Lords of finance. Los banqueros que hicieron quebrar al mundo (4): Los años 20 y la crisis del 29

Continúo con esto: Lords of finance. Los banqueros que hicieron quebrar al mundo (2): Los años 20 y la crisis del 29

La quinta parte del libro se titula Aftermath, Los años siguientes.

El capitulo 21 se centra en el abandono del patrón oro los por los EE. UU.

En cuanto llega al poder, Roosevelt prohíbe la exportación y la acumulación privada de oro. Monetizó todas la deuda pública (muy pequeña), doblando la oferta monetaria de golpe. Otra curiosidad:

“A las diez de la noche de domingo 12 de marzo, Roosvelt dio la primara de sus conversaciones al fuego de la chimenea por la radio…”

El primer precedente conocido del Aló Presidente.

El caso es que funcionó, al lunes siguiente, se recuperó el optimismo, y el publico volvió a depositar su dinero en los bancos. En los tres meses siguientes, los precios subieron un 45% y bolsa un 100%. Fue el fin de la deflación y el comienzo de la recuperación.

Para Francia esto fue un desastre, porque revaluó indirectamente el franco, haciendo que sus productos no fueran competitivos.

Una semanas mas tardes se inaugura la Conferencia Económica Mundo en Londres, planeada anteriormente. Acabo en un fracaso concreto.

En octubre de 1933, aunque el dólar se había devaluado un 30%, los precios empiezan a bajar otra vez, Roosevelt se toma nueva iniciativas para devaluar el dólar: comprar oro en el mercado:

Todas la mañanas a las nueve, Morgenthau, Jesse Johnes, the head of the RFC y George Warren se reunían con el presidente que estaba desayunado sus huevos pasados por agua, para fijar el precio del oro. Empezaron a 31,36 dólares la onza, La siguiente mañana subieron a 31,54, después a 31, 76 ya 31,82. Nadie sabía como fijaban el precio, aunque daban por descontado que harían algún analizáis consumado de los mercados de oro y de divisas. Lo cierto es que la elección del precio se hacía a voleo. Trataban simplemente de que le precio fuera más alto que el del día anterior”

El capitulo 22 muestra la internacionalización de las políticas monetarias, con la Segunda Guerra Mundial de por medio.

En junio de 1933, Francia y Gran Bretaña, reconociendo que era imposible exprimir dinero de Alemania, acordaron formalmente, renunciar a las reparaciones. Habían empezado pidiendo 32 miles de millones de dólares, lo rebajaron a 12 y llegaron a cobrar 4.

En agosto, los nacionalsocialistas se hacen con 230 escaños. Atención a esto (p. 481):

“Hitler, que mostró poco interés en los asunto económicos, tenía dos objetivos principales: combatir el desempleo y encontrar dinero para rearmarse”.

Pues en mi opinión, el desempleo es un asunto económico.

“[Schacht] se embarcó en un programa masivo de obras publicas financiado mediante crédito del banco central y la impresión de dinero. Un experimento notable  de los que llamaría posteriormente política economica keynesiana… El desempleo cayó de los seis millones al final de 193¡6 a millón y medio cuatro años mas tarde”

El auto, sin embargo, desvalora estos logros.

Schacht fue destituido por Hitler, que le dio un puesto nominal de ministro sin cartera. Fue detenido y juzgado en Nuremberg, aunque absuelto.

Ras la guerra Keynes trabaja en la creación de un sistema monetario internacional y un banco central mundial (p. 491). Se trataba de crear un sistema basado en reglas, como el del oro, pero evitando sus rigideces, ajustable cunado la situación economica de los países así lo aconsejara. Para evitar la escasez crónica de reservas de oro, se crearía un Banco Mundial (así se llama) que prestara dinero a los países en que lo necesitaran temporalmente.

Se llama acuerdo de Bretón Woods, pero es solo la versión moderna de la historia bíblica de la Torre de Babel, de varios miles de años de antigüedad. Veremos en qué acaba, está en las últimas vueltas.

Los protagonistas del nuevo orden mundial monetario fueron Keynes por la parte británica y un comunista de origen lituano y etnia judía que espiaba para la Unión Soviética (p. 493)

“Ayudó a la causa comunista en China retrasando los pagos de la ayuda americana a Chiang Kai Chef, e consiguió que le gobierno americano suministrara a los soviéticos una copia de las planchas de impresión de la moneda que se emitiría en la Alemania ocupada”

Curiosamente, aunque fue descubierto murió de viejo. Su jefe Morgenthau también era de la misma etnia. No dan puntada sin hilo. Esto cuenta la Wikipedia de White:

The committee also heard testimony by Henry Morgenthau’s speechwriter, Jonathan Mitchell, that White had tried to persuade him that the Soviets had developed a system that would supplant capitalism and Christianity.

El libro acaba con un Epílogo, que muestra los paralelismos de la crisis del 29. El desplome de la bolsa del 29 se compara con el pinchazo de la burbuja del dot.com en el 2000. En ambos casos , se bajan los tipos de internes. La crisis bancaria del 31-33 se la compara con la de 2007-8. La diferencia está en que en este caso las autoridades monetarias están inundando el mercado de dinero. Se ha evitado la catástrofe, pero queda el riesgo de la hiperinflación.

El autor cierra el libro aventurando una explicación de la Gran Depresión. La culpa recae primero en los políticos, por el Tratado de Versalles que carga a un país de deudas, cuya renegociación haría que se consumieran muchas energías. Después en los gobernadores de los nacos centrales, por su decisión de encadenar sus divisas al patrón oro, pero sobre todo en la “falta de voluntad  intelectual” (a failure of intelectual will). No sé que querrá decir esa mezcla de las dos facultades. Se pone a Keynes por la nubes (p. 504):

“Creía que si pudiéramos eliminar nuestra confusión en asuntos económicos, la sociedad podría hacer que la gestión de su bienestar material pasara a segundo plano a favor de lo que el consideraba los asuntos centrales de la existencia, los «problemas de la vida y las relaciones humanas, de la creatividad, la conducta y la religión»”.

Lo dicho, alcanzar el fin de la historia. No caerá esa breva.

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