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Muere Raúl Reyes, considerado el actual jefe de los terroristas de las FARC

Una buena noticia. Mientras, Chávez toca la tecla humanitaria, Uribe les da a los terroristas el golpe más duro que han recibido en su historia. Por cierto, Sarko sigue a lo suyo:

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, mas preocupado por ganar popularidad con la liberación la colombo-francesa Ingrid Betancourt, llamó a “todas las partes implicadas” a hacer prevalecer “las consideraciones humanitarias” y facilitar los esfuerzos a favor de la liberación de los rehenes en Colombia, tras la muerte del portavoz de las FARC.

Me esta empezando a repugnar más que Zapatero, y no solo a mí. Aviso a los peperos: Gallardón es de la misma pasta.

La venganza de Hitler

Traduzco un párrafo de este artículo de Fjordman que reseña el libro de Diana West, The Death of the Grown-Up: How America’s Arrested Development Is Bringing Down Western Civilization. El párrafo, sin embargo, pertenece a Laurence Auster:

Al considerar que el auténtico mal del nazismo estuvo en la supresión de la tolerancia liberal y no en la supresión de la ley moral entendida en términos tradicionales, el liberalismo de posguerra se dedicó desmantelar todos los particularismos habituales de sus propias sociedades (incluida la idea de patria) con vistas a impedir el resurgimiento del nazismo. Así nació “la corrección política” que considera que cualquier el rechazo del otro -y por tanto, el apego a lo nuestro- equivale al nazismo.

Esta es una de las consecuencias no previstas del marxismo cultural de la escuela de Frankfurt. Los judíos Adorno y Horkheimer con su crítica marxista del nazismo y su denuncia del “rechazo del Otro” han abierto las puertas a este desastre. No es una simple casualidad que en el 69 Adorno dejara la universidad tras ser ridiculizado por las estudiantes a que había dado munición; el abuelo ya no servía y acabó siendo un juguete roto. Era solo el comienzo. Diana West: Hitler’s Revenge

El parecido físico con el “Caudillo” es pura coincidencia.

Una de mapas. Islam, corrupción, tiranía, demografía y otras cosas

Con ustedes los países más corruptos del mundo.

Los menos libres: Donde hay musulmanes (o comunistas) no hay libertad.

Londres: La espantá de los “blancos”, o [lo que es lo mismo] la invasión “de color“. Aquí os lo pongo:

 

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Distribución confesional de Norteamérica.

La Francia autonómica. También os lo pongo, que es muy colorido:

 

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Hola, soy la niña de Rajoy

Dicen que es el mejor SMS de la campaña electoral:

“Hola, soy la niña de Rajoy. Aunque mis padres se han desvivido por mí, ni he estudiado ni sé hacer la o con un canuto ni falta que me hace. Gracias a la ley de paridad soy concejala de Cultura y aspiro a ministra. Ayúdame. Vota PSOE. Pásalo”.

Tiene su gracia. Y como estamos que lo tiramos, dos teutonas de propina.

El vicepresidente del Partido Laborista apoya excluir a los candidatos blancos de algunas circunscripciones electorales

De ocho en concreto. No, no es broma:

White candidates should be barred from standing for Parliament in up to eight constituencies in order to get more black and Asian MPs elected, says a controversial report commissioned by Labour’s deputy leader, Harriet Harman.

Prefiero no comentar.

Political Apartheid in Britain: “White Candidates Should Be Barred”

Paul Johnson: Una historia de los judíos. Nacimiento del sionismo.

En 1895 tuvo lugar la ceremonia de degradación pública de Dreyfus, un oficial judío injustamente acusado de espía. Puso fin a la ilusión judía sobre la posibilidad de asimilación en Europa. Incluso las liturgias se estaban empezando a parecer. Los rabinos se vestían en la sinagoga de forma muy similar al sacerdote católico y había muchas ceremonias equivalentes (p. 381).

Sin embargo, resurge el racismo, que tiene tres apoyos. El primero es el “científico”, que clasifica a las razas en inferiores y superiores. Las razas semíticas se consideran inferiores a las caucásicas. El segundo es la envidia, ante el éxito de los judíos en los negocios y en el ámbito académico. El tercero el religioso. La Iglesia Católica “necesitó un enemigo” y produjo tres: protestantes, judíos y masones. [Aquí me hace gracia Johnson. Como que la iglesia no hubiera sido realmente atacada en Francia y en toda Europa durante el s. XIX por protestantes y masones] (p. 383) Además, la persecución en Rusia hizo que llegaran a Francia 120.000 refugiados judíos. Haciendo visible “la cuestión judía”.

El caso Dreyfus conmocionó la vida pública de Francia durante un decenio. Puede parecer exagerado. La condena injusta de un inocente (lamentable en todo caso) nunca debe de llevar a semejantes extremos. Por supuesto, si sucedió fue porque fue utilizado por terceras personas (Clemenceau) para sus propósitos políticos. Es decir, el caso es la punta de un iceberg de propaganda política. En particular, desató una furibunda campaña contra la Iglesia. Acabaría también institucionalizando el antisemitismo en Francia (p. 390). La Wikipedia tiene bastante información sobre el caso (no la avalo, ni la he leído).

Empezó a acusarse a los judíos de hacerse con la cultura nacional. En Francia, Gide lamentaba que los judíos escribieran en francés. En Viena la aportación judía a las artes y las letras era aún más impresionante. Se les empieza entonces, por ejemplo en Alemania, de envenenar la cultura nacional con su cosmopolitismo. Aparecen diversos movimientos medievalistas, ruralistas… antecesores de los actuales ecologistas (p. 394)

Teodoro Herzl, el creador del moderno sionismo, presenció todos estos sucesos, incluida la ceremonia de degradación de Dreyfus. Al final del siglo publica Der Judenstaat (La nación judío), en el que propone que se conceda a los judíos un pedazo de tierra en el que establecerse, no necesariamente Israel. La idea no fue bien recibida por la comunidad judía, especialmente en el oeste. Sin embargo, entre los judíos pobres del este se convirtió en un mito. (p. 398)

Sus seguidores se reunieron públicamente por primera vez en Basilea el 29 de agosto de 1897, en el llamado Primer Congreso Sionista. El movimiento cuajó. Herzl fue recibió por los principales actores políticos de Europa, incluidos notorios antisemitas, contentos de poder enviar sus judíos a otro país. El emperador alemán apoyó el establecimiento en Palestina, peor no se pudo convencer al turco. Se recurrió a Gran Bretaña (p. 401)

En Gran Bretaña las élites eran favorables al proyecto. El asunto clave era decidir dónde. Se pensó en sitios como Uganda, pero fueron rechazados. Los sionistas se decantaron por Israel, su tierra histórica.