Obispos progres

Lo denuncia FARO:

Segovia, 20 junio 2011. FARO vuelve a tener que ocuparse de los extravíos de Ángel Rubio Castro, titular de la diócesis de Segovia, y de su curia diocesana. No, por desgracia, como excepción, sino como muestra de lo que es práctica general por parte de los miembros de la Conferencia Episcopal Española, esa especie de parlamento eclesiástico donde se diluyen todas las responsabilidades y se esparcen todas las heterodoxias.

Si no bastaba con la colaboración prestada a los mahometanos y la fraternal acogida carmelita a los masones, ahora la diócesis segoviana, informa el cuaderno de bitácora In diebus illis, entrega la iglesia del Hospital de la Misericordia a los focianos búlgaros, cismáticos y herejes. La Conferencia Episcopal, a su política intransigentemente pro inmigratoria (según la cual, los españoles no tendrían derecho a impedir la invasión progresiva de su Patria, ni –por supuesto– a defender su Unidad Católica) une su intransigente delirio ecumenista: no se intenta convertir a los inmigrantes, mahometanos, paganos o herejes, sino que se les ayuda a reafirmarse en sus errores y continuar su camino a la condenación eterna. Bien es verdad que el «catolicismo» que la CEE ofrece no resulta atractivo a nadie. En Segovia, por ejemplo, no se celebra la Santa Misa por el rito romano tradicional, ni hay perspectivas de que se haga.

Para aquellos que se han quedado satisfechos –incluyendo los cuadernos de bitácora que se atribuyeron el haber destapado un escándalo que fue denunciado, en primer lugar, por In diebus illis y por FARO– con las ambiguas reacciones de obispado segoviano y carmelitas descalzos ante el escándalo de las celebraciones masónicas en el Monasterio de San Juan de la Cruz, conviene destacar que la «convivencia fraternal» y el «seminario de formación» de la masonería anunciado para los días 24, 25 y 26 de junio (en repetición de los de años anteriores), siguen anunciándose en las páginas web de las logias convocantes.

Claro que las exhibiciones de compenetración entre supuestos católicos, incluyendo altísimas jerarquías, y francmasones están a la orden del día. Vienen a la memoria, por reducirnos al ámbito hispánico, casos recientes en Brasil, en la Argentina y en Cataluña; además de otros en diversas diócesis a los que ya se ha referido FARO en despachos anteriores. Está, por supuesto, el permanente escándalo del «Instituto de Investigación sobre Liberalismo, Krausismo y Masonería» (ILKM), en Madrid bajo la tolerante mirada de Antonio María, Cardenal Rouco Varela, y del «Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española», en Zaragoza bajo la tolerante mirada del Arzobispo Manuel Ureña Pastor; centros de propaganda y reivindicación masónica dirigidos, respectivamente, por Enrique Menéndez Ureña y por José Antonio Ferrer Benimeli, ambos jesuitas. (Pocos ejemplos como éste del suicidio de la Compañía de Jesús, que fue la congregación antimasónica por excelencia y el blanco de las iras de las tenebrosas sectas, antes del Vaticano II y del generalato de Pedro Arrupe, de infausta memoria).

Merece observarse también la creciente influencia en la sedicentemente católica Intereconomía del especulador financiero Mario Conde, masón él mismo, apologista indisimulado de la masonería y de su supuesta compatibilidad con el cristianismo.

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