Sionismo y separatismo antiespañol

Voy a hacer un fisking a este artículo de Horacio Vázquez-Rial en que justifica que apoye a Israel –el nacionalismo sionista- pero rechace el nacionalismo catalanista. Es un tema interesante. Yo noté hace tiempo que los judíos, en su búsqueda de aliados, no reparan en hacerse aceptar los halagos de los enemigos interiores de España, los secesionistas gallegos y catalanes. No me consta que suceda lo mismo con los vascos, quizás porque los de la boina son aún más racistas que los de la kipa. Es solo una impresión personal.

El artículo es este: Sionismo y nacionalismos. Para empezar, achicamos espacios:

Vivir en democracia implica tratar con todo el mundo en pie de igualdad y amar a los prójimos que no piensan lo mismo que uno.

Esto no hay por donde cogerlo. Para empezar, la democracia, el gobierno del pueblo, es imposible, porque el pueblo tiene que ganarse la vida. Lo que actualmente llamamos democracia consiste en que el pueblo mete papelitos en una urna cada cuatro años. Los discursos, carteles y demás parafernalia de quienes compiten por esos papelitos dan vergüenza ajena a cualquiera que se pare a pensar un rato en todo el tinglado. No somos muchos los que lo hacemos (yo lo empecé a hacer solo desde hace un par de años).

La democracia es el gobierno de la mayoría; materialmente hablando, de los “pobres”, como explica Aristóteles, para quien la democracia es en realidad demagogia. Él habla de republica para referirse no a ese gobierno de la plebe frumentaria, sino al “imperio de la ley”, lo que llamamos estado de derecho, en el que hasta las mayorías deben someterse a la ley. Es decir, la democracia es la tiranía de la plebe. No es un estado de derecho. Actualmente usamos democracia para significar estado de derecho, la confusión alcanza hasta la gente letrada, como se ve.

En todo caso, la definición ad hoc de Vázquez Rial no hay por dónde cogerla. La democracia (estado de derecho) no exige “tratar con todo el mundo en pie de igualdad”, sino la igualdad de todos ante la ley, incluso del gobierno. Los individuos, en principio,  tienen derecho a tratar a otros con la desigualdad que les salga de sus reales. Lo de “amar a los prójimos que no piensan lo mismo que uno” es una auténtica salida de pata de banco. El estado de derecho no exige amor, ni siquiera respeto positivo hacia el prójimo, sino simplemente no atentar contra sus derechos legalmente reconocidos. En fin ¿ama Vázquez Rial a los judeófobos? Apuesto lo que sea que no los puede ver ni en pintura.

Yendo al grano:

Israel ha tenido en mi existencia el mérito de hacerme conocer gente de todos los colores y de todos los orígenes sociales, con pensamientos distintos, con deseos distintos, hasta con locuras distintas, pero toda coincidente en la defensa del Estado, del judaísmo y de la judeidad, con los más diversos matices.

Esto del final no hace falta que lo jure. La defensa del Estado judío, se entiende; y la destrucción del resto. Es un hecho sobradamente conocido que la ley judía discrimina en perjuicio del gentil sistemáticamente, sin reparar en lo que los cristianos consideramos criminal (los cristianos no “judeocristianos”, va de suyo). Debería comprobar cuánto aman los judíos al prójimo gentil.

… tampoco, por lo tanto, soy sionista, en el sentido que los pioneros daban al término. Soy, eso sí, irrenunciablemente occidental, y es por eso que Israel forma parte de mí y yo de Israel.

Vemos que está metido de lleno en el mito de la cultura “judeocristiana”, expresión que no tiene más de 50 años (¿sabe alguien cuándo se empezó a repicar?). Desde luego, es muy libre de pedir pasaporte israelí. Dudo que se lo den tan fácilmente a un gentil. El pasaporte español lo dan con muchos menos requisitos. Curiosamente, la judería está continuamente lanzando a los europeos acusaciones de xenofobia, racismo y demás delitos de lesa humanidad cuando alguien se queja de que hay muchos inmigrantes. Fariseísmo judaico, valga la redundancia.

No busco ninguna causa menuda para esa lealtad, que lo es a mí mismo. Es –lo escribí aquí hace unos días, citando a una querida e inteligente amiga– una cuestión de decencia. Esto es Occidente, son milenios de civilización. Si alguien prefiere limitar su lealtad a su ayuntamiento, a su lengua, a su autonomía, a su nación, es cosa suya. Pobre, comparativamente, causa menuda, pero legítima.

Pues eso es precisamente el judaísmo, una ideología –ha dejado de ser religión- de separación étnica.

Si podemos recorrer juntos una parte del camino, bienvenido sea el compañero circunstancial mientras dure. Y si en un momento descubrimos que, para llegar a Jerusalem, él prefiere pasar por Olot y yo por Madrid, no me inquietará, porque lo importante de verdad es Jerusalem.

Desde luego, si para Vázquez Rial lo importante es Jerusalén, se comprende todo lo que dice. Pero ¿a qué Jerusalén se refiere? ¿a la judía, a la cristiana o a la mahometana? Es pregunta retórica.

La guinda:

Los nacionalismos periféricos españoles construyen su muralla para señalar a España su carácter ajeno. El nacionalismo judío, que había proyectado un territorio propio sin murallas, tal vez como compensación por largos siglos de gueto, se encuentra con que el mundo levanta murallas a su alrededor para mantenerlo aislado. Los judíos jamás levantaron un muro para separarse de los demás, pero siempre encontraron quien lo hiciera por ellos.

Estos judeófilos deberían leer un poco más, aunque solo fuera para no evitar el bochorno que nos produce su ceguera. Horacio, por favor: A People That Shall Dwell Alone: Judaism as a Group Evolutionary Strategy

3 comentarios

  1. Bueno… Este señor Horacio hace tiempo que dejó de tomarse la medicación. ¿En qué secta dice que está? El artículo es una procesión de disparates y delirios a cada cual más absurdo, pero hay que reconocerle que entra dentro de la propaganda del stablishment dominante, así que seguramente más de uno habrá enmarcado el artículo de marras y lo habrá colocado sobre la cabecera de su cama, o lecho, de lechuguino. Saludos.

  2. «Nobilitas» de Alexander Jacob es uno de los libros que le han valido a Pedro Varela la cárcel en la que actualmente está. Y esta es la prueba irrefutable de la verdad que expone el libro: la democracia es el peor de los sistemas de gobierno, que pone en la cumbre del poder a la mediocridad y la demagogia. En definitiva: el sistema más imperfecto, injusto y contrario al orden natural.

    En venta en la Libreria Europa (supongo que todavía).

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