
Es duro de aceptar, pero no cabe negarlo, ni siquiera ocultarlo, menos aún justificarlo: el Papa actual está dedicado a la destrucción de lo que queda de la Cristiandad europea. Como cualquier inmigracionista imbuido del odio a la Cristiandad europea.
Me refiero a su gesto de traer al Vaticano a 12 inmigrantes mahometanos, dejando en tierra a dos familias cristinas. Dice que no tenían los papeles en regla, como si eso fuera importante para él. Y a sus continuas majaderías (creo que le llaman bergolladas), como esta: Los inmigrantes no son peligrosos, están en peligro”. Bergoglio es tan insufrible como un tonto con un trompeta. Llevaba así desde el día en que fue elegido, pero ha llegado al delirio con la entre entrevista concedida al diario La Croix con perlas como esta sobre las raíces cristianas de Europa:
“Hay que hablar de raíces en plural… Cuando oigo hablar de raíces cristianas de Europa, temo a veces el tono, que puede ser triunfalista o vengativo. Entonces esto se convierte en colonialismo.”
Y con esta guinda sobre el miedo al Islam:
“No creo que haya que tener miedo al Islam… La idea de conquista es inherente al espíritu del Islam. Pero se podría interpretar el final del Evangelio de Mateo, donde Jesús envía a sus discípulos a todas las naciones, desde la misma idea de conquista.”
¿Podríamos pensar que algún Vicario de Cristo podría alguna vez comparar la predicación del Evangelio –mandato suyo que el desatiende- con poner bombas y matar personas por cientos? Pues sí, ha sucedido, con luz y taquígrafos.
No es de extrañar que le hayan dado el Premio Carlomagno, cuyo objetivo según su fundador es este:
El premio actúa hacia el futuro y conlleva un deber de contenido sumamente ético. Se dirige, regenerado por una nueva fuerza, a la unificación de los pueblos europeos para defender los más altos valores humanos: la libertad, la humanidad y la paz, para ayudar a los pueblos oprimidos y marginados, y para asegurar el futuro de los hijos y de los nietos.
Carlomagno, que no dudó en usar la espada para propagar la fe, es una excusa.
En la lista de premiados podemos ver la flor y la nata de los destructores de las naciones europeas, empezando por el siniestro Kalergi. Aparte de este Papa, está el anterior, y Fundador de la Comunidad de San Egidio.
La pregunta que me hago es quien y por qué lo puso ahí. No cabe pensar que los cardenales votaran al buen tuntún, pero peor aún es pensar que lo hicieron –y es lo más probable- con conocimiento de causa, y por tanto con malicia.
Pensando en téminos humanos, el infierno será poco para estos canallas.
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