La obligación que tiene todo musulmán con recursos suficientes de visitar la Meca al menos una vez en la vida supone una carga muy pesada para el medio ambiente. Los musulmanes de todo el mundo deben desplazarse decenas de miles de kilómetros hasta el antiguo templo pagano de la Meca, del que Mojamé destruyó todos los ídolos menos uno, «el más grande».
Sin embargo, nuestros progres no se atreven a realizar estudios al respecto. Imagino que para que no les acusen de «islamófobos». Prefieren meterse con las prácticas culturales de quienes no tienen por costumbre rebanar el cuello de quien les critica. Por ejemplo, unos investigadores de Manchester han calculado que la cena tradicional de la Navidad inglesa, con su pavo y demás, implica una emisión de 51 mil toneladas de CO2.
A estos investigadores habría que obligarlos a ducharse con agua fría. Creo además que es muy sano.
Imaginate la emisión de gases con todos esos comedores de alubias dando vueltas a la piedra.