Jesús Cacho, como siempre, tras un aceptable diagnóstico del problema, sigue recomendando “más democracia”

Cuando alguien dice que los problemas de x se resuelven con más x, es un fanático, un politoxicómano ideológico o un tontolaba. En este caso descartamos la primera y la última. La x puede ser cualquier causa progre destructiva: socialismo, feminismo, ecologismo, veganismo y por supuesto “democracia”. Es lo que hace Cacho, como siempre, en su útimo artículo: Una industria propia para enfrentar pandemias.

Palabras que sonarán ininteligibles en los oídos de un Gobierno que más parece empeñado en imponer su hoja de ruta ideológica aprovechando el confinamiento que en combatir seriamente la pandemia. Las elites francesas lamentan estos días la pérdida de estatus sufrida por Francia como gran potencia. El país industrial construido en su día por De Gaulle y Pompidou lleva varias décadas instalado en un declive inexorable, de forma que hoy está mucho más cerca del decadente Sur que del Norte eficiente. Como una consecuencia del coronavirus, Francia leva amarras de la Europa calvinista para volver a anclarse en la Europa mediterránea poco o nada amiga de la disciplina. El horizonte es aterrador para muchos países, tanto desde el punto de vista sanitario como económico. Anoche, el vendedor de crecepelo que tenemos por presidente dijo que “entramos juntos y salimos juntos como país”. En realidad, y parodiando la sentencia de Maquiavelo referida a la guerra, en el virus se entra fácilmente y casi cuando se quiere; del virus se sale con extrema dificultad y solo cuando se puede. De esta pandemia saldrá España convertida en un país más pobre, más endeudado, más cainita, con más desigualdades y más cerca en calidad democrática de la cuenca del Orinoco que de la desembocadura del Elba. Un país insignificante en el concierto internacional, cuyas esperanzas de futuro se reducen a rezar por la supervivencia de la Unión Europea. Un país obligado a luchar para conservar sus libertades.

Cacho oye campanas weberianas pero olvida de que el calvinismo es una secta minoritaria en Europa. Alemania y los países escandinavos ni son calvinistas ni lo fueron, sino luteranos. Los dos únicos países más o menos calvinistas fueron Holanda y Escocia, conocidos además de por su “eficiencia” por una tacañería patológica.

Detrás de todo esto está el típico acomplejamiento del Homo hispanicus progresista ante “Europa”. No estaría de más que leyeran algún artículo sobre los daños criminales que estos piratas calvinistas infligieron al imperio católico español, por ejemplo: Hispanidad: San Martín, Inglaterra y el oro peruano

Y sobre todo, las memorias de Humboldt tras la visita a la América hispana, que muestran que las sociedades hispanoamericanas, con mayorías indígenas y mestizas, tenían un nivel del vida, para decirlo en términos modernos, superior al de las sociedades blancas de América, no digamos de las tribus indias caídas en la mano de esos “calvinistas¨. Para hacer sabor de boca pueden leer este artículo: LA AMERICA DE HUMBOLDT – cvc.cervantes.es

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