Viaje de Turquía, de Pedro de Urdemalas (8): La fuga de Pedro. Vida y costumbres de los griegos. Italia

Viaje de Turquía, Pedro de Urdemalas
Viaje de Turquía, Pedro de Urdemalas

Este capítulo trata también de las costumbres griegas:

p. 305:

MATA.-¿Tan jente bebedora es la griega?

PEDRO.-Como los alemanes y más. Salbo, que en esto difieren, que los alemanes beberán pocas vezes y un cangilón cada vez; mas los griegos, aunque beben mucho, comen muy poco y beben tras cada bocado con pequeñita taza. Podéis creer que de como el que escançia toma la copa en la mano, aunque no sean más de tres de mesa, hasta que se bayan, que no cesará la copa ni porná los pies en suelo aunque dure la comida dieçiséis horas, como suele.

MATA.-¿Que dieçiséis horas una sola comida? Pues aunque tubiesen todos los manjares que hay en el mundo bastaban tres.

PEDRO.-Por no tener manjares muchos son largas, que si los tubiesen, presto se enhadarían. Con un platico de azitunas y un taraçón de pescado salado, crudo, entre diez, hay buena comida; y antes que se acabe beberán cada seis vezes; luego si hay huebos con cada sendos asados, tardándolos en comer dos horas, beberán otras tantas vezes.

MATA.-¿Pues en qué tardan tanto?

PEDRO.-Como no va nadie tras ellos, y son tan habladores que con el huebo o la taza en la mano contará uno un quento y escucharán quatro.

MATA.-¿Parleros son al comer como vizcaínos?

PEDRO.-Con mucha más criança, que esos parlan siempre a troche moche y ninguno calla, sino todos hablan; mas los griegos, en hablando uno, todos callan, y le están escuchando con tanta atençión que ternían por muy mala criança comer entre tanto; y no os marabilléis de dieçiséis horas, porque si es algo de arte el combite, será manteniendo tela dos días con sus noches; agora sacan un palmo de longaniza; de aquí a una hora hostrias, que es la cosa que más comen; tras éstas, un poco de hinojo cozido con garbanços o espinacas; de allí a quatro horas un pedaçillo de queso; luego sendas sardinas; si es día de carne, un poco de zezina cruda, y desta manera alargan el combite quanto quieren.

Sobre la almáciga:

p. 312:

PEDRO.-El pueblo como por veredas es obligado a labrarlo y tener el suelo limpio como el ojo,porque quando lloran los árboles y cae no se ensuçie; todos los árboles están sajados y por allí sale, y ningún particular lo puede tomar para vender, so pena de la vida, sino la mesma Señoría lo mete en unas cajas y da con parte dello a Génoba y otra parte a Constantinopla; y tienen otra premática que no se puede vender cada caja, que ellos llaman, menos de çient ducados, sino que antes la derramen en la mar y la pierdan toda.

Un ejemplo de monopolio de la oferta.

p. 317:

MATA.-¿Y es como dezían o como Troya? ¿0 no hay agora nada?

PEDRO.-La çibdad está en pie, no como solía, sino como Pérgamo; de hasta dos mill casas, mas labradas no a la antigua, sino pobremente, como a la morisca.

JUAN.-¿Y hay todavía escuelas?

PEDRO.-Ni en Athenas ni en toda Greçia hay escuela ni rastro de haber habido letras entre los griegos, sino la jente más bárbara que pienso haber habido en el mundo.

Así se acaba con una civilización, basta descabezarla. El Islam ha acabado con muchas, sin dejar más rastro que los libros que han entrado en Europa… y aun dicen que se lo tenemos que agradecer. Y una higa de postre.

p. 319:

MATA.-El pronunçiar es lo de menos.

PEDRO.-No puedo dexar de daros a entender por solo eso la grandíssima falta que todos los bárbaros d’España tienen en lo que más haze al caso en todas las lenguas.

La pronunciación de los españoles al hablar lenguas foráneas sigue siendo igual de deficiente. Me incluyo.

* * * * *

A la altura del capítulo XIII Urdemalas ha llegado a Italia, por donde se desplaza. Describe igualmente ciudades, sitios y costumbres. Por ejemplo:

p. 343:

PEDRO.-Lo que estando yo allí vi por experiençia quiero deçir, y es que el Papa mandó haçer minuta de las [cortesanas] que había, porque tiene de cada una un tanto, y hallóse que había treçe mill, y no me lo creáis a mí, sino preguntadlo a quantos han estado en Roma, y muchas de a diez ducados por noche, las quales tenían muchos negoçiantes echados al rincón de puros alcançados, y haçiendo mohatras, quando no podían simonías;

Muchas me parecen a mí, pero…

p. 364:

MATA.-¡(…) ¿De manera que los florentines hizieron dar al relox por çifra?

PEDRO.-Si; de seis en seis.

JUAN.-¿Cómo?

PEDRO.-Quando ha de dar veinte y quatro que no dé sino seis, y quando ha de dar siete da una; sé que yo no me puedo engañar en seis horas, aunque esté borracho, que si me da una a estas horas no he de entender que es una hora después de puesto el sol.

Nunca lo había pensado. El sistema es mucho más cómodo que el de las doce horas, porque hay que tener mucha atención para contar hasta 10 ó 12.

p. 370:

en Parma y Plasençia, con su tierra se haze el queso muy nombrado plaçentino, que son grandes como panes de çera, y aunque allí vale varato, en todas partes es caro.

Se trata del parmesano, obviamente.

p. 372:

MATA.-¡Válame Dios! ¿Qué es la causa que en Florençia y por ahí son tantos los ricos?

PEDRO.-Por la multitud de pobres que hay.

Es decir, hay una gran concentración de proletarios, de mano de obra, lo que permite las manufacturas. Pero téngase en cuenta que antes casi todo el mundo era pobre, y que lo que ahora calificamos de pobre era mísero.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*