o un blasfemo. Los judíos creyeron y siguen creyendo lo segundo, por eso hicieron que las autoridades romanas lo sentenciaran a muerte, y a una muerte lo más infamante posible. Los cristianos creemos que sufrió esa muerte para reconciliarnos con Dios. Es otro misterio. Personalmente me parece un exceso. ¿Hacía falta tanto? Misterio de la fe.

Lewis repasa varias teorías sobre como la muerte de Cristo expía nuestros pecados (nótese que es una de las cuestiones teológicas esenciales de la Protesta). Explica que Dios no nos podría ayudar realmente siendo Dios y nosotros hombres, pero al hacerse hombre, paga por nosotros, Dios acepta, quedamos redimidos. Lo que tenemos que hacer es pedírselo humildemente, poniendo de nuestra parte todo lo posible por cumplir la ley moral, cosa que nunca conseguimos hacer de forma perfecta.

Difícil de explicar, es otro misterio de la Fe.

Capítulo V. Las conclusiones prácticas

El mensaje de Cristo no es meramente cumplir la ley moral – sus enseñanzas – porque sabemos que no podemos. Se trata de intentarlo y ser humildes, de identificarse con Cristo. Desde luego, identificarse con Él sin intentar cumplir la ley no tiene sentido.  Además, Cristo deja dos sacramentos, el Bautismo y la Comunión/Misa/Cena, que ayudan misteriosamente.

“Por esto los cristianos están en una situación distinta de otras gentes que tratan de ser buenas. Estas esperan agradar a Dios – si lo hay – siendo buenos, o – si no lo hay – esperan merecer la aprobación de los hombres. Pero el cristiano piensa que todo lo bueno que sale de él se debe a la participación en la vida de Cristo.”

Piensan que Cristo está actuando a través de ellos. Tanto los protestantes de la Sola Fide como los católicos de la Fe más Obras.

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