Otro comentario de Arjún que elevo a la categoría de entrada del blog. Trata un tema en el que también he pensado muchas veces: la consideración de un hecho histórico como verdad cuya negación o puesta en cuestión está legalmente penalizada, lo que equivale a su sacralización.
Como sabéis, la Iglesia católica considera pecado contra el Espíritu Santo la impugnación de la verdad conocida. Es el más grave pecado, imperdonable se dice, como la desesperación. Más que el aborto -el homicidio de un inocente- que pertenece «solo» a la categoría de pecados «que claman al cielo». Quiere esto decir que se considera a la falsedad flagrante y contumaz como uno de los mayores pecados. Pues bien, muchas sociedades seculares, laicas y demás monsergas han ido más lejos, y aplican a un asunto de conciencia el peso de la ley: han penalizado legalmente la negación de este hecho histórico. Podéis leer más aquí sobre lo que pienso al respecto: La verdad histórica no debe ser objeto de la legislación penal. Holocausto y Leyenda negra, ¿Tendremos que castrarnos los europeos para pagar por los crímenes de Auswitch?).
Arjún propone que se trata de suplantar el Sacrificio de Cristo por el Holocausto, y compara el Gólgota con Auswitch. Yo quiero añadir otra consideración: se trata también de desbancar el misterio de la Encarnación, el misterio principal del Cristianismo (Et Incarnatus est (2009)). Nótese que los cristianos lo consideramos un misterio por encima de la capacidad de entendimiento. De hecho, para mí, es un absurdo que lo infinito pueda hacerse finito (para JC, de La Terminal, no). Pues bien, hay quien quiere hacer también de este suceso histórico algo por encima de la comprensión humana.
Yo me niego a ello. No puedo considerar que NINGÚN suceso histórico esté por encima de la comprensión, porque sería sacralizarlo. Por la misma razón que entiendo que los no cristianos afirmen no hay ningún misterio en la Encarnación, y que el Cristo como todo mamífero placentario hubo de tener una madre y un padre de la misma especie, no puedo aceptar que se haga de un suceso histórico como puede ser la eliminación de una población molesta algo sagrado. Por lo demás, tampoco es un suceso único. En la misma época sufrieron los armenios y los campesinos ucranianos el mismo tratamiento criminal. Exactamente el mismo.
No puedo aceptar que a un hecho histórico se el le considere «crimen absoluto» y se les busquen explicaciones como la «maldad infinita del demonio nazi». No, la maldad infinita y el crimen absoluto no pueden existir en un mundo finito, así que hay que buscar explicaciones menos grandilocuentes: resentimiento de quienes sufrieron una derrota militar y una crisis económica fortísima, rechazo comprensible aunque desmesuradamente injusto del diferente, etc. Explicaciones que no son en ningún caso una justificación moral de este hecho criminal.
En fin, este es el artículo:
La Iglesia Católica se ve confrontada a las exigencias de una nueva religión resuelta a suplantar, entre otras, la suya. Y sin embargo parece incapaz de darse cuenta y reaccionar ante la amenaza de una Shoah que ambiciona imponerse en Occidente, y aun en otras comarcas del mundo, como una nueva religión, que por una vez podríamos calificar de verdaderamente «judéo-cristiana».
Sería el llamado «Pueblo Elegido» que fungiría de nuevo mesías, por haber sufrido el «martirio» del Holocausto por culpa del «demonio nazi», que aquí representa el conjunto del mundo europeo que debe asumir su culpabilidad hasta el final de los tiempos. A modo de Gólgota tendríamos Auschwitz, y en reemplazo del «santo sepulcro de Cristo» de los antiguos cruzados, el sagrado lugar supremo hacia el cual deberían obligatoriamente volverse las miradas y las plegarias sería el Museo Yad Vashem de Jerusalén.
En substitución de los templos y las iglesias actuales de un cristianismo que se desvanece, tenemos todos esos monumentos y «memoriales» de la Shoah que se intentan implantar hasta en los confines del planeta. Tal es así que en enero del 2006, la ONU ha consagrado una jornada para la celebración del nuevo culto cuyo catecismo ya es enseñado en las escuelas de medio mundo, así como a través de las innumerables programas propagándisticos que nos imponen permanentemente los medios de comunicación.
Se comprende entonces que los principale refractarios a esta avasalladora «judeolatría» sean calificados de negacionistas. Estos aparecen a los celadores de la nueva religión como negadores, unos herejes y unos blasfemos inspirados por el «diablo» en persona, que en su lenguaje es conocido como «el odio»y el «racismo». Estos enemigos de la nueva fe se les supone habitados por el Mal, y contrariando con su pertinaz descreimiento a los intereses del «Pueblo Elegido» se vuelven culpables de antisemitismo, el nuevo»pecado capital» propio a condenarlos y excluirlos eternamente de la comunidad de los «justos», y enviarlos a las «tinieblas exteriores» ad secula seculorum.
Contra estos descreídos, la intolerancia llega a ser tal que basta ahora expresar «dudas» o incluso «minimizar» la importancia del martirio judío (como sufrimiento absoluto, causado por el crimen absoluto, para siempre inexpiable como lo había sido la pasión y asesinato de Jesús) para verse expuesto de inmediato a una persecución despiadada. Los escritos de estos servidores del Maligno son puestos en el nuevo Indice Expurgatorio e incluso sometidos a modernos autos de fe: secuestro y destrucción. Los nuevos inquisidores auxiliados por un ejército de delatores y acusadores públicos son todopoderosos, llegando a hacer temblar a los presidentes, los reyes y los Papas. Tienen de su lado la fuerza, el dinero, las leyes, el control de las mentes y de los estómagos, y hasta la buena conciencia. Incluso en los peores tiempos de la Edad Media no se había visto algo igual.
Una cosa parece segura: si la Iglesia Católica no emprende una verdadera resistencia contra esta ofensiva que pretende apoderarse de la mente de sus fieles y someterlos a los dogmas de la Shoah, firma su sentencia de muerte. Viendo como las máximas autoridades vaticanas se prosternan a diario ante ante el sionismo y no pierden una ocasión de pedir perdón al «pueblo Dios», consideramos esa posibilidad como real y cercana.
Gracias Arjún.
La Iglesia Católica se ve confrontada a las exigencias de una nueva religión resuelta a suplantar, entre otras, la suya. Y sin embargo parece incapaz de darse cuenta y reaccionar ante la amenaza de una Shoah que ambiciona imponerse en Occidente, y aun en otras comarcas del mundo, como una nueva religión, que por una vez podríamos calificar de verdaderamente «judéo-cristiana».
Sacralizar la naturaleza es una inveterada costumbre pagana. Estás completamente en lo cierto. Buen artículo
Gracias JC, se aprecia ver que otros tenéis unas ideas similares sobre un asunto tan controvertido. En este caso es la sacralización de un suceso terrible, pero ni siquiera único, coetáneo de otros igualmente terribles de los que no se hace semejante zafarancho.
Muy sensato y muy bien escrito. Gracias, da gusto leer aquí.
(por eso me quedé desolada cuando no pude entrar al blog esta mañana….)
Yo les había leído esta idea o algo bastante parecido a los tradicionalistas de la FSSPX.
Este libro es FUNDAMENTAL. Lo leí en una tarde y una noche del tirón:
COMUNISMO Y NAZISMO, Alain de Benoist.
La entrevista se puede ignorar perfectamemte.