El Imperio Latino de Kojéve, primer borrador del proyecto Eurabia (y 4). Modo de constitución del Imperio Latino. [REPOSICIÓN]

IV.- Modo de constitución del Imperio Latino

Para constituir este imperio tendrán que superarse diversos obstáculos.

1. Para empezar, Inglaterra se opondrá. Kojeve propone jugar algunas cartas que llaman la atención por su actualidad. Así, propone hacer uso de una «propaganda artera en los medios liberales y, sobre todo, laboristas, tocando la tecla democrática (derecho de los pueblos a la autodeterminación, propósito de crear una organización democrática internacional) y la pacifista (mediación en el conflicto entre rusos y anglosajones)». Esto reduciría la oposición inglesa. Además, advierte que sería preferible que el Imperio Latino se llamara “unión”, “pacto” o “acuerdo”. [En efecto, se ha venido en llamar Unión Europea, antes Comunidad]

Si la oposición de Inglaterra contara con el apoyo de los EE. UU., la constitución del Imperio Latino sería aun más difícil. Aunque también hay que tener en cuenta que los EE. UU. pudieran preferir una Inglaterra más bien débil, que no controlara los recursos petrolíferos de Oriente Medio. Además, la alianza económica natural del Imperio Latino serían los EE. UU., lo que evitaría la dependencia económica respecto de Inglaterra a la que estaría abocada una Francia aislada.

Por su parte, la URSS preferirá como mal menor el establecimiento de un bloque que tratará de jugar la carta de la neutralidad en caso de enfrentamientos con el bloque anglosajón.

Kojeve analiza ahora la posible respuesta por parte de los socios del Imperio latino. En el caso de España no tiene dudas: “el Imperio no llegará a buen término a menos que se acabe con el Caudillo [español en el original] y su gobierno”. Se impone “reemplazarlo por un gobierno francófilo” favorable al imperio Latino bajo el liderazgo francés. Se trataría de buscar algún líder moderado entre los exiliados que contara con la venia del Vaticano. No es fácil, dice Kojeve, pero no hay que rechazar que algún día la Curia se entusiasme con el proyecto “a condición, va de suyo, de que el Imperio garantice las finanzas vaticanas”.

Cuenta con que la idea gustará también en Italia, tras el visto bueno Vaticano igualmente. Incluso la anglófila Portugal acabará por participar. En cuanto a América Latina, aunque queda distante, se sentirá más atraída por el imperio que por estas cuatro naciones-estado separadas.

2. El mayor problema para la constitución del imperio está en la propia Francia. En primer lugar, por el prejuicio antilatino. En segundo lugar por el “quietismo” político y económico de sus clases dirigentes. Habrá que superar además la tradición “nacionalista” de esta clase política. También, se da una coyuntura política poco propicia: división en derecha e izquierda [tan poco adecuada para el gobierno de un imperio], grupos parapolíticos como los católicos y la Resistencia, presencia de partidos demasiado intransigentes ideológicamente, como comunistas, radicales…

Hay que tener en cuenta además la presencia de una personalidad política de primera magnitud, el general De Gaulle. Para Kojeve, “la mejor solución sería la “conversión” del General a la idea del Imperio Latino”, que habría de efectuarse “a través de una serie de conversaciones prolongadas, realizadas fuera del alcance del rumor público”. [Una vez más nos encontramos con otra de las formas de proceder de la estrategia Eurabia: la actuación reservada de unas élites políticas que no responden ante la ciudadanía]. En todo caso, como el resultado es incierto no deberían ponerse todos los huevos en esa cesta.

Se repasa la forma de actuar en relación con el partido comunista (a través de Moscú, por supuesto); y con la Resistencia, que se define como un “movimiento monopolizado, debido a la fuerza de las circunstancias, por elementos básicamente nihilistas llamados “intelectuales de izquierda”, para los que el inconformismo tiene un valor absoluto”. Buen diagnóstico, con una receta a la altura de las circunstancias: “habrían de ser restringidos la ámbito literario que les pertenece, y del que han escapado solo por un azar de la historia”. Propone contar también con los elementos útiles del régimen de Vichy, pues “el estado siempre puede hacer buen uso de un hombre capaz de llegar al límite en el cumplimiento de sus cometidos, incluso de los equivocados”. Por el contrario, los hay irrecuperables, como el Partido Socialista Radical.

Además, hay que ganar para la causa a los empresarios, ya que se trata de reunir a la élite política de los elementos “constructivos” con los capitalistas, para conseguir elevarse por encima de la división Izquierda – Derecha.

3. El imperio necesita de unos cimientos económicos adecuados. Se trata de explotar los recursos de las metrópolis y sus colonias. Habría un punto débil, la carencia de combustible sólidos, el carbón, que por entones era tan importante como el petróleo.

Las cuentas de la vieja de Kojève parecen algo ridículas en este punto. Según él, se trata de prohibir a Alemania la importación de minerales de hierro, para forzarle a comprar a Francia el metal, a cambio de carbón. Además, Francia se anexionará el Sarre (retuvo a este pequeño estado alemán, de hecho, hasta 1959), expulsando a la población nativa. También se le prohibirá fabricar ácido sulfúrico, por lo que debería comprar los fosfatos para la agricultura, de nuevo a cambio de carbón. En resumen, “Alemania será la mina de carbón del imperio latino”.

