España, una mancha verde en el corazón del Islam

En los mapas del mundo que se estudian en las madrasas y en no pocas universidades del mundo musulmán España aparece pintada de verde, a pesar de que nuestro país tiene desgraciadamente mucho más de desierto imparable que de pulmón verde. Es el mismo color que tienen en esa cartografía Mauritania y Marruecos, Egipto y Sudán, Pakistán y Afganistán, Arabia e Indonesia. Es el tinte, en fin, con que se enseña que todos esos territorios son tierra islámica. Obviamente, la presencia de España en esa franja es una anomalía para los españoles y para los europeos de la UE; para los estadounidenses y para los iberoamericanos, pero no lo es en absoluto para quienes profesan la fe musulmana.

La razón de todo ello está en el propio Corán, que determina que aquello que fue de Dios, lo es y será para siempre. España, que fue griega, en parte cartaginesa, casi completamente romana y posteriormente visigoda, terminó también por incorporarse al mundo musulmán. Y no en la periferia del Islam sino en su corazón mismo, como califato de su máxima expresión universal de esplendor. Durante ocho siglos se prolongó aquella presencia, hasta que su salida definitiva al clarear 1492 dio origen al primer Estado moderno digno de tal nombre y a la amargura musulmana por el paraíso terrenal perdido. España entera, pues,  fue y sigue siendo para el mundo islámico más radical Al-Andalus, un territorio sagrado cuya recuperación para Alá es tan indiscutible como irrenunciable.

Estos son los argumentos en los que se fundamenta la insistente reclamación que el fundamentalismo islámico hace de España, reivindicación que exigen tanto la Al Qaeda de Bin Laden como las numerosas organizaciones yihadistas, que preconizan cualquier método para conseguirlo por sangriento que sea. De ahí que todos los atentados lanzados en el pasado inmediato contra los intereses y los ciudadanos españoles conlleven esa exigencia, por quimérica e irrealizable que pueda parecer a sus destinatarios.

Postura del españolito medio sobre el tema del islam
Postura del españolito medio opinando sobre el islam

Entonces, salvo que los españoles se avinieren a conceder tales exigencias, está claro que habrán de defenderse. Como primera premisa no debieran ignorar el problema, lo que equivale a reconocer que, lo quieran ó no, están en guerra con un tipo de terrorismo de bases ideológicas muy fanatizadas, y cuyos ejecutores directos no sólo no le temen a la muerte sino que incluso la desean fervientemente en el curso de sus operaciones, la mejor garantía de que entrarán en el Paraíso, esta vez con mayúscula. Esa guerra será tan larga que no caducará nunca, al menos mientras el mundo musulmán no experimente una transformación tan radical como la sufrida por el mundo cristiano-occidental, empeño que ha tardado muchos siglos, numerosos conflictos, al fin y al cabo guerras civiles a escala europea, y un sinfín de carnicerías individuales y colectivas.

En lo inmediato, el frente material de esa guerra va desde Afganistán hasta Mauritania, incluyendo todo el norte de África, frontera en última instancia con España, mar Mediterráneo cada vez más estrecho mediante. Además, y como se encargan de repetir los comunicados de yihadistas y del lugarteniente de Bin Laden, el sanguinario médico egipcio Ayman al Zawaqiri, cualquier objetivo español es susceptible de ser atacado. El frente espiritual es otra cosa. Precisa en primer lugar del convencimiento de la propia razón, lo que deriva normalmente en la convicción de la superioridad de los valores propios, terreno muy resbaladizo cuando enfrente se encuentran interlocutores inflexibles, dispuestos a matar por demostrar que la razón (Dios) está de su parte.

En tales circunstancias se hará cada vez más difícil el intercambio de culturas, como vía pacífica de perfeccionamiento de la propia. El repliegue será la norma, impulsado por las obvias llamadas a la prudencia y a no aventurarse en territorio hostil, sea para llevar ayuda humanitaria sea incluso para hacer turismo. Mientras tanto, España, pero también el resto de la Europa desarrollada ven cómo crece en sus países el número de musulmanes, muchos de ellos dispuestos a defender sus valores –como diría Montilla- hasta sus últimas consecuencias.

Firmado: Pedro González

Intelligence & Capital News

Be Sociable, Share!

3 Comments

  1. AMDG, ¿no se nos está yendo UN POCO la olla?

    Me atrevo a usar el plural porque, como tú, no sólo he leído cientos de artículos, reportajes y libros sobre el problema que centra tu página, sino que algo he escrito también.

    Acepto la amenaza, pero más como fuente de conflictos y, sobre todo, como síntoma de la crisis de Occidente que porque realmente crea que el Islam tiene una posibilidad REAL de suceder a nuestra civilización.

    Los números son contrarrestables, la inmigración es parable y ni siquiera es seguro que todos los musulmanes europeos vayan a seguir siéndolo el bloque en dos o tres generaciones. El cristianismo permeaba todas nuestras sociedades, y el cristianismo es más ‘vivible’ y más fuerte civilizacionalmente que el Islam. ¿Por qué la fe de Mahoma iba a ser inmune a los venenos que han dejado el Cristianismo convertido en la fe de una minoría?

    En otros aspectos, los países islámicos no tienen media bofetada, ni militar ni (con excepción de las potencias petroleras, que no lo serán eternamente) económicamente. Por lo demás, la sharia no puede resultar más aburrida y poco apetecible para el que ha probado la libertad, como demuestran cada vez más alto las manifestaciones de jóvenes iraníes.

    ¿Qué me importa que dibujen de verde mi país? También yo sueño con que Estambul vuelva a llamarse Constantinopla…

    • Lo puede ver, legítimamente, así. En todo caso, es un hecho probado que, después de Israel, Alándalus es la prioridad de los mahometanos.

      Hablamos de las banderas de enganche de la propaganda. En realidad, toda Europa está en el punto de mira -y en el proceso- de islamización.

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*