La desfachatez victimista del judeoargentino Aguinis

deco_biografiaMe enteré de la existencia de este plumilla por una controversia a la que se refirió Cabildo, la revista del catolicismo tradicional argentino. El tipo les lanzó una puya y estos le respondieron poniendo en evidencia su desfachatez victimista, tan habitual en la Sinagoga de Satanás.

Para hacer boca, aquí tenéis su exitosa biografía, cuajada de premios y en la que parece hasta un cartera ministerial. Desde luego, Aguinis, como buen circunciso, participa en la difusión del odio anticatólico (Marcos Aguinis: Biografía):

Sus primeras ilusiones por la psiquiatría, neurología y el psicoanálisis acabaron en decepciones. Al acabar la carrera de medicina a los veintitrés años aceptó una beca para estudiar neurocirugía en Buenos Aires. Más tarde, completó sus estudios en el Hospicio de la Salpétrière de Francia y en las ciudades alemanas de Friburgo y Colonia, gracias a una beca de la Fundación Alexander von Humboldt. Allí recopila información para sus novelas Refugiados, crónica de un palestino y La cruz invertida, por la que recibió el Premio Planeta en 1970, siendo la primera vez que se concedía a un extranjero.

¿La cruz invertida? Pues sí, como es bien sabido, los símbolos invertidos son satánicos. La Sinagoga de Satanás nos  devuelve la acusación. Está en su derecho, por supuesto.

Otros dos libros de fecundos diálogos con Monseñor Justo Laguna fueron editados posteriormente: Diálogos sobre la Argentina y el fin del milenio (1996) y Nuevos Diálogos (1998) y una novela que no tardó en convertirse en la número en ventas de Argentina, La matriz del infierno (1997). En esta novela sobre el nazismo Aguinis no se limita a criticar el gobierno de Hitler, sino también el respaldo indirecto a la política nazi, por parte de los países que debían haberle hecho frente. También se critica la actitud de la Iglesia Católica institucional frente al genocidio llevado a cabo por el nazismo alemán.

¿La Iglesia Católica institucional? ¿Eso qué es? Insisto, ¿qué hicieron los judíos norteamericanos por salvar el pellejo de sus correligionarios europeos, Aguinis? ¿Y que hicieron exiliados como Adorno pro ellos? Nada, pero no se privaron de sembrar las semillas de la subversión.

Este es el artículo (Contra el odio a los judíos) en que lanzaba la puya contra Cabildo:

Revistas de neto corte racista que sólo leen rencorosos e ignorantes insisten en el «insoluble conflicto teológico entre la Iglesia y la sinagoga», la ambición sionista de ocupar la Patagonia y la sed judía por la sangre gentil. El extremo de la locura -¡peligrosa!- puede ejemplificarse con la puesta en circulación de una extraordinaria ensalada: que la presidenta Fernández de Kirchner es judía, porque su verdadero nombre y apellido es Elizabeth Wilhelm. Está «al servicio de los mandos plutocráticos de la judeomasonería, y alimenta y acompaña la revolución gramsciana, preñado su entorno de antiguos asesinos terroristas a cuyos sones cabalistas todo vejamen nacional se consuma», según escribió Antonio Caponnetto, inimputable redactor de Cabildo.

El conflicto teológico entre la Iglesia y la sinagoga es ciertamente insoluble. Para unos el Cristo es el Hijo de Dios, para los otros era y sigue siendo un blasfemo al que se sigue rechazando. La última frase es una apreciación y como tal puede ser matizable, pero que está basada en evidencias indubitables es muy cierto.

Como buen circunciso Aguinis trata siempre que puede el tema del nazismo. En este artículo (Los escritores y el nazismo) suelta las típicas lamentaciones jeremíacas. Las jeremiadas hay que dejarlas estar como hay que dejar estar a un fenómeno natural, pero hay otras cosas a las que hay que poner límite. Aguinis, en pleno acelerón victimista, escribe esto:

Otros autores marcharon por sendas intermedias. Las listas de autores nazis, antinazis y neutros son extensas, interminables. Muchos fueron asesinados, otros prefirieron el suicidio, algunos pudieron sobrevivir. Queman los nombres de Stefan Zweig, Walter Benjamin, Ana Frank, Emil Ludwig, Lion Feutschwanger, Imre Kertész, Primo Levi, Bertold Brecht, Iréne Némirovsky, Elías Canetti, Hermann Broch, Alfred Döblin, Thomas y Heinrich Mann, Nelly Sachs, Jorge Semprún, Gershom Scholem, Robert Musil, Joseph Roth. Fueron antinazis firmes que pagaron cara su resistencia.

