Cisne Negro, satanismo judaico corruptor

Fotograma de Cisne negro. La zancada no resulta muy grácil

Leí una reseña de la película en Culture Wars, de Michael Jones. No hablaba de satanismo, sino de escupitajo judaico en el arte noble del ballet occidental. Soltado además sobre la pieza del ballet clásico más popular: El Lago de los Cisnes. La película viene a decir que para bailar bien en vez de disciplina y ensayos hay que fornicar. Es decir, está en la línea del ataque “desconstructivista” de los logros artísticos de la cultura cristiana de occidente. Nada nuevo.

El lado satánico no lo trataba ese artículo, lo leo aquí («Cisne Negro»–Hollywood predica el satanismo). Es una traducción automática del inglés revisada, solo superficialmente, por mí:

Cisne Negro es una de esas películas que te dejan con una sensación de malestar en el estómago.

La película está protagonizada por Natalie Portman (nacida Natalie Harshlag, en Jerusalén), dirigida por un judío de Brooklyn que vivió en un kibutz en Israel, Darren Aronofsky y producido por una empresa llamada «Phoenix». Aronofsky tuvo su debut con la película «Pi», cuyo tema principal Cábala y la numerología ocultista judío.

ARGUMENTO

Nina (Portman) es una bailarina de ballet en Nueva York. La película comienza con un sueño en el que Nina baila con un bailarin seductor, un tipo Antonio Banderas, que de repente se transforma en un demonio, cuernos y todo.

Nina aún duerme en su habitación la infancia, rodeada de muñecos de peluche y con decoraciones de color rosa. Es anoréxica, no tiene novio, es posiblemente esquizofrénica y se da arañazos a sí misma hasta que sangra. Su madre es muy estricta, quiere que Nina llegue a ser la primera bailarina de la compañía.

Thomas Leroy (Vincent Cassel) es el director francés que ha despedido a la primera bailarina de la compañía, Beth (Wynona Rider, nee Horowitz, judía), después de haber seducido.

Beth se acerca a los 30, se puede prescindir de ella. Después de ser despedida, es atropellada por un coche y se va al hospital. Thomas decide que va a producir el ballet «Cisne Negro» con la misma bailarina haciendo de cisne blanco (el bueno) y el cisne negro (el malo). Quiere dárselo a Nina, pero piensa que es demasiado buena y dulce y, a pesar de que puede ser el mejor de cisne blanco, necesita malearse un poco con el fin de representar al cisne negro.

Nina conoce a una chica de mala fama llamada Lily (Mila Kunis, otra actriz judía), bailarina y posible competidora para ese papel. Tiene un tatuaje de alas de cisne negro en la espalda, lo que significa que ya pertenece al mal.

Lleva a Nina a un bar y una discoteca, la introduce en las drogas, el amor libre casual, el lesbianismo… Después de una fiesta salvaje, Nina llega tarde a un ensayo y pierde casi el papel a favor de Lily. En la película, no sabe si Nina se imagina todo o si sucede realmente.

Durante la noche del estreno, Nina interpreta el cisne blanco y se cae en el escenario. En su camerino, durante el interludio, en el que entra una de lAs bailarinas, que le dice que cometerá un error y comienza una pelea.

Nina la empuja a un espejo de la pared, que hace añicos. A continuación, va a apuñalar a la bailarina con un trazo de vidrio y se transforma en un cisne negro demoníaco. Interpretará el papel maravillosamente y, al final, nos encontramos con que, en realidad, se ha apuñalado ella misma y se está muriendo. Sus últimas palabras son: «Ahora soy perfecta».


ANÁLISIS

Cisne Negro es una película sobre el control mental y la posesión demoníaca. Su mensaje principal es que no se puede alcanzar la grandeza sin vender su alma al diablo.

Quien controla a Nina es su madre. Ella no fue capaz de desarrollarse y es todavía psicológica y sexualmente una niña.

Cuando está madura y disciplinada técnicamente, su controlador, Leroy («El Rey» en francés) entra en su vida y le presenta a la maldad, con la ayuda de Lily (Lilith?).

Él la seduce, pero no tiene relaciones sexuales con ella. Él sólo despierta la lujuria y la codicia. En una escena clave, vemos a Leroy y Nina en su piso, donde un estilizado Baphomet se muestra en la pared.

Su noche de gala también se lleva a cabo en un edificio donde vemos una gran estatua de un ángel negro, obviamente Lucifer. Nina se puso de lado de Satanás y la recompensa es la fama y el éxito.

Hay señales ocultas en toda la película, empezando por la dualidad blanco y negro y pasando por espejos.

Nina y su madre han cambiado su imagen en el espejo en una escena, es decir, la madre tiene que programar la hija a ser una réplica de sí misma.

Al final, cuando Nina rompe el espejo, significa que ella rompió su personalidad y está lista para ser poseída.

CONCLUSIÓN

Tal vez deberíamos prestar atención a la bailarina Beth, sustituida por Nina. Al igual que otros esclavos del control mental, pierde su programación al acercarse a los 30 años, y es descartada o eliminada.

Después de que Nina le dice a Beth que quería ser «perfecta» como ella, Beth dice: «Perfecta? Yo no soy nada?». Ese es el destino de aquellos que creen las mentiras de Satanás.

Hay alguna conclusion gratuita, pero me creo la mayor: corrupción y satanismo de origen judaico.

Dice un amigo mío ante estos casos que los judíos no ponen bombas en los trenes ni fuerzan a nadie a ver sus películas. O lo hacen discretamente, añado yo. Desde luego, el que no se consuela es porque no quiere.

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6 Comments

  1. Pues sí, judaismo satánico. Lo que pasa es que, bien pensado, ¿cuándo no ha sido satánico el judaismo? Con sus infinitas caras, la judía es una de las religiones más perversas y ocultas que existen en el mundo. Y lo de Cisne Negro, no he visto la película, pero hace tiempo leí una crítica cinematográfica sobre ella que iba por el mismo camino: satanismo, ocultismo, control mental… También será casualidad que el sanedrín de Hollywood le diera a esta actriz judía un Oscar.

  2. Creo que el tal Michael Jones desvaría por completo.
    No soy un entusiasta de la película, pero el mensaje no es «que no se puede alcanzar la grandeza sin vender su alma al diablo». Nada que ver.
    El mensaje precisamente es lo más valioso de la película: viene a decir que la excelencia artística es imposible sin sacrificio, sin tomar verdaderos riesgos (incluso poniendo en peligro el equilibrio mental o emocional), hay que huir de toda mediocridad y vulgaridad.
    En una época como la nuestra (mediocre, conformista, aseptica, igualitarista) un mensaje como éste puede resultar incómodo (sobre todo para la progresía) pero más necesario que nunca.

    De hecho, es de las pocas películas hollywoodienses en que no se percibe propaganda sionista (o no más de la cuenta, claro).

    • ¿Y no deberia ser la moraleja que el perfeccionismo obsesivo destruye más que crea?

      Y una cosa es ser de naturaleza sencilla y otra muy distinta la mediocridad. El protagonista de American Psyco no era precisamente mediocre, pero su alma estaba podrida de maldad. La cantante Rosa de Operación Triunfo no es precisamente muy sofisticada, pero se ha ganado el cariño de muchos por su corazón.

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