Tolerancia, cero; Ilusión, ninguna; Entusiasmo, el mínimo; Complicidad, delito.

Esos cuatro mantras del “consenso cultural socialdemócrata” que supuestamente resumen la excelencia moral del Homo progresssivus no son sino vicios repintados de virtudes:

Tolerar es permitir el mal quien puede evitarlo. Además es ofensiva, por aristocrática, como dice Bueno:

“quien tolera es el poderoso, que suspende, porque quiere, la potestad que tiene para reprender al tolerado, y que esa desigualdad ofende.”

– La Ilusión es un autoengaño. Vean esto:

“Vamos a recuperar tu ilusión. Palabra” es el lema que acompañará a Izquierda Unida durante toda la precampaña, un mensaje “en positivo” con el que quieren convencer…”

– Sobre el Entusiasmo (del griego, éxtasis, inspiración divina), un comentario que nos ha dejado un lector, con cita de Hume:

“[..] la persona inspirada llega a verse a sí misma como favorita de la Divinidad, y cuando alcanza este frenesí, que es la cumbre del entusiasmo, sus extravagancias quedan consagradas: la razón humana, incluso la moralidad [suena hayekiano, es decir] son rechazadas como guías falaces […] La esperanza, el orgullo, la presunción y la imaginación calenturienta son, pues, junto a la ignorancia, las verdaderas fuentes del entusiasmo”.

– Y para rematar, la Complicidad es la participación en un delito, aunque la exija el editorial de un PFFR:

Ello ocurre cuando el Gobierno necesita de la complicidad del partido de Rajoy para avanzar en su intento de acelerar el fin de ETA.

Pues eso.

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