Jesús de Nazareth, por Benedicto XVI (2): Sermón de la Montaña (Bienaventuranzas, Un rabino habla con Jesús), El Padrenuestro

Continúo lo empezado aquí: Jesús de Nazareth, por Benedicto XVI (1): El Bautismo, Las Tentaciones, El Reino de Dios

El cuarto capítulo se dedica al Sermón de la Montaña, en el que se proclaman las Bienaventuranzas.

p. 121: “El pensamiento contemporáneo tiende a sostener que cada uno debe vivir su religión, o quizás también el ateísmo en que se encuentra. De este modo alcanzará la salvación… Intentemos explicarlo mediante un par de preguntas prácticas. ¿Se salvará alguien y será reconocido por Dios como hombre recto, porque ha respetado en conciencia el deber de la venganza sangrienta? ¿Porque se ha comprometido firmemente con y en la «guerra santa»?”

¿Guerra santa? ¿En quién estaría pensando Benedicto? Sin embargo, tras el último concilio, en el Viernes Santo la Iglesia Católica ruega a Dios por la libertad religiosa ¿incluidas las religiones con sacrificios humanos?.

p. 131: Se expone el caso del rabino Jacob Neusner, autor del libro Un rabino habla con Jesús.

“En este libro, el autor se mezcla con el grupo de los discípulos en el monte de Galilea. Escucha a Jesús, compara sus palabras con las del Antiguo Testamento y con las tradiciones rabínicas fijadas en la Misá y el Talmud. Ve en estas obras la presencia de tradiciones orales que se remontan a los comienzos y que le dan la clave para interpretar la Torá. Escucha, compara y habla con el mismo Jesús. Está emocionado por la grandeza y la pureza de sus palabras pero, al mismo tempo, inquieto ante esa incompatibilidad que en definitiva encuentra entre el núcleo del Sermón de la Montaña… al final decide no seguirle. Permanece fiel a lo que él llama el Israel eterno

Esto es lo que más me ha gustado del libro del Papa (pasando por alto que no haga referencia al contenido de rabiosamente anticristiano del Talmud, que es una reacción contra los judíos que abandonan la ideología supremacista judía –esencialmente racista- y se hacen cristianos). Ante estas palabras uno se pregunta ¿qué dirán quienes insisten con la cantinela judeocristiana, y, sobre todo, los que insisten en que el Cristo era solo un predicador judío?  ¿Cómo explican estos además la inquina de la Sinagoga contra él?.

Dice Benedicto:

“… el rabino acepta que el mensaje de Jesús es otro y se despide con una separación que no conoce el odio y, no obstante todo el rigor de la verdad, tienen siempre la fuerza conciliadora del amor”

Esto es una lección para todos los mentecatos (de latín mente captus) enganchados al carro del diálogo judeocristiano. Si se trata de tomar café, hacer excursiones, etc. me parece que la palabra diálogo se queda muy lejos de la realidad de sus actividades. Yo les pediría que discutieran este asunto («el mensaje de Jesús es otro»), y, cuando acaben, que nos presenten las conclusiones, en particular, la cuestión principal: El Cristo, ¿fue un predicador judío o verdadero Dios y verdadero hombre?

Mucho me temo que los dialogantes nunca traten siquiera el tema, ni que hayan pensado nunca en incluirlo en el orden del día. Porque, no nos engañemos, el “diálogo” en cuestión es solo una excusa para reuniones y merendolas (en las que nunca hay jamón, por supuesto). El tratar de llegar a la conclusión necesaria del diálogo nunca ha estado ni estará entre sus objetivos, porque supondría desbandar esas flamantes asociaciones, ya que al final los circuncisos tendrían que ir a pedir el bautismo, o quizás los bautizados a pedir la circuncisión.

Mirad, esto es lo mejor de todo:

“En el libro de Neussner se incluye a continuación la siguiente conversación:

–         Y así –pregunta el maestro- ¿es esto todo lo que ha dicho el sabio Jesús?

–         No exactamente, pero aproximadamente sí.

–         ¿Qué ha dejado fuera?

–         Nada

–         ¿Qué ha añadido?

–         A sí mismo.

Neussner entiende, pero rechaza. El etnicismo de la Sinagoga (de Satanás, dice el Apocalipsis) es insuperable. Tomen nota los dialogantes.

El capítulo quinto se dedica a explicar el contenido del Padrenuestro, que es la principal oración del cristiano. Nos advierte que en la Biblia no se da nunca a Dios el título de madre. Las deidades femeninas, frecuentes entre los paganos, llevan al panteísmo: el hombre sale del seno del Ser/Dios.

