90 aniversario de la liberación del Tibet por China (2)

Parece ser que algunos no os lo creísteis:

El sistema de la servidumbre feudal del viejo Tíbet era aún más oscuro y atrasado que la Edad Media en Europa [eso es un mito, fue un tiempo de progreso]. Los tres tipos de señores propietarios –los gobernantes locales, aristócratas y monjes de alta categoría de los monasterios– que representaban apenas un 5 por ciento de la población tibetana, ocupaban todas las tierras cultivadas, los pastizales, los bosques, las montañas y los ríos, así como la mayoría de los ganados del Tíbet. Mientras tanto, los siervos y los esclavos, que eran el 95 por ciento de la población tibetana, no contaban con tierras cultivadas ni con otros medios de producción, no tenían libertad personal y se veían obligados a subordinarse a los señores propietarios para ganarse la vida, trabajando en sus latifundios o sirviéndoles como esclavos familiares generación tras generación. Eran víctimas de la triple explotación, que les imponían servicios obligatorios, impuestos y arriendos y préstamos con usura, y vivían al borde de la muerte. Según estadísticas incompletas, sólo el Kasha, gobierno local del viejo Tíbet, recaudaba más de 200 tipos de servicios obligatorios e impuestos. Los servicios obligatorios que los siervos prestaban al Kasha y a los latifundistas, ocupaban más del 50 por ciento de su trabajo anual y en algunos casos, dicho porcentaje se elevaba al 70 u 80 por ciento. Más del 60 por ciento de los campesinos y los pastores se encontraban agobiados por pesadas deudas de usura.

El Código de Trece Artículos y el Código de Dieciséis Artículos que regían en el viejo Tíbet, clasificaban a las personas en nueve categorías de tres clases políticas y sociales, y en forma legal consagraban y defendían la desigualdad personal en la posición social y política. Estos códigos establecían en términos inequívocos lo siguiente: La vida de las personas superiores de la primera categoría equivalía al peso de su cadáver en oro. Por otra parte, la vida de las personas inferiores de la última categoría no valía más que una soga de paja.

Según las estadísticas, en la reforma democrática se distribuyeron entre los siervos y los esclavos más de 2,8 millones de ke de tierra. En 1960, año en que se completó de manera inicial la reforma democrática, la producción cerealera del Tíbet subió 12,6 por ciento con respecto al año anterior, y 17,7 con relación a 1958, año anterior a la reforma democrática. Los ganados aumentaron 9,9 por ciento en comparación con 1959.

En 2000, el PIB de la región autónoma llegó a ser de 11.746 millones de yuanes, duplicando el de 1995, y cuadruplicando el de 1990, o sea, más de 30 veces que el nivel de antes de la liberación pacífica. La estructura económica ha venido racionalizándose. En el PIB, el porcentaje del sector primario bajó del 99 por ciento de hace cincuenta años al 30,9 por ciento, y el porcentaje de los sectores secundario y terciario ascendió hasta el 23,2 y 45,9 por ciento, respectivamente.

Hasta el año 2000, en la región autónoma se habían construido 401 centrales eléctricas de diversa índole, con una capacidad instalada de 356.200 kilovatios, que generaban anualmente 661 millones de kilovatios/hora. Se presenta una diferencia abismal frente a la situación de antes de la liberación pacífica, situación en que había una sola pequeña estación eléctrica de 125 kilovatios, que servía únicamente a los pocos nobles de la capa superior y funcionaba de modo intermitente.

En el viejo Tíbet no existía ninguna escuela, tal como se considera en la actualidad a éstas. Los monasterios monopolizaban la educación. Aproximadamente, sólo el 2 por ciento de los niños en edad escolar podían ir a la escuela. El analfabetismo entre los jóvenes y adultos estaba por encima del 95 por ciento. Hoy en día, la educación se ha generalizado entre la población. La masa popular disfruta del derecho a la educación, y en ella el Estado invirtió grandes fondos. En la Región Autónoma, se ha formado un sistema educativo relativamente completo, que comprende la educación general, la infantil, la de adultos, la profesional y la especial. En el año 2000, en la región había 956 centros docentes de diversos tipos, con 381.100 estudiantes. El ingreso a las escuelas se elevó al 85,8 por ciento entre los niños en edad escolar. El analfabetismo bajó al 32,5 por ciento. Un total de 33.000 personas recibieron educación universitaria, cifra que representa un 12,6 por cada mil tibetanos, porcentaje mayor que el promedio nacional. El Tíbet cuenta con sus propios licenciados y doctores y también tiene un buen número de especialistas y eruditos de renombre nacional.

El Estado dedicó más de 55 millones de yuanes a la reparación del Palacio Potala, que duró más de 5 años y fue la reparación más costosa y grandiosa durante varios siglos de existencia del Palacio. En la actualidad, en el Tíbet hay 1.787 monasterios o lugares de culto religioso, y más de 46.000 monjes o monjas internos. Se celebran normalmente las importantes fiestas y actividades religiosas. Todos los años, más de un millón de creyentes peregrinan a Lhasa para venerar al Buda y quemar inciensos. Los tibetanos conservan todavía sus modos y estilos tradicionales de vestir, la comida y la vivienda. Sobre esta base, han asimilado también muchas costumbres civilizadas y modernas en cuanto al vestir, la comida, la vivienda, los viajes, las bodas, los entierros, &c., enriqueciendo su propia vida.

No justifica los excesos, pero creo que pocos tibetanos pueden decir que hayan ido a peor.

Marcha del Tíbet hacia la modernización.

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