Los maestros de Bin Laden «Yihad y el rifle de asalto únicamente. Sin diálogo, sin reuniones, sin negociación»

Os presento una gran lectura para comprender los orígenes de al Quaeda. Os convencerá de que hay que abandonar Iraq, Afganistán, cerrar fronteras, y contener sus avances. Que se entretengan ellos solos, que los saben hacer bien. Nosotros debemos ver el espectáculo desde la distancia, en las pantallas de televisión. Así acaba:

Azzam, Bin Laden y Al Zawahri coincidieron por primera vez en un pequeño apartamento situado en un barrio de clase media de la ciudad de Peshawar, conocido por vecinos y visitantes como «Maktab al-Jaidamat al-Muyahidin» (Oficina de Servicios de los Muyahidin). Desde sus austeras habitaciones, y con ayuda de los servicios secretos locales y extranjeros, el denominado «triunvirato del mal» tejió una complicada y opaca red yihadista destinada a combatir el comunismo y, en menor medida, la herejía chií. Sus principales socios fueron el Partido Islámico de Gulbbudin Hekmatyar y el Partido de la Unidad Islámica, fundado por Abu Sayyaf, ambos de ideología deobandi y wahabí y con estrechos lazos tribales con los clanes pastunes del norte de la provincia de Waziristán. Es imposible conocer el número exacto, pero se calcula que por esta oficina pasaron más de 25.000 combatientes extranjeros, algunos después tristemente célebres como el jordano Abu Musab al Zarqaui, pretendido líder de Al Qaeda en Irak. Pasaportes de Arabia Saudí, de los países del Pérsico, de la propia Jordania o de Egipto, Sudán, Somalia, Chechenía, Malasia, el Líbano, Siria, Palestina o el Magreb llenaron sus cajones. Desde allí partían hacia los distintos campos de entrenamiento para aprender las esencias de la lucha armada que, con el tiempo, algunos de ellos exportarían al norte de África, el sur de Europa y Estados Unidos

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