En el judaísmo, Dios no tiene nombre. De hecho, darle nombre a Dios es cosificarlo y llevaría a la idolatría. Por eso al escribir Dios quitan las vocales. Discutimos aquí sobre eso cuando un hereje protestante de querencias judaizantes, escribió la palabra de esa manera. El hecho de que tengan prohibido escribir el nombre de Dios con todas sus letras lo comparo con la prohibición de dibujar imágenes de seres vivos (que los mahometanos también recibieron). Pone de manifiesto las querencias idolátricas de los circuncisos. Si no, no serían necesarios esos tabús.

Ojo a esto:

La idea de que el perdón de las ofensas, la salvación de los hombres desde su interior, haya costado a Dios el precio de la muerte de su Hijo se ha hecho hoy muy extraña… A esta idea se opone por un lado la banalización de mal en que nos refugiamos, mientras que, por otro, utilizamos los horrores de la historia humana, precisamente también de la más reciente, como pretexto concluyente para negar la existencia de un Dios bueno y difamar a su criatura, el hombre.

Esto lleva a pensar, necesariamente en el asunto del “holocausto”. Lo escribo entre comillas porque se usa impropiamente esa palabra –que significa sacrificio religioso- para referirse a la persecución de los judíos por el nacionalsocialismo. Razonaba aquí Arjún (LA SHOAH COMO NUEVA RELIGIÓN) que podría considerarse que se ha sacralizado esa persecución a la que algunos insisten en considerar crimen absoluto, un imposible materialmente hablando. Es obvio que hay un intento de reemplazar el Sacrificio de la Cruz por el de las víctimas judías del nacionalsocialismo.

En relación con este asunto, Benedicto XV debería ser más coherente al respecto en los gestos. Nada de visitas a sinagogas o mezquitas, o a foros seculares. Abandono de la ONU, retirada de embajadores (salvo de aquellos países que lo soliciten humildemente, muy humildemente), etc. etc. etc.

p. 202: “También hoy aparecen, por un lado, los poderes del mercado, del tráfico de armas, de drogas y de personas…”

Bueno, aquí se pone a la altura de los libros de “Educación para la Ciudadanía”.

p. 212: “De echo el mundo antiguo –según ha mostrado, sobre todo, Hernry de Lubac- ha vivido la aparición de la fe cristiana como una liberación del temor a los demonios, que, a pesar del escepticismo y el racionalismo ilustrado, lo invadía todo; y lo mismo sucede hoy en día en los lugares donde el cristianismo ocupa el lugar de la religiones tribales y, recogiendo lo positivo que hay en ellas, las asume en sí”.

¿Otro momento de descuido? El escepticismo del mundo antiguo estaba reducido a cuatro filósofos, por así decirlo, y hablar de “racionalismo ilustrado” es inaceptablemente anacrónico. Y la forma medrosa en que habla de la evangelización de los salvajes idólatras –no siendo que lo vayan a acusar de la “Destrucción de las Indias”- da un poco de pena. Como si eso pudiera servir para aplacar la furia de las hordas relativistas. Salvajes idólatras. No son otra cosa.

p. 239: Tras la parábola del Buen Samaritano -de la que, como contamos aquí, un obispo polaco dice que muestra los que hay de fundamental en el cristianismo, y de fundamentalista- escribe Benedicto:

“La actualidad de la paraba resulta evidente. Si la aplicamos a las dimensiones de la sociedad mundial, vemos cómo los pueblos explotados y saqueados de África nos conciernen”.

Disiento. Lo primero que tienen que hacer “los pueblos explotados y saqueados de África” es reconocer que no saben gobernarse por sí mismos y pedir ayuda humildemente. Es decir, reconocer que durante a colonización comían mucho más mejor.

Respecto de la historia del hijo pródigo:

p. 244: “La temática de los dos hermanos recorre todo el Antiguo Testamento, comenzando con Caín y Abel, pasando por Ismael e Isaac, hasta llegar a Esau y Jacob…”

Y en todos los casos, el desenlace de la historia deja en mal lugar al hermano mayor. Por eso, recientemente advirtieron los circuncisos de que no les hace demasiada ilusión el que se refieran a ellos como “hermanos mayores en la fe”, según expresión del Papa Juan Pablo II, que pretendía ser obsequioso con ellos…

Me quedan los tres últimos capítulos por leer. Para las próximas vacaciones.

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