
Los capítulos a partir del XV se dedican a exponer las distintas instituciones religiosas, políticas y sociales de los turcos. El XV en particular está dedicado a la religión de la seta (secta) mahometana. Los comentarios que hace son… ¿cómo lo diría? Punto más que sabrosos, casi picantes. Ahí van:
Segunda parte Vida y costumbres de los turcos
Capítulo XV, La religión
JUAN.-¿Y qué confesión tienen?
PEDRO.-Ir limpios quando van a hazer su oraçión, que llaman zala, y muylavados; de manera que si han pecado se tienen de lavar todos con unos aguamaniles, arremangados los brazos; y si han orinado o descargado el vientre, conviene que vayan lavadas lo primero las partes baxeras.
(…)
JUAN.-¿No hay más fundamento deso?
PEDRO.-No cabe demandarles razón de cosa que hagan, porque lo tienen de defender por armas y no disputar. Lo mesmo hazen si topan un bocado de pan, diçiendo que es la cara de Dios. La boca, brazos y narizes y cabeza se han de labar tres vezes y los pies.
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JUAN.-¿Las mugeres no pueden entrar en la iglesia?
PEDRO.-Muy pocas vezes, y éstas no todas. Cantoneras en ninguna manera, ni mugeres que no sean casadas a ley y vendiçión suya; vírgines y viudas, después de çinco meses, pueden entrar, pero han de estar en un lugar apartado y tapadas, donde es imposible que nadie las vea, porque dizen que les quitan la devoçión.
JUAN.-Ponerlas donde nadie las pueda ver en ninguna manera, bien hecho me paresçe; mas vedarles que no entren dentro, no. ¿Y hazen sacrifiçios?
PEDRO.-La pascua grande, que llaman bairam biuc, son obligados todos a hazer qualque sacrifiçio de vaca o camello y repártirlo a los pobres, sin que le[s] quede cosa ninguna para ellos, porque de otra manera no aprobecha el sacrificio. Quando están malos, usan, según la facultad de cada uno, sacrificar muchos animales, que llaman ellos curban, y darlos por amor de Dios. Los prínçipes y señores, quando se ven en neçesidad, degüellan un camello, y dizen que la cosa que más Dios oye es el jemido que da quando le degüellan; y en todo dizen que, ansí como Dios libró a Isach de no ser degollado, quiera librar aquel enfermo.
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MATA.-¿Y si comen y beben, no cagarán el Paraíso?
PEDRO. -Maravillábame como no salíais ya; toda la superfluidad ha de ir por sudor de mill delicados manjares que tienen de comer, y han de tener muchas moças vírgenes de quinçe a veinte años, y nunca se tienen de embegezer, y los hombres todos tienen de ser de treinta sin mudarse de allí.
JUAN.-¿Han de tener açeso a las vírgines?
PEDRO.-Sí, pero luego se tienen de tornar a ser vírgines. Moysén y Mahoma serán los mejor librados, que les dará Dios sendos prinçipados que goviemen en el çielo.
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JUAN.-¿Qué meresçe quien blasfema?
PEDRO.-De Dios, cient palos; de Mahoma, muerte.
JUAN.-¿Pues en más tienen a Mahoma que a Dios?
PEDRO.-Diçen que Dios es grande y puede perdonar y vengarse; mas Mahoma, un pobre profeta, ha menester amigos que miren por su honrra.
JUAN.-¿Están dotadas las mezquitas como nuestras iglesias?
PEDRO.-Todas, pero las dignidades de cadileschier, muftí y cadí el rey lo paga; las otras maneras de saçerdotes tienen sus rentas en las mezquitas: quién tres reales, quién quatro y quién uno al día; y si esto no basta, como todos son casados y en el hábito no difieren de los seglares, hazen ofiçios mechánicos; ganan mucho, como allá no hay emprentas, a escribir libros, como el Alcoram, el Musaf y otros muchos de cançiones.
JUAN.-¿Caros valdrán desa manera?
PEDRO.-Un Alchoram, comúnmente, vale ocho ducados; quando murió el médico del Gran Turco, Amón, se apreçió su librería en çinco mill ducados, por ser toda de mano, y le había costado, según muchas vezes le oí jurar, 8.000, y çierto los valdría, aunque yo para mí no daría quatro reales.
(…)
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… y sobre comida toman çiertas yerbas en polbos, que llaman aseral; yocreo que es cáñamo, que los haze estar, aunque no quieran, los más alegres del mundo, como borrachos. También le mezclan opio, que llaman afion; y toma el general el libro de las historias y házele leer públicamente que todos le oyan, y a la tarde hazen grandes hogueras, alderredor de las quales vailan, como todos están borrachos, y cada uno con un cuchillo agudo se da muchas cuchilladas muy largas por los pechos, brazos y piernas, diziendo: Ésta por amor de Ulana, ésta por amor de la tal. (…) Son sobre todo esto grandíssimos bujarrones.
Se trata de una especie de asociación religiosa.
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