11 comentarios a “El Apokalipsis según Castellani”

  1. optione

    Gracias AMDG por tener presente y recomendar la obra del padre Leonardo Castellani, asimismo por seguir a Radio Cristiandad en estos difíciles momentos, ya que tanto uno como otro han sido proscritos de tantos sitios “amigos” y la mera referencia a ellos es motivo suficiente para ser tachado de fascista, milenarista, apocalíptico, sedevacantista, celo amargo o cualquiera de los epítetos que te lanzan a la cara los bien pensantes.
    En estos tiempos de oscuridad provocada, dejarse guiar por los pensamientos de Castellani es un bálsamo para el espíritu y una satisfacción escuchar Radio Cristiandad, a pesar de los intentos de todo tipo por silenciarla.

  2. Arjun

    Optione

    Te dejo aquí el texto aludido en otro lugar. Tiene más de 10 años, o algo así. Le dí forma de Carta al Director. ¡La mandé! Nunca supe si fue publicada. Yo aseguraría que no.

    Cambiando los actores y el escenario, se podría aprovechar la idea. Yo la sigo encontrado genial. Y definitiva.

    (En ese escrito doy a entender que soy argentino, sin afirmarlo, por necesidad del guión).

    VIOLENCIA EN EL FÚTBOL. LA SOLUCIÓN FINAL

    Sr. Director

    El fenómeno de la violencia en el fútbol en la Argentina en general y en Tucumán en particular ha llegado a unos inquietantes e intolerables extremos que reclaman imperiosamente una solución efectiva y duradera para acabar definitivamente con estos malones que asolan el país con antediluviana brutalidad de lunes a domingos, 52 semanas al año, y que humillan el concepto mismo de civilización socavando las bases de la sociedad organizada y libre.

    Impelido por el exigente reclamo de mi conciencia forjada en los más estríctos parámetros intelectuales, morales y filosóficos, y aguijoneado por una indeclinable vocación de servicio, expongo aquí urbi et orbe, y ofrezco por la misma ocasión a las autoridades y a la ciudadanía toda, de manera totalmente gratuita y desinteresada, una idea largamente madurada, que un elemental sentido de la modestia me impide calificar de genial, y cuyos resultados provocarán, a no dudarlo, el asombro agradecido de las generaciones venideras que se preguntarán, con incredulidad no exenta de cierta reprobación, cómo fue posible que sus antepasados pudieran vivir tanto tiempo con esta lacra ante de aplicar las radicales medidas que se imponían.

    Tras sesudas cavilaciones y desvelos sin fin, he dado con la clave para solucionar para siempre este grave problema social que perturba la convivencia pacífica y armoniosa y castiga ultra mesura la salud moral del gran pueblo argentino, incesantemente mortificado por este azote que nos hemos propuesto erradicar. Paso seguidamente a exponer a la opinión pública a través de su digno intermedio, si no en sus mínimos detalles cuanto menos en sus líneas maestras, el plan magistral que en mi afanoso empeño filantrópico he diseñado para intentar poner un punto final a esta perturbadora situación que llena de desasosiego a la sociedad entera.

    Seré breve y conciso. La base de mi propuesta es de carácter homeopático. El modelo a seguir sobre el que se basa mi propuesta es el siguiente. Para apagar los descomunales incendios petrolíferos se utiliza dinamita “a rolete”: la devastadora violencia de la explosión acaba con el fuego al eliminar súbita y drásticamente los elementos que lo alimentan y las condiciones que le dan vida. Muerto el perro se acabó la rabia. Este es el principio que sustenta nuestra teoría y la metodología a aplicar en la práctica. A grandes males grandes remedios. Lo demás es literatura.

    Mi propuesta es esta: los días de fútbol (o sea los 365 días del año, 366 los años bisiestos), una vez movilizada la tropa necesaria, se amontonarán las hordas de las barras bravas en los estadios y en sus aledaños y se acordonará fuertemente la zona con la fuerza pública debidamente pertrechada. Se evacuará del vecindario la población no beligerante en aplicación de la Convención de Ginebra sobre el elemento civil en zona de conflicto y se la mantendrá tras un perimetro de seguridad de tres cuadras como mínimo en un medio urbano edificado y de 500 metros en terreno descampado. Como complemento a esta medida se impedirá manu militari el paso a los transeúntes ajenos al acontecimiento y el transporte público quedará suspendido hasta el fin del operativo.

