Cristianismo… ¡Y nada más!, de C. S. Lewis. Libro III. La Moral cristiana (primera parte)

Continúo lo que comencé aquí: Cristianismo… ¡Y nada más!, de C. S. Lewis. Libro I. El Bien y el Mal, claves para entender el significado del Universo. La parte anterior es esta: Cristianismo… ¡Y nada más!, de C. S. Lewis. Libro II. Lo que creen los cristianos.

Libro III. La Moral cristiana.

Capítulo I. Las tres partes de la moralidad.

La moralidad tiene tres partes: reglas para tratar al resto de los hombres; reglas del individuo para sí mismo y consideraciones sobre el propósito general de la vida. Actualmente las dos últimas no se tienen en cuenta. Sobre la segunda está muy extendida la afirmación de que uno es “dueño de su cuerpo”. Lewis afirma que si no tenemos ese aspecto en cuenta, nos estamos engañando. En efecto, es la mayor hipocresía (la del pensamiento liberal, por cierto): pretender la armonía social sin intentar si quiera hablar del propio egoísmo, incluso poniéndolo por bandera, como hace Mandeville.

Pero hay que ir más allá, con las consideraciones sobre el propósito de la vida. El qué me cabe esperar kantiano, que lleva a Dios por la puerta de atrás. La perspectiva de la inmortalidad hace una gran diferencia, porque lleva a poner al individuo por encima del estado, la nación, etc. Sin ella, no tiene sentido hablar de derechos absolutos, como hacen los liberales. Un ser finito no puede tener derechos absolutos, salvo que el ser infinito se los haya otorgado.

Libro II. Las virtudes cardinales

Las virtudes cardinales son: Justicia, prudencia, fortaleza, y templanza. Son una cualidad del comportamiento, más que una forma de comportamiento. Se trata de la forma de hacer las cosas, que crea carácter. Dios no quiere tanto que actuemos de una determinada forma cuanto que seamos de una determinada forma. Lo más importante: las virtudes no son solo para esta vida, sino que tendremos que hacernos virtuosos antes de participar de la próxima. Solo en esas circunstancias seremos dignos de entrar en presencia de Dios.

Los católicos creemos que lo que no consigamos en esta vida lo habremos de conseguir en la etapa del Purgatorio. Lewis no lo dice explícitamente.

Libro III. Moral social

Cristo no trae un programa político, pero el Nuevo Testamento deja claro cómo sería una sociedad cristiana. Por una parte parecerá “de izquierdas”, por el igualitarismo; por otra se insiste en la obediencia (de padres a hijos, de la mujer al marido, de los ciudadanos a las autoridades), además sería muy alegre, con muchas fiestas.

Ojo a esto:

“Tanto los paganos griegos, como los judíos del Antiguo Testamento, como los escolásticos cristianos de la Edad Media, propusieron algo que los sistemas económicos actuales han conculcado sistemáticamente. Todos ellos insistieron en que no se debía prestar dinero a interés; sin embargo, el préstamos de dinero a interés es la base de nuestro sistema económico… No estoy seguro por mi parte… pero no sería honrado si ocultara que tres grandes civilizaciones han estado de acuerdo (o así lo parece) en condenar esa práctica en la que está basada nuestra vida”

Personalmente, soy un tipo ahorrativo y especulador. Me doy cuenta ahora de que he encaminado mal mi vida. Incluso desde el punto de vista material es preferible tener hijos a tener ahorros. Que Dios me perdone.

Habla de dar dinero generosamente. Dice que debemos dar más que lo que ahorramos, y que nos debe doler. Debemos de vernos obligados a renunciar a algunas cosas para poder ayudar a otros… No sé cuántos de nosotros lo haremos. Yo al menos no, y me consta que, en comparación con otros, no me duelen prendas. En comparación solo.

Libro IV. Moralidad y psicoanálisis

Habla del psicoanálisis como de una técnica psiquiátrica, no como filosofía, que rechaza. Cuando el libro fue escrito, por supuesto, aún se podía condenar la homosexualidad: “el deseo pervertido de un hombre por otro hombre…”.

“Cuanto mejor es una persona, mejor comprende que lo malo que aún queda en él. Cuanto pero es una persona, menos ese da cuenta de su maldad.”

Libro V. Moralidad sexual

“La castidad es la menos popular de las virtudes cristianas”

“Las perversiones del instinto sexual son numerosas, difíciles de curar y terribles. Siento tener que entrar en esos detalles, pero debo hacerlo, porque todos nosotros hemos sido bombardeados día y noche en los últimos veinte años con completas mentiras sobre el sexo”

Esto último se escribió en los años cuarenta…

“El cristianismo ha ensalzado al matrimonio más que ninguna otra religión: casi toda la gran poesía amorosa del mundo ha sido escrita por cristianos”

Continuará.

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