Hipertrofia conceptual, mercader de la alta cultura, monopolio de ideas recurrentes, reiterado afán mercantil, grafomanía, tan abigarrada como estéril

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Este pensador de segundo orden no intentó engañar a nadie. Sus libros más vendidos adolecían de esa hipertrofia conceptual devenida ejercicio de autofagia tan propia de nuestro tiempo; al igual que los más eficientes mercaderes de la alta cultura, supo ostentar el monopolio de las ideas recurrentes copiosamente revisitadas: las cuatro o cinco ideas que le pertenecen, gestionadas en sus propias manos, le llevaron a plagiarse a sí mismo con reiterado afán mercantil (?), haciéndose al fin un lugar prominente en el mercado editorial y ganando una fortuna; resultado de esta grafomanía, tan abigarrada como estéril, fue el fruto visible de su actividad intelectual: esa sarta de libros, tan iguales unos a otros como discutibles, y con títulos tales como Modernidad líquida, Vida líquida, Amor líquido, Tiempos líquidos, Miedo líquido, Arte, ¿líquido?, Los retos de la educación en la modernidad líquida, Mundo consumo, Vida de consumo, Vidas desperdiciadas, Confianza y temor en la ciudad, Trabajo, consumismo y nuevos pobres, etcétera, etcétera.

Comentario Neo Cohn: Rasgos de comportamiento típicos del miembro de la secta deicida. No falló la intuición: es judío. Dicen que “este pensador de segundo orden no intentó engañar a nadie”. Eso es un juicio de intenciones muy discutible.

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