    Se procederá a continuación a incautar a estos salvajes (sin discriminaciones ni favoritismos de ninguna índole) todos los elementos contundentes (romos, puntiagudos y cortantes) que pudieran llevar encima: cuchillos, barras metálicas, ladrillos, cadenas, machetes cañeros, botellas de vidrio, damajuanas, garrotes, piedras, trozos de mamposteria, martillos, llaves “pico de loro”, pedazos de cordón cuneta, ganchos de carnicero, “chuzas” hechizas, etc… Estos heteroclitos objetos, además de dar una imagen desprolija y tercermundista de la Argentina del siglo XXI, podrían entorpecer y malograr el objetivo que perseguimos. La capacidad homicida de las armas que acostumbran a llevar encima estos vociferantes cafres deja mucho que desear y suelen ofrecer resultados muy desparejos e insatisfactorios: hematomas y escoriaciones de menor cuantía, huesos rotos, cabezas abiertas, hemorragias raramente letales, lesiones aparatosas a veces pero por lo general pasajeras y desdeñables, con suerte algún hincha eviscerado de vez en cuando, un muerto cada tres meses. En definitiva: un irritante goteo que nada soluciona, mucho ruido y pocas nueces.

    Esto tiene que cambiar. Esta falta de seriedad y rigor, que nos deshonra como raza viril y dominante tiene los días contados. Estamos en el tercer milenio y no podemos seguir con estas ridículas artesanías propias de pueblos sin vocación imperial. Pretendemos alcanzar la excelencia y abominamos de las chapuzas de la Argentina “atada con alambres” (herrumbrados) y “tapada con plásticos” (rotos). Se impone una nueva mentalidad superadora de la proverbial pasividad e ineficiencia argentinas. Vamos a hacer las cosas bien por una vez.

    Realizado este primer paso, se procederá a la entrega de un “set de exterminación” consistente en un revólver del calibre 38 (o una pistola 9 mm Parabellum) y 50 balas explosivas por barba a todos los fanáticos que hubiesen renunciado a la última oferta de salir con las manos en alto de la cancha y marcharse a casa (sin afanar nada por el camino). En caso necesario o por dificultades en el suministro, se aceptará con carácter excepcional el calibre 32, pero nunca el 22 (ni corto ni largo) por ser este último un calibre de escaso poder letal, y además propio de aprendices sin agallas y de afeminados histéricos. Se pondrá especial atención en la distribución del armamento y se reprimirá severamente a los egoístas y los acaparadores que pretendan, con malas artes, engaños y sobornos, hacerse con dos o más armas o con munición ajena, quebrantando con esas reprobables maniobras propias de malandras sin escrúpulos el reparto democrático previsto, y violentando el principio constitucional que garantiza la igualdad de los argentinos y sanciona su derecho inalienable a gozar de las mismas oportunidades en toda circunstancia. Ni qué decir tiene que todo el proceso se desarrollará en presencia de un juez asistido de su secretario que fiscalizará la pureza jurídica del evento. Se puede añadir un cura para las confesiones de último momento y las extremaunciones que generarán las devastadoras contiendas efectuadas por el sistema que aquí propongo.

    Para asegurarse una cuota de superior eficiencia en este trascendental cometido, se suministrará a las hinchadas, en los prolegómenos de cada partido, cerveza en la modalidad de barra libre y un litro de Fernet con Coca por cabeza, lo que además de procurarles a estos desaforados un estado de superlativa exitación y potenciar su agresividad hasta alcanzar un óptimo furor asesino, les servirá de anestesia en el momento de recibir los impactos balísticos en su enfebrecida anatomía. El único inconveniente razonable a la ingesta masiva de alcohol de estos energúmenos, es que su puntería se puede resentir negativamente. Pero tratándose de recintos generalmente cerrados y por añadidura abarrotados como latas de sardinas, podemos confiar en que esta pequeña contrariedad pueda ser comodamente superada y no afecte sustancialmente el resultado buscado, que no es otro que la destrucción total de estas montoneras y la solución final de esta cuestión.

