Al Qaida en el Magreb Islámico (2): Del Sahel al Al Andalus

En las inhóspitas, despobladas e incontroladas zonas desérticas de Mauritania, adyacentes a las permeables fronteras con Argelia y Mali, el grupo terrorista Al-Qaida en el Magreb Islámico (AQMI) está estableciendo bases importantes desde las cuales lanza sus ataques y se capacita para exportar su macabra actividad hacia Europa. Empujado hacia el sur por la presión policial en Argelia o Marruecos, AQMI (llamado hasta el 2006 Grupo Salafista para la Predicación y el Combate) ha encontrado en el país mauritano, donde la mitad de la población vive en condiciones de pobreza extrema, el escenario ideal para desarrollarse.

La esclavitud sigue siendo una práctica habitual, tal y como denuncia ‘SOS Esclaves Mauritanie’. Y las enormes riquezas naturales -fosfatos, pesca, hidrocarburos, hierro, cobre, yeso, oro, diamantes…- están en manos de las capas sociales dominantes, mayoritariamente de raza blanca. Se trata de verdaderas castas que siguen marginando al resto, y de modo especial a los negros (35% de la ciudadanía). Lo que constituye un caldo de cultivo ideal para fomentar las luchas sociales, enarbolando la bandera del extremismo y el fanatismo de una religión islámica practicada por la totalidad de la población, en su variante sunita (malikita, qasimiya).

Los terroristas acusan al Gobierno mauritano de apóstata por entregar a las potencias extranjeras sus recursos naturales, mientras mantiene al pueblo en la miseria; y de traidor al Islam, al ser uno de los tres países de mayoría islámica que reconoce el Estado de Israel. Desde agosto del 2008, AQMI aprovecha el aislamiento internacional de Mauritania por el último golpe de estado -el quinto en 30 años de poder militar- para enseñorearse en un país que Estados Unidos lo ha dejado al margen de su iniciativa contraterrorista transahariana.

AQMI, que obtiene armas con facilidad en el abundante mercado negro de la zona, se autofinancia con variadas actividades delictivas que incluyen los lucrativos secuestros, ante los cuales la mayoría de los países -como Canadá, Alemania o Austria- ha terminado por ceder y pagar. Sus objetivos son claros. Van desde la creación de un califato en el Magreb a reivindicar el ‘paraíso perdido’ de los musulmanes: Al Andalus; nada menos que la casi totalidad de España. Una conquista de las consideradas como sus tierras ancestrales que comenzaría por recuperar las ‘ocupadas’ ciudades de Ceuta y Melilla.

Firmado: Pedro Baños, Teniente Coronel, profesor del Ceseden

Fuente del artículo: Nortecastilla


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