Los godos y «la recuperación de la Nación española» José Manuel Rodríguez Pardo

Otra interesante lectura veraniega sobre los godos, hoy tan denostados por todo chiquilicuatre multicultural que se precie. Los godos y «la recuperación de la Nación española» José Manuel Rodríguez Pardo.

En el Epílogo, Campillo se plantea sin embargo si la dominación goda fue un paréntesis en la Nación española, a lo que responde señalando muchas aportaciones importantes de aquella época en la España contemporánea al autor. Incluso afirma que «apenas ha desenvuelto la España moderna ningún principio que no iniciaran los godos. […] La palabra nacionalidad española es por primera vez pronunciada por Ataulfo y llevada a cabo por Eurico, en cuyo tiempo España salió del catálogo de las provincias romanas. Dada la idea de nacionalidad, las dos principales bases en que se asienta el magnífico edificio de la civilización moderna, y en especial la española, son la unidad política representada por la monarquía hereditaria, y la unidad religiosa simbolizada en el catolicismo como única religión del Estado» (pág. 40). Nuevamente encaja con el liberalismo y la Constitución de 1812, que pretende recuperar el Fuero Juzgo como símbolo de unidad nacional. Los concilios de Toledo serían verdaderos Estados generales de la Nación, como dice Martínez Marina en su Teoría de las Cortes, y el Fuero Juzgo sería según Gibbon y Guizot reflejo de una sociedad más culta que las de su entorno y época, en contra de las afirmaciones de Montesquieu.

Asimismo, otro de los aspectos aportados por los godos es la familia, que se vehicula desde la prole, y no desde el pater familias como dominador, sino como igual a la mujer: «La mujer en ella fue considerada como igual al marido en derechos, saliendo de la perpetua tutela a que estaba sometida la romana. Los hijos conservan la propiedad de sus peculios, teniendo los padres solo el usufructo hasta que aquellos tomaban estado, sin que pudieran quitársele por frívolos pretextos, como entre los romanos; la mujer era siempre dueña de lo que aportaba al matrimonio, si bien la administración era una, y llevada por el marido en favor de la familia y en interés de la comunidad, no pudiendo disponer libremente de los bienes de aquella, ni aun de los suyos, si estaban afectos, o como si dijéramos hipotecados a la dote de la mujer» (pág. 44).

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