Lo cuenta el revolucionario con esa retórica materialista que es la marca de la casa:
El gobierno chino ha decretado aumentar el control y vigilancia durante los 40 días del Ramadán centrándose especialmente en los dirigentes mahometanos recrudeciendo la prohibición de ayunar. El Partido Comunista ha pedido a los dirigentes uigures —etnia de mayoría musulmana— que «no se unan a actividades religiosas como ayunos y vigilias» así como ha prohibido a los miembros del Partido Comunista celebrar el Ramadán bajo la pena de fuertes castigos. Así mismo, coherentemente, el Estado popular chino perseguirá y expulsará a los profesores y estudiantes que llevados del delirio religioso mahometano se dediquen a actividades insanas como el ayuno.
Los representantes del Partido Comunista han respondido por enésima vez, que en la República Popular existe libertad religiosa. «Sólo que esa libertad no consiste en hacer lo que uno quiera ni en difundir cualquier tipo de culto
Los chinos tienen las cosas claras. Bien por ellos.
Deberíamos aprender de los chinos: El Ramadán atenta contra la salud pública. Reduce la productividad laboral y puede poner en peligro la vida de los que lo rodean si tiene que conducir maquinaria.