Kojeve rechaza remediar el deficiente sector privado francés con medidas generalizadas de nacionalización industrial. El estado no debe de dirigir ni estimular la economía, aunque debe prohibir la inversión en el extranjero y dirigir las “maniobras financieras de una área latina basada en el franco, opuesta a los bloques del dólar, la libra y el rublo”.

4. No se puede emprender toda la inversión económica y política de este proyecto sin contar con la Iglesia Católica, “un poder inmenso, aunque difícil de calcular y más aun de involucrar”. El catolicismo es un aspecto diferencial de Francia y de los latinos en general, por lo que es natural que se coordine la acción imperial –catolicismo secularizado- con el catolicismo de la Iglesia y del Vaticano.

Pero para ello es necesaria una profunda transformación de la Iglesia católica, en especial de sus ramas italiana y española. “Es necesario desitalinizar el Vaticano, pero sin abrirlo a la influencia norteamericana. Para ello, Francia primero y después el Imperio Latino, deben proveerle de los medios materiales para su funcionamiento, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. El Vaticano debe superar su desconfianza respecto de la iglesia francesa. De esta forma podría superar las divisiones introducidas en la iglesia por los estados-nación, en línea con el pensamiento católico, es decir, universal.

Se superaría también la división Iglesia – Estado propia del régimen liberal, pero no volviendo a una situación prenacional, sino evolucionando a una realidad postnacional. Además, cada una de las partes de la Cristiandad, dividida en tres, necesita de su correspondiente proyecto imperial. Hay que entender los imperios como formaciones intermedias entre la Humanidad y la Nación. Si las iglesias protestantes son las propias del Imperio Anglosajón y las ortodoxas del Imperio Eslavo-soviético, la Iglesia Católica no puede resistirse por mucho tiempo a participar en el Imperio Latino.

En efecto, la Iglesia Católica necesita asentarse materialmente sobre un imperio sin el cual no puede sobrevivir. La propia Iglesia se dará cuenta de que los tiempos de acuerdos con las naciones-estado han sido superados. Sin embargo, no se trata de domesticarla hasta los extremos de las iglesias protestantes y ortodoxas, la Iglesia Católica debe continuar católica en sus aspiraciones, es decir, universal.

Por otra parte, “el catolicismo del Imperio Latino le permitirá ser imperial sin convertirse en imperialista”; además, este imperio le podría ayudar a convertirse en la iglesia universal y única mediante los acuerdos con los otros imperios.

En el último párrafo del Esbozo resuenan los temas de “el fin de la historia y el último hombre”, incluso de las “civilizaciones” de Huntington: “la unión auténtica de las iglesias presupone la unificación real de la raza humana y esa unificación no puede suceder sin ese paso de la evolución histórica que lleve a un período de uniones de tipo imperial y de concentraciones nacionales sobre una base “confesional”. Solo tras atravesar ese período y superarlo puede la humanidad alcanzar el estado final de unidad que le permitirá la eliminación de los conflictos políticos, económicos y sociales. Y solo así se podrá saber si esa etapa final de futuro indefinido corresponde a un humanismo no religioso predicho por algunos o al Cristianismo católico. Esta universalización de la catolicidad es precisamente la única razón de ser del catolicismo, que ha engendrado, entre otras cosas, el mundo latino.

Se trataría por tanto de una nueva formulacion del lema del nacional-catolicismo: De “Por el Imperio hacia Dios” se pasa a “Por Dios hacia el Imperio”. Aunque ¿no serían ambas expresiones dos caras de la misma moneda?:

Pues bien, básicamente existen historiográficamente dos modos de interpretar el significado histórico de ambas instituciones [la Inquisición española y el Real Patronato] en cuanto instituciones modernas:

a) Un modo, que vamos a llamar «ilustrado», según el cual ambas instituciones son consideradas como un lastre medieval que le impiden a España «ingresar en el mundo moderno» en cuanto que la política del Imperio español es «sirvienta» de la teología dogmática, siendo ambas instituciones el signo más destacado de tal servidumbre: la política imperial queda subordinada a la teología dogmática –regulada por el «poder espiritual» cuya cabeza es el Papado–, lo que quedaría recogido en la divisa «por el imperio hacia Dios».

b) Otro modo, vamos a llamar «maquiavélico» (o, si se quiere, «galicano»), según el cual se considera que ambas son instituciones instrumento de la política imperial («por Dios hacia el imperio») de tal modo que es el «poder espiritual» el que queda subordinado a la «ratio imperii». Siendo esto así habría que admitir desde esta perspectiva que la dialéctica Iglesia-Estado esta vez, a diferencia del medievo (derrota de los Hohenstaufen frente al Papado unido a las ciudades italianas, &c.), se resuelve en favor del Imperio, del español en este caso.

Aquí está la colección completa:

El Imperio Latino de Kojéve, primer borrador del proyecto Eurabia (1). Presentación

El Imperio Latino de Kojéve, primer borrador del proyecto Eurabia (2). La superación del Estado-Nacion tras la SGM. Lecciones para Francia.

El Imperio Latino de Kojève, primer borrador del proyecto Eurabia (3). Francia y el Imperio Latino.

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