El Mufti de Bosnia pide la incorporación de la Saria en la Constitución

Se trata del mismo musulmán «moderado» (foto) a quien el Partido Popular Europeo cedió páginas de su revista para que nos vendiera el Islam. Lo contamos aquí: El Gran Mufti de Bosnia nos advierte/amenaza desde las páginas de la revista de un lobby “popular” europeo

Las declaraciones por la incorporación de la Saria en la Constitución las hizo en una boda colectiva cuyos gastos pagó Gadaffi:

Bosnia’s Muslim spiritual leader, Reiss-ul-Ulema Mustafa Ceric, has drawn strong criticism from moderate Muslims and from Bosnian Serbs, after he called for Islamic Sharia law to be incorporated into the Bosnian constitution.

Ceric made the controversial suggestion when he conducted Bosnia’s first Sharia mass wedding on Saturday in the central city of Zenica. Libyan leader Muammar Gaddafi reportedly paid for the weddings for the 20 couples and some 500 guests.

De aquí: Bosnia: Mufti calls to incorporate Sharia law into constitution

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4 Comments

  1. Karadzic, evidentemente, tiene razón.
    Su juicio es una farsa, como lo fue el de Slobodan Milosevic, comparables ambos a los denominados «juicios» de Nuremberg o a los juicios-farsa que han seguido en todo el tiempo transcurrido desde entonces hasta ahora en contra de historiadores y estudiosos del asunto judío en la II Guerra Mundial y que no han amoldado las conclusiones de sus estudios a la voluntad del amo.

  2. ¿Los juicios de Nuremberg una farsa?. Si acaso los aliados fueron extremadamente livianos con los jerarcas nazis y desde luego no fueron juzgados todos los responsables de las barbaries nazis.

    En cuanto al tema en cuestión, igual pronto tenemos el primer estado europeo con la sharia como Ley. Lo que nos vamos a …»reir».

  3. «La justicia militar es a la justicia civil lo que la música militar a la música sinfónica». Se atribuyen estas palabras a Georges Clemenceau. Parafraseando la definición del general francés y ajustándola al caso presente, nosotros diremos que la justicia del TMI de Nuremberg es a la justicia lo que la música del rey Makoko es a la obra de Wagner. En efecto, el juicio de Nurenberg se parece mucho a la justicia del reyezuelo africano, en la cual, reunidos alrededor del tam-tam, unos cuantos brujos mayores deciden de la mejor manera de sazonar a los vencidos.

    En 1945, en Nuremberg, al término de un conflicto de los más sangrientos que registran los anales de la Historia, donde ambas partes se habían enfrentado salvajemente, los vencedores, dejando de lado el aparato guerrero, revistieron la toga del juez para juzgar al vencido. ¿Quién aceptaría ser juzgado por su vencedor? Por la menor de las violencias, por una bofetada dada o recibida, ¿el abofeteador aceptaría ser juzgado por el abofeteado, o viceversa? No se puede ser juez y parte al mismo tiempo. Sin embargo en esta circunstancia, cuatro vencedores todopoderosos se erigieron en jueces de un vencido abatido y encadenado.

    Los norteamericanos, los británicos, los soviéticos y los franceses juzgaron a los alemanes. Los jueces no eran suizos, suecos, ni neutrales que hubiesen tenido que juzgar a todos los beligerantes por sus crímenes reales o supuestos. De entrada, desde el primer acto de la ceremonia o mascarada de Nuremberg, los Aliados estaban exonerados (liberados) de toda acusación, ya fuera de crímenes contra la paz, crímenes de guerra o crímenes contra la humanidad. Por el acuerdo de Londres del 8 de agosto de 1945, se habían forjado un estatus que iba a permitirles dispensarse de la mayoría de las obligaciones a las cuales deben sin embargo someterse el juez de la más humilde jurisdicción para el más común de los crímenes o delitos.

    Los jueces de Nuremberg violaron le principio de retroactividad de la ley penal. Usaron a su antojo los principios de responsabilidad colectiva. Juzgaron soberanamente a los acusados sin temor a ser desmentidos en recursos de apelación o de casación. Incluso la revisión del juicio había sido descartada en las reglas del tribunal. Establecieron sus propias reglas de procedimiento (art. 13 del estatus del TMI). Se dispensaron de las «reglas técnicas relativas a la administración de las pruebas» y se comprometieron a adoptar «tanto como fuera posible» (sic) un procedimiento «rápido y no formalista» (sic), y admitieron todos los medios que estimaron, ellos y sólo ellos, tener un «valor probatorio» (art. 19). Llegaron hasta a decretar que: «El Tribunal no exigirá que sea presentada la prueba de hechos de conocimiento público, pero los tendrá por ciertos» (art. 21). Serían considerados de conocimiento público los hechos que los jueces iban explícitamente, y sobre todo implícitamente, a tener como tales.

    Lo cierto es que el Fiscal General norteamericano R. Jackson afirmaba sin complejos que el estatus del tribunal «contempla la aplicación de una justicia vengadora» (contemplates a justice of retribution). Y añadía: «En tanto que tribunal militar, perseguimos el esfuerzo de guerra de las naciones aliadas».

    Un ramillete de ocho compadres coaligados pretendía formar un «tribunal militar internacional» (TMI). Tres mentiras en tres palabras. Ese grupo no era internacional pero sí interaliado. Sólo era militar por dos de sus representantes en uniforme soviético. Y por último, era menos un tribunal que una tribuna.

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