    Una vez llegados a este crítico punto, la fuerza actuante se retirará a una distancia prudencial, y convenientemente parapetada, tras haber ordenado el desencadenamiento de las hostilidades con el disparo de una bengala, esperará el término de la balacera. Acabado el tiroteo (ya sea por agotamiento de la munición o por aniquilamiento de los bárbaros), que por regla general habrá de ser siempre inferior a los 90 minutos de un partido normal (debido al irrefrenable entusiasmo de los contendientes y a la saña hotentote con la que se exterminarán mutuamente), se esperará sin embargo el tiempo reglamentario antes de intervenir, con el fin de darle oportunidad a los heridos graves de desangrarse irreversiblemente y a los supervivientes de enloquecer de pánico y desesperación. El Servicio Provincial de Salud (los tétricos y amohosados hospitales de la provincia) harán el resto con los infelices que, habiendo logrado salir con vida de la masacre, tengan la desgracia de dar con sus huesos en algún nosocomio tucumano. (Quizá sea preferible morir virilmente en el campo de batalla, cara al cielo, rodeado de amigos y enemigos y llenos de alcohol “hasta el pulmón y la cucusa”.

    Según cálculos moderadamente optimistas, podemos confiar en alcanzar una mortandad promedio del 50% por encuentro y hasta del 70% en los partidos de máxima rivalidad. Siempre que no falte la munición, el éxito está asegurado. Si se aplica rigurosamente esta receta sin mojigaterías pusilánimes ni prejuicios pequeñoburgueses, podemos esperar razonablemente que el problema de la violencia en el fútbol tenga los días contados. En el espacio temporal de una liga no interrumpida por ningún lunático aguafiestas, el asunto puede quedar definitivamente zanjado. Una vez comprobada la eficacia del método propuesto en el ámbito provincial, se podrá extenderlo a toda la República Argentina y, ofreciendo al orbe entero en los foros internacionales adecuados (ONU, OEA, etc…) esta infalible fórmula, se demostraría a propios y extraños que la Argentina no sólo responde exclusivamente al manido tópico de “buena carne y buenas hembras”, sino que también posee “know how” de última generación para los desafíos de la era posmoderna. Por otra parte la hecatombe aquí diseñada muy bien podría constituir el principio del fin de los aparentemente irresolubles problemas argentinos.

    Con la legítima satisfacción moral del hombre que siente haber cumplido cabalmente con el dictado de su conciencia y haber superado honrosamente un reto intelectual de primera magnitud y gran complejidad, me despido en la confianza de que esta propuesta sea valorada en su justo valor y sea asimismo llevada algún día no muy lejano al terreno de la práctica real, prohijando por este camino el advenimiento de una era de paz, concordia y progreso, tan necesaria a esta Argentina de nuestros amores y desvelos y tan esperada por este pueblo en exceso castigado por la adversidad. La Patria nos lo exige. Las generaciones futuras nos lo agradecerán. La Argentina que soñaron los próceres de la nacionalidad aún es posible. Reverdecerán los reverenciados laureles que un día supimos conseguir.

    Le saluda muy atentamente.

    Fulano de Tal

    (El financiamiento de los costes de este programa -munición, bebidas, fuerzas policiales, morgue, etc…- podría ser solventado con la venta de los derechos de retransmisión a los canales de TV nacionales e internacionales, como ESPN, etc…)

  3. Arjun

    Caígo en la cuenta de que mi texto anterior ha aparecido bajo una entrada que lleva en su título la palabra apocalipsis.

    Sería entonces: “El Apocalipsis según Arjun”. No pretendo competir con los dueños de la idea, pero hago mis pinitos. En plan artesanal, pero con convicción y “savoir faire”. Aporto lo mío.

  4. alfonso

    ” (los tétricos y amohosados hospitales de la provincia)”

    ¿DICEN “AMOHOSADOS”? NUNCA HABÍA ESCUCHADO ESO.

    SUPONGO QUERRÁN DECIR “ENMOHECIDOS”. NO?

  5. alfonso

    Reconozco que en América hay lugares donde se habla bien el castellano, como puede ser barrios altos de la ciudad de Lima o incluso áreas rurales de los Andes Colombianos. Un castellano muy puro y correcto, en no pocas ocasiones mejor que el nuestro. En Argentina tiene bastante riqueza léxica.

