Viaje de Turquía, de Pedro de Urdemalas (10): Segunda Parte. La justicia turca. El ejército Pincha para leer los artículos anteriores.

Viaje de Turquía, Pedro de Urdemalas
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Capítulo XVI, La justicia. El sultán

La más común de todas las justiçias en casos criminales, como no los hayan de matar ni abergonzar por la tierra, es darles de palos allí luego, frescos, casa del mesmo juez: porque riñó, porque se emborrachó, porque blasphemó livianamente, porque de otra manera le queman bibo.

JUAN.-¿En dónde le dan los palos?

PEDRO.-En las plantas de los pies. Toman una palanca y en medio tiene un agujero, del qual está colgado un lazo. y por aquél mete los pies; y échanle en tierra, y dos hombres tienen la palanca de manera que los pies tiene altos y el cuerpo en tierra; cada juez y señor tiene una multitud de porteros, que traen, como acá varas, unos bastones en la mano; y éstos le dan uno de un lado y otro de otro los palos que la sentençia manda; por cada palo que les dan han de pagar un áspero a los que les dan, y ansí se le dexan después de haver pagado.

JUAN.-Válame Dios, ¿y no le mancan?

PEDRO.-Allá va coxeando y le lleban acuestas; por tiempo se sana, pero muchos veréis que siempre andan derrengados, tal vez hay que se quiebren de aquellos bastones, en uno diez y veinte, como dan medio en vago. Quando Çinán Baxá, mi amo, era Virrey, no lo tengáis a burla, que por Dios verdadero ansí venían cada semana cargas de bastones a casa como de leña, y más se gastaba ordinariamente. Hay cada día muchos apaleados en casa de cada juez. Un día que Çinán Baxá me hizo juez, yo executé la mesma justiçia.

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JUAN.-¿Cómo se haze el Consejo Real?

PEDRO.-En Turquía todos son esclabos, sino sólo el Gran Turco, y destos, tres más privados haze Vaxás, que, como dicho tengo, es dignidad de por vida, los quales tres Vaxás son los mayores señores que allá hay

(…)

JUAN.-Espántame deçir que todos sean allá esclabos, sino el Rey.

PEDRO.-Todos lo son y muchas vezes veréis uno que es esclabo del esclabo del esclabo; azemileros, camelleros y jente de la guarda del Gran Turco y otros ofiçiales neçesarios, entended que hay como acá tienen nuestros Reyes, sin que yo los quente médicos, y barberos, y aguadores, y estuphas.

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PEDRO.-Ninguno, ni de quantos pajes he contado, que son más de doçientos, puede salir ni asomarse a ventana más que las mugeres; porque son çelosos, y como creo que os dixe otra vez ayer, todos, desde el mayor al menor, quantos turcos hay son buxarrones, y quando yo estaba en la cámara de Çinán Baxá los vía los muchachos entre sí que lo deprendían con tiempo, y los mayores festejaban a los menores.

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Capítulo XVII, El ejército

MATA.-¿Lleban putas?

PEDRO.-En todo el exérçito de ochenta mill hombres que yo vi, no había ninguna. Es la verdad que, como son buxarrones y lleban pajes hartos, no hazen caso de mugeres.

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JUAN.-Que paga uno de catorze años arriba un ducado, ¡qué barbarería es tratar a los pobres y a los ricos de una mesma forma!

PEDRO.-No tocáis mal puncto, y por eso os tengo dicho que preguntándome me haréis acordar muchas cosas. El pobre y el rico, en tocando los años catorze, es empadronado en el libro que llaman del aracho, y si es pobre paga un escudo y el rico tres.

Se trata de la famosa capitación del infiel, con la que paga el que le dejen vivir.

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MATA.-¿De artillería es bien probeído?

PEDRO.-No lo solía ser, ni tenía maestros que los enseñasen, principalmente el encabalgar las piezas en carretones, hasta que echaron los judíos de España, los quales se lo han mostrado, y el tirar d’escopetas, y hazer de fuertes y trincheras y todos quantos ardides y cautelas hay en la guerra, que no eran antes más que unas bestias.

Cumplida venganza tomaron.

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