Lavapiés, unos disturbios que se agradecen

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Entendámonos: se agradecen desde la lógica del cuanto mejor peor. Los disturbios han puesto de manifiesto la brutalidad y violencia de esos inmigrantes negros y la maldad, irrecuperable, de la izquierda que los ha agitado: Podemitas defienden a los inmigrantes que han creado el caos en Lavapiés y culpan a la Policía Nacional de todo lo ocurrido,  Inmigrantes y podemitas se manifiestan en Lavapiés al grito de “La Policía tortura y asesina”. Bendito infarto: La autopsia revela que el fallecido en Lavapiés tenía una enfermedad congénita en el corazón.

Ni unos ni otros tienen remedio. El único provecho de estos disturbios es la posibilidad de que hayan despertado a los españoles que quieren que España siga siendo España y la casa de tócame Roque (Miles de españoles se hartan de los inmigrantes tras lo ocurrido en Lavapiés: “No respetan a España ni a los españoles”). Dudo sin embargo que les lleve a dejar de votar a la derecha cómplice por omisión o por cooperación discreta que la invasión migratoria.

Pero incluso si las imágenes de la negrada rompiendo lunas a los coches en Lavapiés no les son suficientes para cambiar su voto colaboracionista, al menos va a ser suficiente para que podamos callarles la boca ante las excusas inaceptables, el mal menor y esa blandura que, al permitir que esto siga, les convierte en cómplices necesarios.

Antonyana lo borda en LA MIERDA Y EL CLOROFORMO:

Lo peor es el cloroformo de la cobardía que anestesia a una sociedad inane y melindrosa. Es el miedo a ser anatemizado por los implacables sanedrines de la tolerancia obligatoria. Es el terror que paraliza a los enmierdados y les impide señalar a los que les están cagando encima.

En todo caso, las fuerzas del mal seguirán intentándolo: El Fondo Monetario Internacional asegura que España necesita 5,5 millones de inmigrantes para pagar las pensiones. ¿Se creerá alguien que esos manteros negros vienen a pagarles las pensiones?

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