Cabildo le responde a este insigne plumilla en este artículo (SOBRE PADECIMIENTOS) que reproduzco entero, porque no tiene desperdicio:

El estado actual de la República Argentina se puede percibir de varias maneras. Una de ellas es la presencia, en la cabeza del Estado, de Néstor y Cristina Kirchner. Otra es recordar que uno de los “intelectuales” que nos representan es el señor Marcos Aguinis.

No voy a gastar en él más pólvora que la que (no) merece un chimango, pero sí voy a demostrar —por enésima vez— la clase de charlatán que es.

En “La Nación” del 27 de agosto pasado escribe un artículo para quejarse de que el gobierno noruego ha decidido honrar la memoria de Knut Hamsum, un escritor que ganó el Premio Nobel y que fue partidario del nacionalsocialismo. Sobre este punto, lo único que queda claro es que el autor de “La cruz invertida” es partidario de instaurar el delito de opinión porque arremete furioso contra Hamsum y los que van a honrarlo porque se atrevió a pensar de manera diferente.

Lo interesante viene a continuación. El artículo se titula“Los escritores y el nazismo” y es todo él una contraposición entre los intelectuales que apoyaron el régimen de Hitler y los que lo combatieron. Para mostrar las diferencias entre ambos enuncia una larga lista de estos últimos, a los que presenta con estas palabras:“Fueron antinazis firmes que pagaron cara su resistencia… Muchos fueron asesinados, otros prefirieron el suicidio, algunos pudieron sobrevivir. Queman los nombres de…”, y aquí viene una lista de diecinueve personas. Veamos: Primero, se incluye a Ana Frank que más allá de las muy fundadas dudas sobre la autoría de su “Diario” no puede definirse como una intelectual. Del resto, una (I. Nemirovsky) murió en un campo de concentración y uno (W. Benjamín) se suicidó para no caer en manos de los nazis. Punto. S. Zweig se suicidó en Brasil en 1940. Doce de los nombrados (J. Roth, R. Musil, G. Scholem, N. Sachs, T. y H. Mann, A. Döblin, H. Broch, E. Canetti, E. Ludwig, Feuchwanger, B. Brecht) murieron en sus camas sin haber padecido, algunos, más que un exilio. Esto, sin contar que los dos últimos (como Semprún), lucharon contra el nazismo pero aprobaron el stalinismo. I. Kertesz y Jorge Semprún viven aún. Este último, Kertesz y P. Levi estuvieron en campos de concentración, pero sobrevivieron. La enorme mayoría de los que enumera Aguinis, entonces, no “pagó cara su resistencia” porque vivió bien, escribió y recibió reconocimientos por ello. Algunos, como Bertold Brecht, vivieron una vida de príncipes gracias a los favores de gobiernos comunistas.

O sea, Aguinis, doce de dieciocho, más del 70%, no pagó ni caro ni barato. Su lista es un mamarracho como todo lo que Ud. escribe para la gilada y no resiste el análisis de alguien que conozca los temas que Ud. manosea con un desparpajo que es lo único que tiene de argentino. Y todo esto para ni hablar de lo que pasaron los intelectuales afines al fascismo. Desde la jaula en que encerraron a Pound hasta la cárcel para Hamsum y Maurras a los 86 años, el fusilamiento de Brasillach, el asesinato de G. Gentile, el suicidio de Drieu La Rochelle y un largo etcétera.

Pues eso.

3 comentarios

  1. Pues sí, las «víctimas universales» están muy crecidas, porque son capaces de hacer que metan en la cárcel a quienes niegan ciertos hechos historicos. A veces se les sube la soberbia a la cabeza, y creen que todo vale.

    No se dan cuenta de que cansan a la gente, y acaban volviéndola contra ellos.

    Falsario, victimista hipócrita… lo que quieras. Y mira que cara de superioridad moral se gasta el tipo.

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