    No obstante hay veces que pegan unas tremendas patadas al diccionario, peores incluso que las que se pegan por aquí.

  6. optione

    AMDG,
    hasta hace relativamente poco tiempo Radio Cristiandad emitía su programación por FM desde la provincia de San Luís (Argentina), pero por motivos obvios la “autoridad” competente secuestró el equipo emisor buscando silenciar su labor (puede verse el momento en que la policía irrumpió en los estudios y confiscó el aparato amisor en Youtube). Desde entonces los programas se elaboran como si fueran a emitirse normalmente y se cuelgan en internet a modo de una especie de “radio virtual”. De esta manera funciona también Radio Convicción de Chile.
    Actualmente se intenta silenciar a Radio Cristiandad mediante el estrangulamiento económico, pues funciona con aportaciones (limosnas), privadas de simples oyentes fieles. Ni que decir tiene que debido a la situación económica imperante en el país tales aportaciones, aunque bien intencionadas, son escasas e insuficientes. La permanencia de Radio Cristiandad es, a mi modo de ver, simplemente milagrosa.
    A esto hay que añadirle la actual persecución del superior de la FSSPX en América del Sur, que ha decretado una cruzada contra ellos prohibiendo a sus fieles cualquier colaboración, contacto e, incluso, leer sus blogs. De hecho el referido padre, ha decretado el que no se les administre los sacramentos a quienes conforman Radio Cristiandad… ¡Tal como te lo cuento!
    Te encomiendo en tus oraciones a estos buenos hermanos en la fé y en la lucha que están pasando por muy graves momentos.

  7. optione

    ARJUN,
    nuevamente me descubro ante la genialidad de tus propuestas y las suscribo por entero (hasta casi me dan ganas de apuntarme en algún partido de esos que propugnas). Coñas aparte, casi que es el único medio que veo para acabar con las dichosas barras bravas de por aquí. Esos grupos organizados y financiados no ya por los clubs de fútbol, si no por los partidos políticos que sumergen en el caos y la violencia barrios y ciudades enteras según el día del calendario de liga o la orden del puntero político de turno. Aquí que estamos de elecciones ¡bendita democracia!, estos profesionales de la agitación y la coacción están haciendo su agosto -nunca mejor dicho- paseándose en las chatas atiborradas de negros vocingleros haciendo de mamporreros de los caciques políticos locales. La kurda les dura desde que enviaron a segunda división al River y ascendió Belgrano a primera. La hinchada de River destrozó medio Buenos Aires, el gobierno intervino lo que pudo amañando, sobornando, amenazando y cuando no resultó intentó cambiar la actual liga haciendo de la segunda división una “primera paralela” para que el binomio River-Boca siguiera vivo. El fútbol en este país es una religión. Se vive y se mata por una camiseta . Lo que ignoraba es que la política y el futbol son una misma cosa.

  8. Arjun

    Optione

    Ves como tenía razón (como Enoch Powell en otro orden de cosas). Si me hubieran hecho caso cuando puse mi propuesta a disposición de quienes tienen el deber de velar por el progreso y el bien público, la violencia en el fútbol, que desborda el marco físico de las periódicas revueltas de las ligas argentinas (de primera hasta quinta regional), hubiera sido atajada radicalmente. Y de paso las empresas de pompas fúnebres hubieran hecho el agosto.

    Estamos predicando en el desierto. Es el sino de los profetas verdaderos: ser ninguneados como Casandra.

  9. optione

    Si AMDG, es terrible y la cosa todavía no ha terminado. La caza de brujas desencadenada entonces aún contínua y el que suscribe, junto con unas pocas familias más, somos de los reaccionarios recalcitrantes. En estas últimas semanas la presión se ha recrudecido y tras las amenazas veladas, la comparecencia ante el prior para que se nos administre la consabida filípica y el ser mirados por nuestros, hasta ahora correligionarios, como parias apestados puede desembocar, me temo, en una tábula rasa donde mi cuello, el de mi familia y el de otros católicos perplejos, será hábilmente separado del resto, (es un decir).
    Reza mucho por esta triste situación en la que nos encontramos que, aunque tranquilos de espíritu y confiados en la Divina Providencia, es una dolorosa realidad.

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