Cristianismo… ¡Y nada más!, de C. S. Lewis. Libro I. El Bien y el Mal, claves para entender el significado del Universo

Me compré este libro hace unos meses en una ciudad tejana, en un tomo junto con otros escritos suyos que aún tengo por leer. Tengo que decir que nunca he visto una librería comercial con una sección tan grande dedicada a temas religiosos, muy mayoritariamente cristianos. Los norteamericanos no han perdido la fe, al menos  tanto como los europeos.

No sabía gran cosa del autor, aunque había leído las Cartas del diablo a su sobrino (están aquí en español: CARTAS DEL DIABLO A SU SOBRINO, [PDF]). Tras leer este libro, tengo que decir que posiblemente sea la mejor obra de apologética para personas medianamente instruidas, de la wiki:

Mero cristianismo (traducido también como Cristianismo… ¡Y nada más!) es un libro de C. S. Lewis, adaptado de una serie de charlas realizadas en 1943 y transmitidas por la BBC mientras Lewis se encontraba en Oxford durante la Segunda Guerra Mundial. Es considerado como un clásico sobre apologética cristiana. Las transcripciones de las transmisiones, expandidas por Lewis en forma de libro, originalmente aparecieron en tres publicaciones separadas tituladas The Case for Christianity, Christian Behaviour, y Beyond Personality.

El libro en inglés está aquí. No me consta que esté disponible el texto en español (pero se puede escuchar gratis como audio libro.).

Como acostumbro, voy a hacer una reseña con las cosas que más me han llamado la atención. Insisto, con las cosas que mas me han llamado la atención a mí.

El prefacio advierte que trata de exponer la esencia del Cristianismo en el sentido de lo que es común a todas las denominaciones cristianas. El borrador fue enviado a cuatro religiosos, un católico, un anglicano, un metodista y un presbiteriano con el fin de que lo revisaran para no incluir nada que fuera rechazado por ninguno de ellos. Para no hacer un libro controvertido tuvo que dejar, por eso mismo, los temas más espinosos, como el estatus de la Madre de Cristo y la Eucaristía.

Libro I. El Bien y el Mal, claves para entender el significado del Universo

Capítulo I. La ley de la naturaleza humana

Un libro de apologética cristiana tiene que mostrar que necesariamente existe Dios, y que este Dios es el Dios trinitario de los cristianos. Tradicionalmente, lo primero se hacía mostrando que este mundo tuvo que ser creado. La ciencia moderna explica muchas cosas del funcionamiento del mundo, haciendo innecesaria –al menos aparentemente- la presencia de una mente creadora. Digo aparentemente porque implica hacer de la materia, o de lo que sustenta a esta, infinita y eterna (panteísmo), o, alternativamente, insistir en el rechazo de la pregunta por lo que hay más allá del mundo como un sinsentido.

Lewis toma el camino alternativo, el de Kant: partir de la moralidad y mostrar que esta no puede ser un producto de la materia. Desde la lógica de la materia, lo normal es no cumplir las normas morales aunque se evidente que son necesarias y beneficiosas para el hombre. Es decir, estamos ante un hecho desconcertante: el hombre, que vemos es el ser más evolucionado del universo está desajustado, porque su conducta nunca se ajusta a lo que comprende que es la norma debida. Esa es la esencia de los que se llama la “naturaleza caída” (adelanto acontecimientos). Lecturas relacionadas: El fin de lo buen, Sursum corda. Sabemos que debemos comportarnos como es debido, y sabemos que, de hecho, nunca lo hacemos así.

Capitulo II. Algunas objeciones

Lewis descarta algunas de las explicaciones evolutivas de la moralidad que vienen a decir que las estrategias colaborativas superan a las competitivas. Esto no resuelve el problema, porque “una cosa es sentir el deseo de ayudar y otra muy diferente es sentir que se está obligado a ayudar”. Sin Dios no hay verdadera obligación moral, y la moralidad se reduce a un mero asunto de “sentimientos morales”, conveniencia, cálculo de provecho, etc. Si Dios no existe, todo está permitido, y el que cumple una ley pudiendo incumplirla impunemente en su provecho es un mentecato.

Se rechaza también que sea un asunto de convención.

Capítulo II. La realidad de la ley moral

Retoma el asunto del capítulo primero, el desajuste del comportamiento humano respecto de lo que es el comportamiento humano justo (valga la redundancia, buscada: los términos morales son términos matemáticos), desajuste que lleva a la conciencia de la imperfección. Este desajuste no está presente en ningún otro ser: un animal se comporta siempre como debe.

Es decir, no hay forma material de explicar por qué el hombre ha de portarse moralmente, ya que desde el punto de vista material no le interesa, sino sólo que el resto de los hombres se comporten así. De ello, Lewis concluye que debe de haber necesariamente otra realidad que la material.

Capítulo IV. El sustrato de la ley moral

Hay dos puntos de vista el materialista (el mundo existe, no sabemos por qué) y el religioso, hay una mente exterior que lo ha querido así. La propia inmaterialidad de esa mente le hará manifestarse a través de la ley moral.

Lewis se refiere a un tercer tipo de respuestas. Las que afirman la existencia de una Fuerza en la materia. Podemos decir que se trata de un punto de vista de tipo panteísta: el mundo material es infinito y existe por su propia necesidad.

Capítulo V. Hay motivo para estar preocupados

Si una mente ha creado el mundo, incluida la ley moral, y nosotros no la seguimos, no puede estar muy contento con nosotros, de hecho tiene que estar indignado.

El cristianismo da una solución a esta situación proponiendo que Dios se hace hombre para cumplir la ley por nosotros y reconciliarnos con Dios, consigo mismo. El misterio de la Encarnación y de la Redención.

Esto hay que leerlo tres veces y pararse a meditarlo bien, porque es la apuesta más alta en materia de respuestas religiosas al mal. Es el no va más. Para los que insisten en la cantilena judeocristiana, estos dos misterios muestran que el Cristianismo, aunque haya salido históricamente del judaísmo, se distancia de él radicalmente, a pesar de los intentos de los últimos papas – que Dios les perdone – por rejudaizar el Catolicismo.

Continuará.

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