Afinidades entre el pensamiento de Juan Pablo II y el marxismo

Antes de nada, leed esto:  Juan Pablo II, el Diminuto

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Esto os sorprenderá tanto como a mí, que me creí a pies juntillas que JPII con Reagan y Thatcher fueron los enterradores conjurados del diablo comunista, pero estos dos artículos de Radio Cristiandad ponen negro sobre blanco que la ideología marxista hizo algo más que mella en Juan pablo II. Por ejemplo, muestran que tenía una concepción marxista del trabajo y el capital y que también se apuntaba a lo de la «auto-realización a través del trabajo», otro concepto marxista.

Para muestra, esto es lo que nos explican sobre la noción de la propiedad de Juan Pablo II, que apartándose de la doctrina católica al respecto es más socialista que católica:

Gilbert Mury, un miembro del Partido Comunista Francés y experto en materias religiosas, explica la importancia fundamental del concepto de propiedad privada como fue enseñada por el Magisterio Pontificio anterior al Concilio Vaticano II. El considera que si la Iglesia Católica cesase su enseñanza sobre la propiedad privada, todos los obstáculos para el socialismo se desvanecerían. Mury escribe:
«Si el Vaticano cesa realmente de insistir sobre la propiedad privada de los medios de producción… entonces ya no va a ser un obstáculo doctrinario permanente en las vías de la colaboración activa del cristiano en el establecimiento y la construcción del socialismo.»[1]

Apoyando consciente o inconscientemente al socialismo, los Papas posteriores al Vaticano II dejaron de enseñar la doctrina tradicional sobre la propiedad privada y comenzaron a difundir una noción socialista de la propiedad. Juan Pablo II es un ejemplo expresivo de esto. El adoptó la siguiente noción socialista de la propiedad:

«La propiedad se adquiere ante todo mediante el trabajo, para que ella sirva al trabajo. Esto se refiere de modo especial a la propiedad de los medios de producción. El considerarlos aisladamente como un conjunto de propiedades separadas con el fin de contraponerlos en la forma del «capital» al «trabajo», y más aún realizar la explotación del trabajo, es contrario a la naturaleza misma de estos medios y de su posesión. Estos no pueden ser poseídos contra el trabajo, no pueden ser ni siquiera poseídos para poseer, porque el único título legítimo para su posesión -y esto ya sea en la forma de la propiedad privada, ya sea en la de la propiedad pública o colectiva- es que sirvan al trabajo; consiguientemente que, sirviendo al trabajo, hagan posible… el destino universal de los bienes y el derecho a su uso común.»

«Desde ese punto de vista, pues, en consideración del trabajo humano y del acceso común a los bienes destinados al hombre, tampoco conviene excluir la socialización, en las condiciones oportunas, de ciertos medios de producción.»[2]

Hablando en sentido completamente opuesto, León XIII en su Encíclica Rerum novarum declara la legitimidad de la propiedad privada y el carácter perjudicial desde varios puntos de vista. Enseña el Pontífice:

«De todo lo cual se sigue claramente que debe rechazarse de plano esa fantasía del socialismo de reducir a común la propiedad privada, pues que daña a esos mismos a quienes se pretende socorrer, repugna a los derechos naturales de los individuos y perturba las funciones del Estado y la tranquilidad común. Por lo tanto, cuando se plantea el problema de mejorar la condición de las clases inferiores, se ha de tener como fundamental el principio de que la propiedad privada ha de conservarse inviolable.»[3]

En su Encíclica Quadragesimo anno, Pío XI condena implícitamente el socialismo del Papa Wojtyla:

«Este error [el socialismo]… se basa en una concepción de la sociedad humana que es completamente opuesta a la verdadera doctrina católica. Socialismo religioso, socialismo católico son términos contradictorios: nadie puede ser simultáneamente un buen católico y verdaderos socialista.»[4]

Según el constante e invariable Magisterio de los Papas, la propiedad no procede del trabajo, como Juan Pablo II ha insistido, sino de la misma naturaleza del hombre, lo que supone la existencia de condiciones desiguales.

Pío XI niega claramente que el trabajo sea la única base de la propiedad tal como lo afirma Juan Pablo II. Pío XI afirma:

«Pero el Apóstol no enseña en modo alguno que el único título que da derecho a alimento o a rentas sea el trabajo.»[5]

El Papa Pío XI enseña que la propiedad deriva de la propia naturaleza del hombre:

«La división de los bienes en la propiedad privada está establecida por la naturaleza misma de manera que las cosas creadas puedan servir a las necesidades de la humanidad en un orden fijo y estable.»[6]

El Papa León XIII confirma esta enseñanza:

«La propiedad privada… se deriva del derecho natural del hombre: el ejercicio de este derecho, especialmente para aquellos que viven en sociedad, no es sólo lícito, sino absolutamente necesario.»[7]

Parece bien difícil sostener que Juan Pablo II siga la anterior doctrina social católica. Más bien parece estar siguiendo lo que ella condenó.

Tristísimo. Esto se llama ganar la guerra para perder la paz.

AFINIDADES ENTRE EL PENSAMIENTO DE JUAN PABLO II Y EL MARXISMO 1º parte

AFINIDADES ENTRE EL PENSAMIENTO DE JUAN PABLO II Y EL MARXISMO 2º parte

La foto de arriba la pongo por ponerla, no como prueba de lo que aquí se dice. Las maneras diplomáticas son de obligado cumplimiento, aunque se debe de evitar toda apariencia de cordialidad con ciertos personajes.

2 comentarios

  1. Los marxistas y los comunistas, exactamente igual que los liberales, se pasan el dia contandonos lo aceptables que son sus doctrinas politicas a los ojos de la Iglesia. Los liberales dicen que las enciclicas de Juan Pablo II eran liberal, los marxistas que tenian cierto toque marxista, los comunistas idem. Esto no es nuevo y la verdad me parece una cosa bastante absurda utilizar esas afirmaciones para denigrar a la Iglesia tal y como lo hace esta gente, utilizando los mismos argumentos que sus, supuestos contrarios.

  2. Lo realmente importante es que Juan Pablo II tenía bien claro que los regímenes marxistas eran enemigos declarados de la fe católica..

    Quizas nuestro anterior Papa tuviera de acuerdo sobre el diagnostico de la sociedad capitalista, pero sin embargo discrepaba completamente sobre el tratamiento a seguir. Yo mismo leí un texto suyo (¿Era el libro de «cruzando el umbral de la esperanza»?) en la que afirmaba que el marxismo resultó peor el remedio que la enfermedad.

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