8 Comments

  1. Estas imagenes son de mal gusto…lo que faltaba policias con velos,musulmanas con armas y con acceso a datos ciudadanos, musulman@s que anteponen a Alá a la democracia,musulman@s con poder en las fuerzas de ¿seguridad? del estado.Tener a descerebrados de Alá “velando” por el interés de los ciudadanos es contradictorio…si fumo en un avion me daran latigazos en el calabozo? si se pasean por chueca detendrán a todo el mundo por ser gay? y las chicas que no lleven velos serán infieles e incumpliran la ley?…penoso si llegan a ser policias,STOP ilamización de una puta vez

  2. “En tal sentido, los sistemas totalitarios nunca puede ser «de derechas», ya que toda política «de derechas» se caracteriza ante todo por la prudencia: implica la prosecución de objetivos que sólo pueden ser limitados. Por más la política «de derechas» se apoye en una ideología o en una doctrina, los resultados nunca están asegurados de antemano. Se tiene en cuenta la naturaleza humana, lo cual impide pensar que todo es posible. El futuro nunca es considerado como algo que implica una ruptura absoluta con el pasado. Se adopta como regla general el respeto de la diversidad humana, con todo lo que ello implica de relatividad respecto al contexto. Los sistemas totalitarios, por el contrario, se sitúan de entrada en lo absoluto.”

    Aquí usa el término “derechas” por “tradicional” o como mucho “conservador”, pero bueno. Es imposible ponerse de acuerdo en los términos.

    ¡Fundamental!-> http://www.laeditorialvirtual.com.ar/Pages/Benoist_AlainDe/Comunismo_y_Nazismo.htm

  3. Y más:

    “Las tiranías clásicas se contentan con adueñarse de los cuerpos y controlar la expresión de las opiniones, mientras que el totalitarismo — he ahí otro rasgo que lo acerca a los sistemas religiosos — pretende poseer también las almas. Tal es el motivo por el que, si bien las tiranías clásicas suprimen el pluralismo político, siguen siendo compatibles con un cierto pluralismo social. El totalitarismo, por el contrario, intenta reducir a unidad toda la realidad social. Pretende suprimir la exuberante contingencia de lo social; es decir, la libre expresión de los antagonismos que se derivan de la diversidad humana, así como la posibilidad de resolverlos en forma de confrontación democrática. El fantasma de transparencia social es llevado, en su caso, al extremo; se trata, en realidad, de hacer desaparecer lo aleatorio, lo imprevisible, lo espontáneamente irracional: todo aquello que obstaculiza el que la gestión de la sociedad se haga por completo según el espíritu de cálculo .

    Hannah Arendt veía un vínculo evidente entre la atomización de los individuos producida por el auge del individualismo igualitario, y el hecho totalitario. El totalitarismo era, para ella, una respuesta al «desencanto del mundo», a la descomposición de los cuerpos intermedios, a la dislocación cultural y social de las sociedades industriales modernas, en las que la aceleración del desarrollo ha quebrantado los modos de vida ligados a los grupos orgánicos primarios (familias, comunidades campesinas, etcétera) .

    Su surgimiento lo consideraba vinculado al auge de «masas» (mob) desarraigadas, que la desaparición de las comunidades, de las asociaciones y de los «estados» (Stände) ha hecho más vulnerables que nunca. El individuo anónimo — escribe uno de sus discípulos, Domenico Fisichella — «se parece a un recipiente, siempre dispuesto a ser llenado». {[111]}«Llevando las cosas al extremo — añade Claude Pollin —, el grupo totalitario se mantiene única y exclusivamente en virtud de la mera fuerza de su homogeneidad: el grano de arena no es nada fuera del montón de arena.»También se ha hablado, para definir el totalitarismo, de desvanecimiento o de aplastamiento total de la sociedad civil por parte de la esfera pública e institucional, por el Estado o, también, por un aparato jerárquico centralizado que no se confunde necesariamente con la administración estatal .

    En los regímenes totalitarios, no hay, en efecto, ninguna fuente de legitimidad que no sea la del poder, lo cual es tanto como decir que toda la sociedad se confunde con el poder que se supone la encarna. Sin embargo, existe un gran riesgo, si uno se limita a esta observación, de volver a caer en las interpretaciones que hacen del totalitarismo el resultado de un simple «llevar las cosas al extremo» en el ejercicio del poder político. En esta perspectiva, común a los autores liberales, «el totalitarismo es el poder desnudo».Ahora bien, el totalitarismo no se puede explicar, como las tiranías clásicas, por un contraste, por acentuado que sea, entre una minoría dominante y una mayoría dominada. No es tanto un Estado todopoderoso, cuanto que un sistema que engloba estructuralmente todas las funciones de la sociedad y que es responsable del desmoronamiento de las formas tradicionales de actividad social .

    Desde este punto de vista, sería más adecuado caracterizar a los regímenes totalitarios como los que consagran no tanto la tiranía de unos pocos sobre muchos, sino — en una perspectiva hobbesiana — la dominación de todos sobre cada uno .”

    Pero qué bueno es.

  4. “Lo grandioso del objetivo justifica que se actúe de forma implacable frente a quienquiera obstaculice este objetivo, que se le oponga un odio total, sin tregua ni matices. La pretensión de combatir en nombre de la «humanidad» — como hemos visto — aún refuerza más esta disposición mental: quien se opone a la humanidad es necesariamente no humano. Lo mismo ocurre con la convicción de que el mal no reside en el hombre, sino en la sociedad: así como en un clima igualitario cualquier desigualdad resulta insoportable, así también si el hombre es intrínsecamente bueno, «el menor culpable es un monstruo espantoso».La violencia estatal puede entonces ser vivida como una necesidad ética porque opera bajo la garantía de la trascendencia a la que responde la sociedad futura. Cuando semejante finalidad se plantea como una necesidad derivada del propio movimiento de la historia, el verdugo se convierte en el instrumento de esta historia; y la eliminación del adversario, en la condición de su realización .”

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