Testimonio personal de un viaje por Libia.

Me dejó aquí un lector o lectora un comentario recientemente. Al pinchar en su nombre me dirigió a un blog que, de momento, solo tiene una entrada, muy interesante, con el testimonio personal de un viaje por Libia:

La gente: hombres morochitos, flaquitos raquíticos o gorditos grasosos, no hay término medio, no hay físico atlético ni musculosos; mujeres morochas descoloridas y rechonchas, no se preocupan por su estado físico ni por su salud, comen comida picante y los lácteos no son bajos en colesterol.

Sí te puedo decir que pocas veces vi mujeres islámicas solas por la calle y siempre hay degenerados que le gritan cosas. Esos pobres hombres viven tan necesitados. Necesitados de amor y de compañía, de trato con el sexo opuesto, ya sea amistad o intimidad, no tratan con mujeres más de un hola y chau. Crecen con tanta inseguridad, miedo a que su mujer los engañe, miedo a que se las miren, miedo a que vean con el espantapájaros que se casó, miedo a que haya habido otro hombre antes que ellos. Tan poco hombres se sienten, y tan poco (tampoco) lo son.

Pero la envidia, la mentira, el hurto y la agresión existe constantemente. Son como un virus contagioso, no pueden evitar serlo, es lo que conlleva tanta vida desdichada.

Son extremadamente racistas hacia los negros africanos, los tratan como a animales, y eso que ellos tampoco quieren a los animales, no acostumbran a tener perros o cualquier otra mascotas en sus casas.

Cuando es la hora comienza a sonar por toda la ciudad una especie de alarma, que es un grito bastante lúgrubre y fuerte en el que se oye «Alahhhhhhhh» (un horror), uno de ellos a las 4 de la madrugada. No hacen más que inclinarse, arrodillarse y pararse para alabar a su dios en dirección a un cubo negro, de pedir perdón por los pecados ni hablar. Tan puros y religiosos que se creen, carecen totalmente de bondad y solidaridad.

La verdad les duele, tampoco la aceptan, su verdad es irracional, y aunque sea por religión, cultura o dogma, la coherencia siempre es coherencia, no hay vueltas que darle.

Fundamentos de alguien que lo vivió y estuvo ahí bastante tiempo. No so lo perdáis.

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