Nos lo presentan de forma distinta («los partidarios de Donald Trump son más propensos a sentir asco por el olor corporal«), pero a estas alturas hemos aprendido a leer entre líneas:
Puede parecer normal sentir desagrado ante el olor a pies sudorosos o el mal aliento.
Pero las personas que retroceden ante olores corporales desagradables son más propensas a apoyar a los líderes autoritarios, mientras que a los liberales aparentemente les molesta menos una axila espesa.
Es bien sabido: los fachas son aseados, a diferencia de antifas, perroflautas y especies del mismo género.