Otra reseña del libro “Por qué dejé de ser de izquierdas”

La leo en el Catoblepas (El mito de las dos Españas) y me confirma en el que dije aquí: Por qué dejé de ser de izquierdas (pero no del todo). Unos párrafos:

Ellos nos cuentan cómo ingresan en diferentes partidos y nos hablan de los existentes en esos momentos{9}: PCE (Partido Comunista de España), OMLE (Organización de Marxistas Leninistas Españoles), PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña), PCE-i (Partido Comunista de España Internacional), PTE (Partido del Trabajo de España), PCE-r (Partido Comunista de España reconstituido), MC (Movimiento Comunista), LCR (Liga Comunista Revolucionaria), ML (Marxistas Leninistas), FRAP (Frente Revolucionario Antifascista Patriótico), PCE m-l (Partido Comunista de España marxista-leninista), PSAN (Partit Socialista d´Alliberament Nacional dells Paisos Catalans), UPG (Unión Pueblo Gallego), PCPE (Partido Comunista de los Pueblos de España), PCC (Partido de los Comunistas de Cataluña). No obstante, a pesar de esta plétora de partidos, el partido realmente existente de oposición al franquismo durante la existencia del mismo (no a toro pasado) es el PC («el Partido»).

Nuestros protagonistas comienzan a militar en los partidos clandestinos en su juventud e incluso en su adolescencia (como Juan Carlos Girauta que se enrola en la Marcha de la Llibertat en el verano de 1976 a los quince años). Casi todos ellos coinciden en que sus ideales eran los de libertad, igualdad y justicia, y éstos encajaban perfectamente en la lucha de clases del marxismo. Es más, era la única solución donde podían realizarse estos principios. Por eso, a la muerte de Franco creen que va a haber una revolución y a instalarse un régimen comunista. Cuando ven que esto no ocurre, y que se pasa pacíficamente del régimen franquista a una democracia coronada (una democracia burguesa) bajo la fórmula «de la ley a la ley» o la expresión tan célebre de Clavero (al margen de si fue realmente así o no) de «café para todos», se desata en muchos de ellos una «crisis existencial» y se sumergen en depresiones (que cada uno supera como mejor puede -Cristina Losada, por ejemplo, se dedica a viajar y a desentenderse de temas políticos-). Fruto de este trauma comenzarán a ver a las distintas generaciones de izquierdas como el demonio; el nuevo enemigo con el que luchar tras haberlo hecho con el franquismo (esta interpretación psicológica no quita para que analicemos sus ideas sobre la Derecha y la Izquierda en la actualidad, y las consideremos como oscuras, simplistas, o sencillamente metafísicas).

Casi todos coinciden en que la solución o el antídoto a la izquierda es el liberalismo (que tal como lo entienden muchos acaba confluyendo en muchos puntos con el anarquismo). Si entendieran por liberalismo la libertad de que en un medio de comunicación propiedad de la Conferencia Episcopal Española como la COPE pueden tener libertad para hablar tanto un agnóstico (Federico), como un ateo (Albiac) o como un evangelista (César Vidal), pues vale. Pero la cosa es mucho más oscura y complicada. Se denominan liberales, pero ¿qué quieren decir con ello? Veamos lo que nuestros protagonistas dicen al respecto.

Os invito a que leáis eso en el artículo directamente. Pues eso, dejaron de ser de izquierdas, pero no del todo. En cualquier caso, me pregunto cuántos hijos juntan entre todos ellos.

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