Negrín, una arrogancia socialista muy poco obrera

Esa es la impresión que saco de la foto de portada del “tríptico de cuatro hojas” con el que se presentó en el 2006 la exposición “Juan Negrín (1892-1956), Médico y Jefe de Gobierno”, organizada por el Ministerio de Cultura y en la que colaboró el Ayuntamiento de Madrid, que presta el Cuartel de Conde-Duque.

Juan Negrín (1892-1956)

La foto está hecha en 1940, un año después de que Negrín perdiera la Guerra Civil española como jefe de gobierno. Sus ex-camaradas socialistas estaban entonces sufriendo la represión franquista, y los exiliados republicanos sin posibles como él estaban internados en campos de trabajo o concentración. La foto muestra que esto no le afecta: Traje de raya, chaleco, camisa blanca cuyos puños hacen contraste con el traje negro; las manos metidas relajadamente en los bolsillos, posando elegantemente. En la mirada nada de cansancio, nada de tristeza; al contrario, arrogancia desdeñosa. La foto está hecha en Nueva York, Negrín no se exilia en Moscú; no se fía de los comunistas a quien malvende un oro que no era suyo, pues era propiedad privada y no pertenecía al tesoro público.

La exposición se articula en seis partes:

I. Infancia y juventud en Canarias y Alemania. Negrín médico fisiólogo. Se refiere el folleto a su “formación universitaria en las Universidades alemanes de Kiel y Leipzig”. Redundancia aparte, queda claro que Negrín fue un burgués, que nació en una familia burguesa y que vivió una vida privada burguesa. La foto con su mujer y sus tres hijos nos lo muestra.

II. Negrín socialista. Se afilió al Partido Socialista Obrero Español. Fue diputado durante la II Republica. Dice el texto: “Se alineó con la fracción “centrista” del mismo [PSOE] que encabezaba Indalecio Prieto”. Habría que decir que Prieto era centrista porque Largo Caballero era más extremista; en realidad, el único centrista del PSOE era Besteiro, pronto arrinconado por los otros dos.

III. La guerra civil: la ayuda de la URSS y el oro de Moscú. Negín Ministro de Hacienda. Ojo al dato: “… hizo uso de las reservas de oro del Banco de España”. Ese “hacer uso” consistió en expropiar con violencia (el Cajero se suicidó) las “reservas del banco de España”, que pertenecían al banco, no al gobierno, y eran las cuartas mayores del mundo, más de 500 toneladas. “Negrín, primero como Ministro de hacienda y después como Jefe de Gobierno, propuso el envío de la mayor parte de aquellas a la URSS…”. No lo propuso, lo decidieron Negrín y Largo, sin comunicárselo al presidente del gobierno. A Azaña se lo comunicó Prieto, quien escribe “nunca lo vi tan fuera de sí”. Prieto, ministro de Marina entonces, asegura que se enteró por casualidad, al ver el embarco del oro en Cartagena. Este y Largo escurren el bulto en sus memorias, mostrando que la operación fue turbia, incluso para tiempos de guerra.

El envio del oro a la URSS hubo de hacerse en secreto para no perder definitivamente el crédito –no solo finaciero- de las democracias europeas.

IV. El jefe de gobierno que quiso Azaña. El “que quiso” apunta a la voluntad personal del Presidente dela República. Se pretende insistir en la “legalidad republicana”, tratando de encubrir que ya entonces (mayo de 1937) dependía la República de la URSS. La realidad fue otra: La URSS había decidido unificar la PCE y al PSOE, Largo se oponía, así que decidió quitarle la presidencia del gobierno. Azaña nombra a un socialista bien visto por los comunistas. La opción más lógica era Prieto, el que Azaña prefiriera a Negrin indica que sabía que quienes realmente mandaban eran los soviéticos.

Se indica que el propósito del nombramiento fue llegar a un final pactado de la guerra: “El 17 de mayo de 1937, Manuel Azaña otorgó el poder a Negrín. A su través, Azaña quiso influir en la diplomacia europea para conseguir un final pactado de la guerra”. El “a su través” no parece expresión demasiado fina para un folleto editado por el Ministerio de Cultura. Pero lo peor es que se nos diga que en 1937 se quiso llegar aun final pactado. Sin embargo, después se nos dice que “el Ejército Popular adquirió madurez y organización”. ¿Sería con vistas a negociar con “los fascistas” desde una posición de fuerza?. Los diarios de Azaña contradicen esta pretensión:

“Tiene gran confianza en sus designios, en su autoridad, afirma que la guerra durará mucho todavía (¡un año!) y que se prepara para ello”.

No parece que se tratara de buscar una salida negociada, sino de ganar la guerra.

V. ¡Resistir es vencer!: Negrín aislado. Aquí ya no se habal de negociar, se nos cuenta la versión llorona de la guerra civil. La “legalidad republicana” no tuvo otro remedio que recurrir a Stalin, ese defensor de la democracia: “A partir de 1938, la decisión de Negrín de resistir hasta hallar alguna vía razonable de acabar con el conflicto fraticida, tuvo una consecuencia imprevista: en el plano internacional, la creciente dependencia de la URRS”. No; la dependencia era total desde el momento en que Negrín, sin contar con nadie les envió el oro.

Nos cuentan que “la total identificación del PCE con la política de resistencia a ultranza de Negrín (…) produjo en el resto de las fuerzas políticas según se sumaban derrotas militares, un rechazo que acabó siendo hostilidadabierta hacia los comunistas y hacia Negrín”. Parece que utilizan la técnica curiosa culpar a los comunistas de la política de Negrin y a Negrín de la de los comunistas para acabar disculpando a los dos. La culpa, sin embargo, es de ambos; actuaban en buena sintonía política: Negrín había buscado la dependencia de la URSS enviando todo el oro.

VI. La doble derrota de Negrín: final de la guerra y exilio. La primera derrota es la derrota ante Franco. Trata de la rebelión de Casado contra la república cuando esta daba sus últimas bocanadas y de la posterior rendición sin condiciones. Se acusa a los rebeldes de “vana esperanza”, pues no obtuvieron ninguna concesión. Pero ¿qué podía esperar lo que quedaba de la Republica cuando su principal valedor había ya pactado con Hitler? Ni una palabra de eso, claro está.

La segunda derrota viene de los reproches que le hacen los exiliados. El panfleto concluye diciendo que socialistas y republicanos “no repararon en que el auténtico motivo de que la republica fuera muriendo lentamente ante un enemigo muy superior en armas, fue el abandono de la República por las democracias occidentales”. La superioridad en armas es un mito. Cierto es que con menos dinero, y muchas veces a crédito, supieron comprar mejor. Pero eso indica que las “democracias occidentales” sabían con quien se jugaban los cuartos y supieron evaluar debidamente la posibilidades de cada bando. Que no quedara otro remedio que ponerse en manos de la URSS (si es que no lo buscaron directamente) es muy significativo. Vemos también el “fundamentalismo democrático” (creer que únicamente la sociedad democrática es la sociedad política legítima) con que trabajan los organizadores de esta exposición. Para ellos las democracias occidentales tenían una obligación moral de apoyar a la república. ¡Vaya forma de escribir historia!.

Algunas cosas sobre Negrín que la exposición oculta las podéis leer aquí.

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