Los identitarios europeos defienden los crucifijos mientras los obispos católicos cooperan en su erradicación

Es otro ejemplo de los turbios momentos históricos que estamos viviendo, que se corresponden, sin duda, al colapso de Occidente y posiblemente de la Cristiandad.

En el país transalpino, los identitarios de la Liga felizmente en el poder, y presuntos paganos, quieren que vuelvan los crucifijos a los edificios públicos. En lugar visible y preeminente, como mandan los cánones. Cabría pensar que los obispos aplaudieran hasta con los picos de la mitra, incluso que se ofrecieran a bendecirlos solemnemente antes de colocarlos.

Nada de eso. Al contrario, la jerarquía católica italiana está oponiéndose por todos los medios a los identitarios: Matteo Salvini quiere poner la Cruz en los edificios públicos y los curas rabian. Es más, en una revista católica le han tratado como se trata al demonio, con un vaderetro a toda portada: Famiglia Cristiana y el padre Spadaro pierden la cabeza. La cosa no deja de tener su ironía, porque actualmente han dejado creer en el de los cuernos incluso los exorcistas (Vic y Girona ya tienen exorcista).

En España, antiguo martillo de herejes y luz de Trento, el gobierno rojo tiene en el punto de mira la destrucción de la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, presidida por la mayor Cruz de la Cristiandad, incluida entre los “elementos incompatibles con un Estado democrático” (Franco era el pretexto: La izquierda propone tirar la cruz del Valle). Es decir, la exhumación de Franco sería el aperitivo.

La profanación de los cadáveres de los enemigos es una de las señas de identidad de la barbarie roja. En este caso se ven obligados a ir contra la voluntad de la familia, que con el código penal de su parte les ha replicado devolviéndoles el famoso “no es no” (La familia Franco responde al gobierno: “No es no”). El prior del monasterio a cuyo cargo está la liturgia de la Basílica se resiste a la profanación, como es natural.

Cabría pensar que el arzobispo de Madrid le defendiera, visto que el objetivo último de las hordas comunistas es la destrucción de la Basílica y la monumental Cruz. Al contrario, el archimitrado está haciendo presiones de forma solapada para que el abad permita la profanación de los restos mortales del General que impidió el exterminio de curas y obispos (cayeron más de 6000 a manos de los rojos en la felizmente frustrada revolución comunista): Osoro presiona al Prior del Valle para que permita la profanación de Franco.

Más de obispos y rojos. En Barcelona, un tal Omella, se ha dejado utilizar, incluso maltratar protocolariamente, por una progre que le ha dado lecciones de “humanitarismo”: Omella y Colau: Amor a primera vista. Inmaculada me quiere gobernar, y yo le sigo, le sigo la corriente…

La próxima vez que los rojos hagan limpia de curas y obispos les van a defender sus sobrinos. Desde luego, conmigo que no cuente esta canalla desagradecida.

De propina: El jefe de la Iglesia rusa lidera 100.000 en 13 millas de la medianoche de marzo al sitio del asesinato del último zar, muchos invitados extranjeros (video), El cristianismo impregna la vida cotidiana en Rusia: incluso en bancos y restaurants.

A lo mejor hubiera sido mejor para España que los rojos (así se llamaban ellos mismos) hubieran ganado la Guerra Civil.

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